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Entendiendo qué es relevante

Dos notables acontecimientos ocurrieron en un mismo día. Uno de ellos, el terremoto de 7.0 en Alaska, recibió gran atención, ya que nunca en nuestra historia reciente se había experiementado un sismo de tal magnitud y que durara tanto tiempo (90 segundos aproximadamente) en dicho estado. Los residentes de Anchorage y casi todo el territorio de Alaska están acostumbrados a movimientos telúricos, pero este los dejó más que alarmados, sin mencionar los millonarios daños de infraestructura y a la propiedad.

Sin embargo, más significativo todavía, es el terremoto de baja intensidad (3.8) que el mismo día, a escasas horas de diferencia, impactó a Buenos Aires, Argentina, y que se sintió hasta Uruguay y Brazil. Es de notar que el terremoto ocurrió el viernes 30 de noviembre, mientras que en la misma ciudad se llevaba a cabo la cumbre de dignatarios del G20. La razón de lo significativo de este terremoto en particular es que Buenos Aires es considerada una ciudad antisísmica, y no había sido impactada de manera significativa anteriormente, al menos no desde 1888 (5.5) y 1977.

Considerando los extraños acontecimientos que nos rodean en todos los ámbitos, creo que no es difícil entender que toda la humanidad se encuentra en un estado de inusual aprehensión. Incendios, terremotos, huracanes con sus consecuentes inundaciones, tsunamis, son sólo algunos de los muchos desastres naturales que están azotando a nuestro planeta cada año con mayor frecuencia e intensidad. Ejemplo de esto son los incendios que acaban de devastar California. Apenas el año pasado los incendios producidos en este estado habían roto todos los récords de su historia. En 2016 se había dicho lo mismo, y este año, nuevamente los récords anteriores fueron ampliamente superados.

A esto podemos sumar la terrible inmoralidad en nuestra sociedad, la desintegración de las familias, el crímen, la corrupción comenzando desde los mismos gobernantes, los ataques contra los inmigrantes, las caravanas de miles de familias escapando de la violencia, la pobreza y el hambre en países alrededor del mundo, incluyendo Latinoamérica, los accidentes automovilísticos, ferroviarios, de embarcaciones y aviones, la proliferación de enfermedades cada vez más perjudiciales y desde edades más tempranas, y muchas otras cosas sobre las que podría elaborar por páginas y páginas. Todo muestra a las claras que la humanidad entera y este mundo se están auto-destruyendo rápidamente y que algo de proporciones catastróficas está a punto de suceder.

Como cristiano y firme creyente en las enseñanzas de la Biblia y las claras predicciones hechas por los profetas y el mismo Jesucristo, no puedo evitar mirar con la mayor sobriedad y preocupación que todas estas cosas fueron predichas como la antesala de su regreso a la Tierra y del fin del mundo como lo conocemos.

El apóstol San Pablo nos advirtió “que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” (1º Tesalonicenses 5:3).
Es extraordinario notar dos cosas muy significativas en relación a estas pa-labras. El 28 de septiembre se llevó a cabo, también en Buenos Aires, un foro de líderes religiosos de los mismos países del G20 (las 20 mayores potencias del mundo), con invitados extraordinarios como el Secretario de las Naciones Unidas, el portugües António Guterres.

El Foro Inter-religioso G20 fue inaugurado con la presencia de la vicepresidente de Argentina, Gabriela Michetti, y con un mensaje del papa Francisco. Por espacio de tres días, unos 150 líderes y referentes de distintas tradiciones religiosas y de asociaciones basadas en la fe debatieron un amplio temario orientado a definir el aporte que la religión está llamada a hacer en materia de “desarrollo justo y sostenible” y de un “futuro digno” para la humanidad: el porvenir del mundo laboral, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, la trata de personas, la necesidad de una nueva arquitectura financiera internacional, la defensa de la libertad religiosa y la relación entre ética y economía.

La presencia de un abanico muy plural de líderes de todos el mundo (con representación de cristianos católicos y protestantes, musulmanes, indúes, budistas, entre otros) convirtió a Buenos Aires en “la capital del ecumenismo”, en palabras de uno de los organizadores del Foro.

El Secretario de la ONU destacó que “Enfrentamos una situación difícil y extrema. Es claro que la realidad es más dramática que nuestros pronósticos iniciales. Las cosas están peor de lo que esperábamos. Esto debe ser tomado en serio por la comunidad internacional.” Los líderes del mundo, que posiblemente poco o nada conocen de las claras profecías de la Biblia, están entendiendo que vivimos un momento “difícil y extremo”.

Sin embargo, tal vez lo más significativo que quie-ro resaltar es que durante sus declaraciones, en una media docena de ocasiones, el Secretario Guterres citó la necesidad imperativa de cambiar el rumbo actual del mundo, con el fin de lograr la “paz y seguridad” que nos permitiría sobrevivir más allá de los próximos dos o tres años. ¡Las mismísimas palabras citadas por Pablo hace casi dos mil años atrás que serían dichas antes de la destrucción repentina!: “Paz y seguridad”.

