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What You Need to Know About Coronary Artery Disease

By Jon-Cecil Walkes, M.D..

The American Heart Association estimates that more than 16 million Americans suffer from coronary artery disease. It is the number one killer of both men and women in the U.S.

Coronary artery disease (CAD), or coronary heart disease, is a common term for the buildup of plaque in the heart’s arteries that could lead to heart attack. These fatty deposits may develop in childhood and continue to thicken and enlarge throughout life. Called atherosclerosis, this thickening narrows the arteries and can decrease or block the flow of blood to the heart. It is the most common cause of heart disease.

It is important to understand the causes and symptoms of CAD and to know that there are actions you can take to reduce your risk of a heart attack from the disease.

Coronary arteries supply blood to the heart muscle. Like all other tissues in the body, the heart muscle needs oxygen-rich blood to function, and oxygen-depleted blood must be carried away. The coronary arteries run along the outside of the heart and have small branches that supply blood to the heart muscle. Therefore, any coronary artery disorder or disease can reduce the flow of oxygen and nutrients to the heart and that may lead to a heart attack and possibly death.

The symptoms of coronary heart disease will depend on the severity of the disease—and they must be taken seriously. Some people with CAD have no symptoms, some have episodes of mild chest pain and some have more severe chest pain.

If too little oxygenated blood reaches the heart, a person will experience chest pain called angina. When the blood supply is completely cut off, the result is a heart attack, and the heart muscle begins to die.
So it is important to recognize symptoms of coronary artery disease that can include:

• Heaviness, tightness, pressure or pain in the chest
behind the breastbone.
• Pain spreading to the arms, shoulders, jaw,
neck or back.
• Shortness of breath.
• Weakness and fatigue.

Controlling risk factors is the key to preventing illness and death from CAD. There are several conditions and behaviors that increase the risk of CAD such as smoking, physical inactivity, obesity and having diabetes or hypertension. Family history of CAD is always a consideration and should be discussed with a physician. Additionally, being post-menopausal for women and being older than 45 for men are traditional risk factors.
There are several treatments that may be prescribed for CAD, including oral medications that can decrease blood clotting, reduce cholesterol levels and lower blood pressure. These medications, and changes in lifestyle and behavior, could help reduce risk and lessen the onset of chest pain. Other treatments include coronary artery stenting and coronary artery bypass surgery (CABG.) All of these treatment options may be used alone or together in the treatment of coronary artery disease.

Your risk of coronary artery disease can be minimized by controlling the risks factors that are within your control. Living a healthy lifestyle that incorporates proper nutrition, weight management and getting some physical activity can play a big role in avoiding or delaying the progression of CAD. Preventive measures instituted early are thought to have greater lifetime benefits.

Most importantly, call 9-1-1 for yourself or anyone who is experiencing symptoms of chest pain, shortness of breath, palpitations or fatigue. Do not delay. Calling 9-1-1 at the first signs of a heart attack could save a life because reducing time to medical treatment is the primary factor in surviving a heart attack.

So when was the last time you had a check-up with a physician? If it’s been awhile, take the time to make an appointment with your primary care physician to review your risk factors. If you need a physician, visit the Find the Right Provider tab at sjmctx.com or call 713-757-7575 for a complimentary physician referral.

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Dr. Jon-Cecil Walkes, M.D. is a board-certified cardiothoracic surgeon and medical director of Cardiothoracic and Vascular Surgery at St. Joseph Medical Center.

La importancia del descanso semanal

El descanso semanal es tan importante para la salud, como lo es el descanso diario, y es debido a esto que es obligatorio para los trabajadores de todo establecimiento comercial e industrial, cualquiera sea su naturaleza, tomar por lo menos un día de descanso a la semana.

Toda actividad laborar produce fatiga a cabo de un tiempo. Esta fatiga es la consecuencia de la carga física y mental que resulta del desgaste del organismo después de cualquier actividad, tanto de la parte física como la mental.
La necesidad del descanso

El descanso en el trabajo para reposar tras la fatiga consecuente a las tareas, es uno de los componentes de las condiciones de trabajo que nuestro Creador estableció para que la maquinaria viviente, nuestro cuerpo, pudiese trabajar eficientemente. De hecho, este mismo ritmo / biorritmo: actividad-descanso podemos notarlo en toda la naturaleza. Por ejemplo, las olas del mar suben, luego descansan; el corazón late (sístole), luego descansa (diástole), y así lo podemos ver en muchos otros ciclos rítmicos naturales. Así que el descanso está dentro del “conjunto de propiedades o condiciones” necesarias para el goce de una calidad de vida de trabajo a todos los niveles del ser: mental, física y espiritual.

Ahora bien ¿Existe alguna razón fisiológica por la que necesitamos reposar un día de cada siete? ¡Claro que sí! Existen lo que se llama ritmos endógenos, llamados así porque parecen depender de un reloj interno inherente al propio organismo, que funciona independientemente de la intensidad de la radiación solar exterior. El más notable de esos ritmos endógenos es el llamado ritmo “circaseptano”, porque se repite cada siete días.

¿Por qué cada siete días? Se ha descubierto que existen funciones orgánicas que oscilan con un ritmo semanal. El Dr. Franz Halberg, de la Universidad de Minnesota, científico conocido como el “padre de la cronobiología”, fué y el primero en acuñar el concepto del ritmo “circaseptano”, cuyos beneficios incluye, entre muchos otros, sobre la presión arterial y la división celular (mitosis). Se ha comprobado que la frecuencia de los accidentes cerebrovasculares, de las hemorragias cerebrales subaracnoideas y de las crisis coronarias, siguen ciclos de siete días.

De hecho, las divisiones celulares que ocurren cada siete días se toman en cuenta para optimizar la administración de medicamentos contra el cáncer, como la quimioterapia. Curiosamente, también se han observado estos ritmos endógenos de siete días, independientes de los factores ambientales, en otros seres vivos como los ratones, en algunos insectos, bacterias e incluso en algas verdes marinas del género Acetabularia. Los investigadores se preguntan cómo las algas microscópicas que forman parte del fitoplancton, saben medir las semanas, y aunque aún no se ha podido explicar, lo cierto es que ocurre. Los ciclos de reposo, tanto diarios como semanales, favorecen el desarrollo de las funciones superiores del ser humano, como la memoria, el aprendizaje, la creatividad y aún la sensibilidad espiritual. La llegada de la noche nos recuerda a todos que se acerca el tiempo del descanso diario. Pero no existe ningún fenómeno natural -al menos que podamos identificar- que nos alerte de que ha llegado el día de descanso semanal. Las ocupaciones y afanes de la vida parecieran silenciar el delicado reloj interno que todos los seres vivos llevamos dentro, haciéndonos ignorar así la necesidad de descansar un día de cada siete.

Y no tengo duda alguna de que es por eso que nuestro Creador nos insta en el cuarto mandamiento a que recordemos la necesidad del descanso semanal. “Acuérdate del sábado para santificarlo…” (ver Éxodo 20:8-11). Es como si nuestro Creador nos dijera: “Tu cuerpo, tu mente y tu espíritu necesitan reposar un día de cada siete. Yo te diseñé así. Por ello, Acuérdate del sábado…”.