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¿Están aún vigentes los Diez Mandamientos?

Todo el sistema legal de los países de occidente, y de hecho de la mayor parte del mundo, están basados en el derecho romano. Este, por su parte, fue estructurado sobre la plataforma del derecho judaico, y muy específicamente los Diez Mandamientos y las leyes civiles entregadas por Dios a Moisés hace 3500 años. Sin embargo, la pregunta es: “¿Está la Ley de Dios aún en vigencia?”

La respuesta es clara y fácil de comprender:

El 95% de los hispanos en todo el continente americano y en los Estados Unidos, somos cristianos y creemos en Dios y en Jesucristo su Hijo, y aceptamos y reconocemos la Biblia como su Santa Palabra inspirada, y como la fuente máxima de toda autoridad, aún por encima de cualquier autoridad humana.

Estando todos de acuerdo en esto, daremos respuesta a la pregunta de este artículo: “¿Están aún vigentes los Diez Mandamientos?”, y lo haremos empleando la Biblia y sólo la Biblia, y así tendremos la seguridad de encontrar una respuesta verdadera, de origen divino, y no basada en filosofías ni tradiciones de hombres. Esta será sin duda será una lectura altamente reveladora e inspiradora, y quiero invitarte a que la inicies con una breve oración en que le pidas a Dios que abra tu entendimiento, y te de el discernimiento para comprender lo que hoy Dios te va a mostrar:

LA LEY DE DIOS FUE DADA PARA TODA LA HUMANIDAD HACE 6000 AÑOS

Lo primero que debemos dejar sentado es que la Ley de Dios existe desde que existe el mundo. El primer mandamiento dado por Dios al hombre, se lo entregó en el sexto día de la creación, cuando Eva le fué dada a Adan como esposa, y así quedó establecida la institución y santidad del matrimonio. El séptimo mandamiento, “No cometerás adulterio”, fué tácitamente instituído con el mismo primer matrimonio de este mundo. Y con este acto Dios completó su obra creadora, en seis días.

Al día siguiente, el séptimo día de la creación, Dios ya no creó nada material, sino que consumó su creación mediante un séptimo día, un período de tiempo que separó aparte como especial y santo para celebrar y conmemorar la creación de este mundo y todo lo que hay en él. Y de esta manera, el séptimo día forma parte esencial de la primera semana, donde sella el ciclo completo de su creación. Dice la Biblia: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” (Génesis 2:1-3).

En este acto y con estas palabras, Dios le entregó al hombre el que luego sería el cuarto de los Diez Mandamientos, el referente al día de reposo. Y con este mandamiento quedó también establecido que Dios bendijo, santificó y apartó este séptimo día de sábado para la adoración.

Tiempo después, con la muerte de Abel a manos de su hermano Caín -los dos primeros hijos de Adan y Eva-, la condenación de Dios sobre Caín muestra que ya existía una clara conciencia de que el mandamiento que decía “No Matarás”, tenía completa vigencia y era conocido por todos.

Así, Dios entregó a Adan y a su mujer, los padres de la raza humana, todos sus Diez Mandamientos. De hecho, la des-
trucción del mundo por el diluvio 1656 años después de la creación (2344 a.C.), demuestra que habían leyes que regían la conducta humana, y por su desmedida transgresión Dios dispuso acabar con todo ser viviente, con la excepción de Noé y su familia.

LA LEY DE DIOS NO FUE DADA SOLAMENTE A LOS JUDÍOS

Dos milenios más tarde aparece Abraham, y en 1804 a.C., Dios declara que “oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5). En este pasaje la Biblia deja definitivamente confirmado que los Diez Mandamientos, al igual que otras leyes y ordenanzas dadas por Dios, habían sido dados y estaban vigentes para toda la raza humana, 200 años antes de que existiera el primer judío. Es muy importante aclarar esto, porque algunos creen que los Diez Mandamientos, que en el 1445 a.C. fueron dados a Moisés por escrito, eran sólo para los judíos. Esto no es cierto en ninguna manera. Abraham guardaba ya los Mandamientos mucho antes de que su viznieto Judá (literalmente el primer judío) hubiera siquiera nacido. Nótese que los judíos son los descendientes de Judá y sus hermanos. Entonces es más que evidente que la Ley de Dios no fué dada a un pueblo en particular, sino a toda la humanidad.

Y esto tiene mucho sentido, porque la Biblia habla innumerables veces de un juicio en que será definido el destino eterno de cada ser humano que haya pasado por este mundo, y de la única forma que este juicio pueda llevarse a cabo, es si hay una ley. Si no hubiera una ley uniforme y pareja para todos los seres humanos, no habría forma de juzgar de manera equitativa quien se salva y quien no. Santiago, medio hermano y uno de los apóstoles principales de Jesús, confirma el principio de que la Ley de Dios será la medida universal para el juicio, declarando a todo creyente de la Biblia: “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

Por otro lado, tanto el apóstol Pablo como Juan, declaran que el pecado sólo puede ser dentificado y definido por la Ley:

“Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

“Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).

Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1º de Juan 3:4).