Quiero también resaltar la segunda parte de lo dicho por el apóstol Pablo: “…vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” La analogía entre los acontecimientos finales y los dolores de la mujer antes de dar a luz es significativa. Los dolores antes del alumbramiento son cada vez más frecuentes y más intensos. Exactamente lo que estamos viendo con los desastres naturales, cada vez más frecuentes, cada vez más intensos, rompiendo récord tras récord, como mencioné acerca de los incendios en California, a forma de modesto ejemplo.

Notemos las palabras de Jesús: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.” (Mateo 24:6, 7). El levantamiento armado de nación contra nación y reino contra reino, ya ha ocurrido en la primera y segunda guerras mundiales, ¡dos veces! a manera de confirmación de esta profecía. Y luego serían seguidos de “pestes, hambres y terremotos”, como ejemplos de los muchos tipos de desastres que continuarían azotando al mundo.

Si leemos las profecías de Jesús en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 acerca de su regreso, no podemos menos que quedar asombrados al notar su extraordinario cumplimiento, que estamos viviendo precisamente en nuestros días.

Tras dar una larga serie de señales de su segunda venida, el Señor Jesús dijo: “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.’ (Lucas21:31-33). Todo ocurrirá durante la vida de una msima generación, la última generación de seres humanos en este mundo, indudablemente, nosotros.

Entiendo que mis palabras puedan parecer un tanto alarmistas, y debo reconocer que lo son, porque el estado de cosas que estamos viendo lo ameritan ampliamente. Pero hago esta sencilla pregunta: ¿Creemos que la Biblia es la palabra de Dios, fiel y verdadera, o no? ¿Creemos que las profecías de la Biblia, dadas con la mayor claridad y precisión por los grandes profetas, los apóstoles y por Jesús mismo, el Hijo de Dios, son ciertas y verdaderas, o no? Estas son preguntas fundamentales que debes hacerte, que todos debemos hacernos.

YO sí lo creo. Y si efectivamente creo que la Biblia es la Palabra y la revelación de Dios, y que éste, como Creador del universo y de este mundo, tiene un conocimiento claro y preciso de las cosas que él mismo ha determinado que ocurran, y cuándo éstas deban ocurrir, sería entonces irresponsable de mi parte ignorar y no poner atención a sus claras advertencias.

Me sorprende y deja consternado ver la falta de interés en la gente por la Biblia, y por lo que en ella Dios quiere comunicarnos, para evitar caer en la desgracia en que ha de ser sumida prácticamente toda la humanidad.
Extraordinariamente, aún en esto se cumple lo predicho por Jesús: “Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (S. Mateo 24:38, 39).

El Hijo de Dios sabía que en estos días la mayoría estaría muy ocupada con la moda, el romance, los negocios, las comidas, los entretenimientos, el internet, y hasta la misma familia, que no dejaríamos ni un rato al día, o siquiera a la semana, para ocuparnos en conocer a Dios a través de un estudio serio de la Biblia, y saber cuál es su plan para este mundo, para tí, y para tu familia. ¿No te parece esto increíble? ¿Saber que en la Biblia encuentro la respuesta a estos y muchos otros interrogantes, y no decidir dedicarle siquiera una o dos horas al día, o por lo menos a la semana, a aprender de ella y aprender cómo Dios desea advertirnos de los peligros y la destrucción que se avecinan, y cómo evitarlos?

Lo peor de todo, ¡no se trata sólo de nuestra vida aquí y ahora, sino que se trata de nuestro destino eterno! Y si esto no te estremece, considera ahora que de tu decisión puede también depender el destino eterno de tus hijos, de tu cónyuge, de tus hermanos, de tus padres, de todos aquellos a quienes amas y a quienes debieras de estar amonestando para que se preparen contigo para el regreso de Jesús.

La segunda venida de Cristo se encuentra en el corazón mismo de la Biblia como el evento más anticipado y maravilloso de la historia de este mundo. La primera venida de Cristo y su muerte en la cruz es nuestra oportunidad de obtener el perdón y la vida eterna; su segunda venida es la entrega de la recompensa. Es la gloriosa esperanza en la que murieron todos los grandes patriarcas, profetas, apóstoles y creyentes de todas las edades. Es el Gran Día cuando los muertos serán resucitados para una vida gloriosa y eterna. Es donde se suman todas las esperanzas de vivir para siempre en la promesa que Jesús nos dejó cuando dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (S. Juan 14:1-3). Cristo prometió regresar, y lo hará.

Pero no regresará por todos, ni el día de su regreso será un día de gozo para todos; sino sólo para aquellos que lo aman y que esperan y aman su venida.

Quiero terminar con la lectura completa del apóstol Pablo que cité inicialmente: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1º Tesalonicenses 5:1-6).

Si Dios despierta tu curiosidad por saber más acerca de estas maravillosas verdades desarrolladas en su Palabra, siéntete en la completa libertad de llamarme al 832.855.4494.

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