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OPINION

Hoy es tu día, y 2019 es tu año

Siempre que veo una fotografía de la década de los sesenta o de la de los setenta, me sorprendo.

No es la ropa ni el cabello. Me sorprenden los cuerpos. Mucha más gente era delgada.

En 1976, el 15 por ciento de los adultos estadounidenses eran obesos. Ahora esa cifra es de casi el 40 por ciento.  No requiere mucho genio entender que nuestro “entorno obesogénico” apunta como causantes a los sospechosos de siempre: la proliferación de comida rápida y snacks baratos cargados de carbohidratos; compañías que producen productos tan sabrosos (y dañinos) que son adictivos para nuestra propia desgracia; porciones más grandes y la tendencia a estar comiendo todo el día.

Sin importar cuál sea la combinación de factores, algo en el entorno está haciendo que la gente sea tan gorda como lo permite su perfil genético. La obesidad siempre ha estado con nosotros, pero jamás había sido tan común.
Todos —desde los médicos hasta las farmacéuticas, desde los funcionarios de salud pública hasta la gente obesa— quisieran que hubiera cura, un tratamiento que nos haga tener un peso normal y lo mantenga así. ¿Por qué nadie lo ha descubierto? ¡Y no es porque no lo hayan intentado!

Sí, algunas personas han logrado pasar de gordas a delgadas con dieta y ejercicio, y han mantenido a raya el peso. Sin embargo, son la excepción. La mayoría pasa años haciendo dietas que la hace bajar y subir de peso, un ciclo frustrante y sin resultados.

El problema radica estrictamente en nuestra cultura de soluciones rápidas y que no requieran ningún esfuerzo. Es mucho más atractivo una pastilla que acelere nuestro metabolismo digestivo y “queme” 1000 calorías sin moverme del sofá mientras me como una pizza, al mismo tiempo que maltrato mi organismo con químicos que traerán más problemas sumados a mi obesidad. Sin mencionar las grasas, azúcares, colesterol y cuánta otra toxina arroje a mi organizmo mientras continúo con mi “dieta de la muerte”.

¿No sería mucho más inteligente escoger mejor mis alimentos y realizar alguna forma de actividad física? Imagina que no sólo quemarías esas 1000 calorías, sino que además nutrirías todo tu organismo con elementos que impactarían no sólo tu cuerpo y tu peso, sino además directamente sobre tu mente, tu memoria, tu nivel de stress, tu estado anímico, tu vitalidad y energía, tu voluntad, tu autoestima y tantas otras cosas más.

El problema es que este círculo vicioso de buscar lo fácil y cómodo, es el producto de una mente y voluntad debilitadas. Y dando la vuelta nuevamente al círculo, nuestra mente y voluntad están debilitadas como producto de buscar lo fácil y cómodo. Y esto invariablemente nos lleva a un estado de frustración ante fracaso tras fracaso, a un nivel de autoestima que está por el piso, a un complejo de inferioridad, y tantas otras terribles condiciones emocionales que no nos dejan romper con este ciclo fatal.

Pero en alguna parte debemos romper con este círculo de autodestrucción, y comenzar a vivir el estilo de vida que muy bien sabemos que no solamente nos haría perder peso rápidamente, sino además sentirnos más saludables y fuertes, con mayor energía, multiplicar nuestra claridad mental y nuestras facultades emocionales, intelectuales y espirituales.

Todo este extraordinario proceso comienza con una simple decisión.

Existe una ley de la física que dice: “Todo objeto en movimiento, tiende a permancer en movimiento; y todo objeto en reposo, tiende a permanecer en reposo”. Es decir, a forma de ilustración, arranca tu auto y córrelo en la calle a 45 mph. Una vez que comienza a moverse, tiende a continuar avanzando hasta que le pongas los frenos. Por otro lado, deja tu auto apagado y estacionado donde está, y notarás que de allí no se moverá, tiende a permanecer en reposo.

El mismo principio aplica a cualquier aspecto de nuestra vida. Comienza a hacer algo, toma una simple decisión, y actúa en ponerla en acción; notarás que la tendencia natural consistirá en continuar esa acción. Ve un día al gimnasio o a caminar por 20 minutos, y verás que bien se siente. También descubrirás que ir la segunda vez no te resultará tan difícil. Y ya no querrás quedarte sólo 20 minutos. Ya entraste en movimiento, y como dijimos, “todo objeto en movimiento, tiende a permancer en movimiento.”

La clave está en tomar esa primera decisión, y en ejecutarla inmediatamente. No mañana, hoy mismo. No puedes caer en el síndrome de “mañana”. El camino de “mañana” sin falta te llevará a la conocida ciudad de “ninguna parte”.

Quiero animarte a que este año 2019 tomes decisiones. Haz una lista de cosas que deben cambiar en tu vida; escríbelas. Bajar de peso y verte bien en el espejo puede ser una de ellas. Pero el desafío es mucho más abarcante. Este principio de tomar una primera decisión y actuar inmediatamente sobre ella, puede cambiar tu vida emocional, tu estudio del inglés, tus finanzas, tu éxito en los negocios, tu relación con esa persona especial, o tu relación con Dios, tu conocimiento, tus estudios y tantas otras cosas. Mejor dicho, tu destino completo puede tomar un rumbo totalmente distinto este 2019. ¡Qué extraordinario sería llegar al 2020 y poder mirar para atrás y descubrir que ya no eres la misma persona que eres hoy, sino que eres esa persona exitosa con la que nunca has hecho más que soñar.

Pues ya deja de soñar, y decide dar vuelta tu vida. Comenzando desde hoy. Comienza hoy con una pequeña decisión, o una grande, y comienza a actuar sobre ella. Quedarás maravillado con lo bien que vas a sentirte. Te desafío a que lo hagas.