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EL FIN DEL MUNDO EN LA BIBLIA

Todos sabemos que algo formidable y de dimensiones cataclísmicas está a punto de suceder. Esto es innegable. Solamente un necio podría no darse cuenta. Lo que no sabemos es exactamente qué será, ni cómo sucederá, pero sí sabemos que será muy pronto. De ello no hay duda.

Prueba de esta ansiedad universal se refleja hasta en Hollywood, donde los productores cinematográficos se alimentan de este presagio popular creando películas como 2012, The Day After Tomorrow, Volcano, Tsunami y muchas más, que presagian alguna forma de destrucción total.

Cristo anunció durante su ida en la Tierra, que volvería a restablecer la condición original del mundo como era antes de la caída y la entrada del mal. Esta promesa se repite cientos de veces por toda la Biblia, y ha sido por 2000 años, y hoy mucho más que nunca antes, la gran esperanza de todos los cristianos y católicos de todas partes del mundo. Para que este grandioso acontecimiento no nos tome por sorpresa, Jesús, como veremos en este breve estudio, nos dio claras señales de los acontecimientos que marcarían la última etapa de la historia de este mundo, justo antes de su regreso.

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Considera solamente estas palabras de Jesús, extraídas de S. Mateo 24:

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?
Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino (lo cual ya sucedió en la 1º y 2º guerra mundial y en una cantidad de otros confrontamientos); y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares (lo cual está sucediendo cada vez con mayor frecuencia).

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”

Todas estas cosas ya se han cumplido o están en pleno cumplimiento en nuestros días. Solamente considera los últimos cinco años: Una ola interminable de ataques y violencia, el temor generalizado mundial hacia el terrorismo, la anarquía en Venezuela, Korea del Norte, Rusia, Honduras, África y muchas otras partes del mundo, la crisis en Israel, Palestina, Irán, Afganistán y el resto de los países musulmanes, la corrupción en todos los países del mundo, el extremo cambio climático, los cada vez más frecuentes y devastadores terremotos, tsunamis, incendios, huracanes, tornados, inundaciones y deslaves por todas partes, la proliferación de las enfermedades y el hambre, la legalización de la marihuana, la degeneración humana vista en el enriquecimiento ilícito, el robo, el secuestro, el adulterio, el fraude, el engaño y la mentira, el abuso y atropello de los pobres, la increíble y creciente ola de violencia hasta en las iglesias y las escuelas, la degradación moral por todas partes, la frialdad e indiferencia por el dolor ajeno, el maltrato terrible de los animales, son sólo algunos de los muchísimos azotes con que el mundo sucumbe rápidamente bajo nuestros pies, y que apresura su inevitable caída.

Ya no hay garantías. Ninguno de nosotros puede hoy decir con absoluta certeza que estará aquí mañana. Miles de personas por todo el mundo que diariamente salen a la calle y se despiden esperando regresar con bien a sus seres queridos, ueren en un ataque terrorista o caen víctimas de un asalto, una catástrofe o un accidente totalmente inesperado. Y todos cometemos el error fatal de creer que siempre las cosas le sucederán a otro, no a mi. Todos los miles que mueren a diario creyeron que hoy sería un día más, que estaban seguros, que a ellos nada les podía suceder. Y al final del día, ya no están más con nosotros.

Toda esta ola de desastres naturales, destrucción y caos, ocasionados por el mismo hombre, claramente señalan al gran acontecimiento de la segunda venida de Cristo anunciado en la Biblia. Ni por un instante creamos en la ilusión de que Dios va a pasar por alto e ignorar por mucho más la manera como la humanidad pisotea sus leyes y abusa de su creación. Dios va a actuar como lo hizo con el diluvio hace 4500 años, y esta vez, según lo firmemente predicho por Cristo y profetizado y repetido cientos de veces por toda la Bi-blia, su intervención será pavorosa y definitiva.

Todo cristiano serio que ama su vida y la de sus seres queridos, debiera de ser un ferviente estudioso de estas profecías, que en su isericordia Dios nos ha enviado de manera que estemos reparados y el fin no nos tome por sorpresa.

Ni por un momento creamos a los falsos líderes religiosos, pastores y profetas mentirosos que engañan a miles haciéndoles creer que las cosas van a mejorar, que todo va a estar bien. Esto es un gran engaño. Una mentira fatal.

Dice Dios en su palabra: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.” – Jeremías 23:16, 17.

Cristo va a regresar a poner fin a los impíos que pisotean sus leyes y acaban con la creación de Dios, y a recoger a aquellos que pacientemente y contra la corriente del mundo, le honran manteniéndose fieles y obedientes a sus Diez Mandamientos y a su voluntad expresada en la Biblia.

“La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de tumulto, y no de alegría, sobre los montes. Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones. Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que castiga.” – Ezequiel 7:7-9

“Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce. Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero. Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los montes se disolverán por la sangre de ellos. Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.” – Isaías 34:1-4

Es el deseo de Dios que tú y yo no seamos sorprendidos el día en que él regresará a justar cuentas con este mundo por su maldad. Dice su maravillosa Palabra: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis” – Ezequiel 18:32. Es el deseo profundo del corazón de Dios que todos seamos salvos, que todos estemos preparados para sobrevivir con nuestros seres queridos el día en que Cristo regrese.

La promesa y esperanza para los que escuchen a la advertencia y se salven es clara. Dijo el Señor Jesús: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” – S. Juan 14:1-3

Aunque no sabemos exactamente ni el día ni la hora (nadie lo sabe, según nos advirtió Jesús en S. Marcos 13:32, 33), Cristo nos dio claras señales que nos indican que el fin de este mundo está a las puertas. No verlo es ingenuo e irresponsable.

Hoy quiero hacerte una muy seria y solemne invitación a que tengas un encuentro personal con Dios; a que lo conozcas, y pongas tu vida en armonía con él, de acuerdo con las justas y hermosas enseñanzas de la Biblia. Sólo así podrás encontrar seguridad, paz y una vida mucho mejor aquí y ahora, y la certeza de la vida eterna. Es tu responsabilidad, por ti mismo y por tu familia, que busques a Jesús.

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