Es decir, la Ley de Dios define y traza la línea separatoria el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno y lo que no lo es.

Los Diez Mandamientos fueron dados a Moisés, en forma escrita, en el monte Sinaí. Hasta este momento el co-
nocimiento de las leyes divinas era transmitido de generación en generación de manera verbal. Similar a como ocurre hoy en día. Todos sabemos -por ejemplo- que robar no es permitido. Nadie nos dió una hoja de papel que nos enseñara esto, ni nos lo enseñaron en una clase formal de moral en la escuela. Todos lo aprendimos de nuestros padres, y estos a su vez de los suyos, generación tras generación. Asimismo ocurrió por siglos desde la fundación del mundo. Pero llegó un momento cuando Dios decide entregar a la raza humana su Ley por escrito, para que nadie tenga la más mínima duda de cuáles son las 10 leyes fundamentales que habrían de regir la conducta humana.

Los Diez Mandamientos se conforman de cuatro leyes elementales que marcan la relación del hombre con Dios, y seis leyes que marcan la relación del hombre con su prójimo. Si toda la humanidad respetara estos Diez Mandamientos, estas diez normas perfectas de conducta, hoy viviríamos en un mundo de paz, armonía y seguridad. Lee y analiza en la página anterior los Diez Mandamientos de Dios, y entenderás que nada escapa a su alcance.

LA ESCRITURA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS
DIRECTAMENTE POR LA MANO DE DIOS

Es interesante notar que toda la Biblia fue inspirada por Dios. Esto lo establece el apóstol San Pablo cuando declara que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2º de Timoteo 3:16). Esta declaración confirma que la Biblia entera es la Palabra de Dios comunicada al ser humano a través de profetas y otros escritores, todos comisionados e inspirados por él para traernos un mensaje de esperanza y un perfecto plan de salvación, con la promesa de vida eterna para todos aquellos que acepten a Cristo y le obedezcan.

Sin embargo, hay una porción, un solo pasaje en toda la Biblia, que fue escrito directamente por Dios, con su propia mano. Es decir, en éste pasaje no existe la intervención del ser humano. Fué escrito exactamente como fué concebido en la mente de Dios, y usando exactamente las palabras que él deseaba usar; estos son los Diez Mandamientos. Dice la Biblia: ” Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Exodo 31:18).

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La Biblia reitera: “Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas” (Exodo 32:16).

Dios podría haber dictado con precisión sus palabras a Moisés, pero no lo hizo. Prefirió escribir sus Mandamientos él mismo. Con este acto Dios deseaba dejar muy en claro el carácter altamente sagrado de su Santa Ley. Aquí es bien cierto el dicho usado en español, inglés, y muchos otros idiomas, de que cuando algo “no está escrito en piedra”, es porque queremos referirnos a algo que puede cambiarse, ya que simplemente está escrito en papel. Pero la ley de Dios no fué escrita en los pergaminos de papiro de aquella época, ni en papel; fué literalmente escrita en piedra, y por la misma mano de Dios, como constancia de su carácter sagrado y permanente, que no podría ser tocada ni alterada jamás.

La Biblia es muy categórica y clara en este sentido. A lo largo de todos los libros de las Sagradas Escrituras, escritor tras escritor, todos repiten consistentemente que la ley de Dios, sus Diez Mandamientos, son eternos, permanentes para toda la humanidad hasta el fin del mundo. Veamos algunos pocos ejemplos de estos pasajes de la Biblia:

“Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y en rectitud” (Salmo 111:7, 8).

“Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido” (Salmo 119:152).

“Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla” (Isaías 42:21).

Jesús mismo condena enfáticamente a aquellos que pisotean sus Mandamientos y hacen a un lado su Ley para reemplazarla con tradiciones de hombres, cuando dice: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:

Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:7-9). El principio establecido aquí por el Hijo de Dios es claro:

Aquellos que se acercan a él honrando sus propias tradiciones en desobediencia a la Ley establecida por Dios, en vano lo hacen; su adoración no es aceptada, Dios es deshonrado, y son literalmente rechazados por él.

Los Diez Mandamientos no son las “10 Buenas Ideas”, ni las “10 Recomendaciones”, ni las “10 Sugerencias”. Son diez órdenes muy claras y precisas dadas directamente por el Dios y Creador del universo.

Los diez mandamientos que aparecen en muchos libros religiosos de estudio, nada tienen que ver con los verdaderos Diez Mandamientos de la Biblia. Están completamente cambiados por seres humanos inescrupulosos que poco entienden la santidad del Dios del universo. Es por ello que es importante que leamos los Diez Mandamientos por nosotros mismos, directamente de nuestra propia Biblia, en el libro de Exodo, capítulo 20. En la página anterior te los presento, tomados directamente de la traducción de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina (1569 – 1960) la versión más popular usada por la cristiandad. Los mismos puedes hallarlos en cualquier otra versión de la Biblia de tu preferencia que tengas en casa. La gran mayoría de las Biblias son traducidas directamente de los originales en hebreo, arameo y griego, y aunque pueden usar distintas expresiones idiomáticas, su traducción y significado es siempre el mismo.

¿FUÉ ABROGADA (QUITADA) LA LEY DE DIOS CUANDO JESÚS MURIÓ?

Hay quienes sostienen que la ley de Dios dejó de tener vigencia cuando Cristo murió en la cruz. Esta es una falsa enseñanza, ya que Jesús jamás, durante sus treinta y tres años y medio de vida, dijo absolutamente nada con relación a abandonar o cambiar su Ley. Muy por el contrario, el Hijo de Dios dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (S. Mateo 5:17-19).

Veamos asimismo la respuesta que Jesús le dió a un jóven rico cuando éste se acercó a preguntarle qué hacer para alcanzar la vida eterna: “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” (Mateo 10:17-19). Jesús en una breve respuesta lo dirige a los Mandamientos, citando algunos de ellos como ejemplo.

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Todos los discípulos de Jesús continuaron guardando fielmente los Diez Mandamientos décadas después de la muerte de su Maestro.

Las únicas leyes que sí fueron abolidas con su muerte, fueron las leyes ceremoniales que simbilizaban la muerte en la cruz, explicadas por Pablo de manera especial en su libro de Gálatas. Muerto Cristo, las ceremonias dejaron de tener vigencia. Pero no así los Diez Mandamientos, que son la Ley moral, muy distinta a las leyes ceremoniales.

El apóstol Juan, décadas después de la muerte de Cristo, dijo: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1º Juan 2:3, 4).

En esta misma epístola el discípulo de Jesús dice que agradan a Dios quienes guardan sus Mandamientos, y pueden esperar que sus oraciones sean contestadas: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1° de Juan 3:21, 22). Y luego añade: “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1º Juan 3:24).

Cuando escribió el libro del Apocalipsis hacia el año 96 d.C., o sea 65 años después de la muerte de Jesús, nuevamente el apóstol Juan deja claramente establecido que la ley de Dios no sólo estaba muy vigente en sus días, sino que además mostró en las profecías del fin del mundo que le reveló Jesús, que dicha ley estaría en vigencia hasta nuestros mismos días, precisamente antes del regreso de Cristo. Considera estos dos pasajes:

“Entonces el dragón (Satanás) se llenó de ira contra la mujer (la iglesia de Dios); y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17). Nota que Juan los define como “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Los judíos hasta hoy niegan la divinidad de Jesús. Este mensaje no es para los judíos, sino para los cristianos que creemos en Cristo, la descendencia de la iglesia fundada por Jesús y sus apóstoles, aquellos que viven en los días finales de la historia de este mundo.

Y luego vuelve a repetir el mismo concepto: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12). Si la ley de Dios fuera sólo para los judíos, Juan no la amarraría con la fe de Jesús.

¿DEBO RESPETAR TODOS LOS DIEZ MANDAMIENTOS?
¿HACE DIFERENCIA PARA DIOS SI FALLO EN APENAS UNO?

Dios requiere obediencia absoluta. El no acepta cosas a medias. “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley” (Santiago 2:10, 11).

¿EN QUÉ ME BENEFICIA SER OBEDIENTE A LOS DIEZ MANDAMIENTOS?

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165).

“¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo” (Salmo 119:97, 98).

“De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119:104).

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rec-
tamente. Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos. Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino. Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te preservará la inteligencia, para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversidades” (Proverbios 2:1-12).

CONCLUSIÓN

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:13, 14).

Quiero finalizar esta valiosísima reflexión destacando que en la Ley de Dios se refleja el inmenso amor que él tiene por nosotros. En sus Diez Mandamientos encontramos una fórmula perfecta para nuestra felicidad y la de nuestros semejantes. Imagina un mundo sin robos, sin mentiras, sin crímenes, sin codiciar las cosas de los demás, sin engaños en el hogar y el matrimonio. Un mundo donde respetamos a Dios en primer lugar, y luego a nuestros semejantes. Un mundo donde cada semana dedicáramos un día a Dios, a descansar y desconectarnos del trabajo y ansiedad de toda la semana, y a compartirlo enteramente con Dios. Este estilo de vida es el que Dios siempre anheló para nosotros, y para ello dispuso diez profundas leyes que trazarían la diferencia entre lo bueno y lo malo, entre la bendición y la maldición, entre la felicidad y la desgracia.

Cierro repitiendo la pregunta: “¿Está la Ley de Dios aún en vigencia?”. La respuesta es clara, categórica e indiscutible: “Absolutamente sí.”

 

ACERCA DEL AUTOR:  Disfruto mi trabajo de ya 33 años, y el privilegio que Dios me ha dado de poder publicar LUXCIOR manteniendo la integridad de principios cristianos. Sin embargo, servir a Dios y el estudio de la Biblia ha sido mi mayor pasión por más de 40 años. Hoy, mi mayor satisfacción es poder compartir con otros lo que Dios me ha enseñado. Y esto lo hago tanto ante audiencias de cientos de personas como en la privacidad de un hogar con una sola persona o familia. Si sientes el deseo de comprender el plan maestro de Jesús para este mundo, la indiscutible realidad de su pronto regreso, y de manera especial su plan para tu vida, no dudes en llamarme al 281.791.7531.

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