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Reflexiones más allá del más allá

Hechos:
VELOCIDAD DE ROTACIÓN
DE LA TIERRA SOBRE SU EJE 1,041 mph (1.675 km/h)
VELOCIDAD DE TRASLACIÓN DE
LA TIERRA ALREDEDOR DEL SOL 67,108 mph (108.000 km/h)
VELOCIDAD DE TRASLACIÓN
DEL SISTEMA SOLAR 568,000 mph (914.107 km/h)

Si el movimiento de rotación de la tierra fuera sólo un poco más rápido de 1,041 mph (1.609 km/h), la fuerza de gravedad sería tan intensa que no podríamos sostenernos en pie, ni caminar, la sangre caería a nuestros pies, nuestro cerebro, corazón y demás órganos colapsarían y la vida sería literalmente imposible. Y esto es tan cierto para al ser humano como para los animales y la vegetación. La vida como la conocemos, literalmente no existiría.
Si por el contrario, el movimiento rotatorio fuera más lento, y la gravedad fuera, – por ejemplo – comparable con la de la luna, deberíamos estar atados al suelo o vestir calzados con suela de plomo para no salir disparados al dar un paso, exactamente como ocurre a los astronautas al caminar por el suelo lunar. Los océanos no podrían mantenerse en sus cauces con el desastre natural que ello conllevaría.

Si estuviéramos sólo unos pocos miles de millas más cerca del sol, la temperatura nos abrasaría y no podría existir ninguna forma de vida, exactamente como tal vez lo viste en la película Riddick con Vin Diesel. Si por el contrario, estuviéramos sólo 8,000 millas (12.874 km) más lejos del sol (menos del equivalente al pequeño diámetro de nuestro planeta de 7,917 millas), el mundo entero estaría varias veces más congelado que los polos.
Sumada a la velocidad de rotación, la tierra se desplaza alrededor del sol a una velocidad de casi 67,000 mph (108.000 km/h). Adicionalmente, se calcula que el sistema solar se desplaza alrededor de la Vía Láctea a la velocidad de 568,000 mph (914.107 km/h). Y se sabe que la Vía Láctea, a su vez, se mueve a una velocidad que es imposible de calcular, alrededor de algo aún mucho mayor.

A pesar de estas velocidades incomprensibles para la imaginación humana, y que en otras condiciones desintegrarían cualquier forma de materia, curiosamente puedes dejar caer una pluma o una hoja de papel, y esta suavemente se desplaza hasta el suelo. O un paracaidista puede lanzarse desde 14,000 pies de altura, y aterrizar con toda precisión sobre un círculo de un metro de diámetro. Es fascinante notar que esta gigantesca nave espacial, con una forma totalmente anti-aerodinámica (aunque en el vacío del espacio la aerodinámica no sirve de nada) y no-convencional, puede transportar más de siete mil millones de astronautas, inmensas masas de agua y trillones de animales, sin ninguna protección más que una precisa combinación de nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, ozono y vapor de agua, todo lo cual nos permite verla de un hermoso color azul durante el día, y transparente durante la noche, para que podamos apreciar las maravillas del uinverso.

Podría pasar horas escribiendo en cientos de hojas las extraordinarias maravillas que hacen de este mundo un lugar perfecto para la vida y rebosante de cosas extraordinarias, pero no creo que sea necesario. Imagino que con lo poco dicho hasta aquí, estarás de acuerdo conmigo en que nada de todo esto es producto de una gran casualidad.  Creer que toda esta grandeza, medida perfección y belleza es el resultado de un proceso casual y evolutivo, es una notable muestra de falta de discernimiento. Es más, se requiere muchísima más fe para creer en un programa evolutivo que pueda haber producido un mundo como este, que para aceptar la realidad de que hemos sido creados por un poderoso Creador. Es obvio y mucho más que razonable reconocer que sólo una inteligencia altamente superior, y un poder inimaginable, pudo haber creado y sostiene estas cosas, no sólo aquí en la tierra, sino en todo el vasto universo. Adicionalmente, no puedo dejar de agregar que este ser superior Creador tiene muy buen gusto. Nota como la inmensa mayoría de los animales, las platas y las flores, son hermosos, en sus diferentes áreas, a todos nuestros sentidos. Y los pocos que no lo son, es la consecuencia del estado degenerativo de los elementos de la naturaleza por el abuso humano. La razón de ello es otro tema, por cierto igualmente fascinante, que hoy ni el tiempo ni el espacio me permiten abordar.

Pero lo cierto y el punto en cuestión, es que todo en este mundo se encuentra en un perfecto equilibrio, tanto en las distancias y velocidades, como en el ámbito físico y químico. Dios tiene absolutamente TODO bajo el más completo control. Dios ha establecido leyes que no pueden ser quebrantadas, todas pensadas en armonía con su extraordinario plan en la creación, para la felicidad del hombre, y la tuya.

Muchos creen que debido a esta grandeza, Dios no puede tomar interés en tí, o en mi. Pero es exactamente todo lo contrario. Es precisamente por esa misma magnificencia y poder inexplicables, provenientes de una mente superior e infinita que todo lo penetra, que todo lo ve, que todo lo sabe, que él muestra un interés supremo en ti. Dice Jesús que Dios tiene contados hasta los cabellos de tu cabeza. ¡¿Puedes creer semejante cosa?! ¡Pues ni lo dudes! Y si él toma interés en cosas en las que ni tu mismo te interesas en tu propio cuerpo, ¿no crees que también tomará interés en tu vida, en tus problemas, en tus desafíos?

El puede resolverlo todo. “He aquí que yo soy Yaweh, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” – asegura la Biblia en Jeremías 32:27. “El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito.” – Salmo 147:4, 5.  Cuando tu entiendes esto, Dios cobra una nueva dimensión en tu vida, y ahora todo lo que antes parecía imposible, deja de serlo. Si bien es cierto que Dios se manifiesta muy claramente en toda la naturaleza, él mismo ha provisto la Biblia como la plena revelación de su divinidad, y de su interés en relacionarse contigo. Te animo a que lo busques allí. Te garantizo, tu vida no será la misma.

Tengo en casa una pintura de Vitaly Myagkov, en la que plasma una extraordinaria visión que un astronauta ruso -y ateo- tuvo de Dios mientras flotaba fuera de su nave en el espacio. Tu no ocupas salir al espacio para tener un encuentro con Dios (aunque sin duda te daría una nueva perspectiva de su grandeza).

La VERDAD es una Persona

Por Angel Manuel Rodriguez.

– Imágenes, imágenes y más imágenes. Se observan en todo lugar. Las encontramos en multiplicidad de formas. Hubo un tiempo cuando eran esculpidas en piedras. Actualmente, la tecnología nos ha provisto de diferentes instrumentos para crearlas y darles vida. Ellas se mueven, hablan, gritan, vuelan, comen, cantan y se regocijan. Las industrias de la cinematografía, la televisión y las computadoras se nutren de nuestra obsesión por las imágenes.Pero quizás el hecho más sorprendente en la historia de las imágenes sea el que finalmente podemos relacionarnos con ellas en formas que anteriormente ni imaginamos. Somos capaces de crearlas, modificarlas, comunicarnos con ellas y de destruirlas. Las imágenes modernas son tan vívidas que nos referimos a ellas como “virtualmente reales”.

Así pues, pareciera que al ser humano le resultara más fácil manejar las imágenes que la realidad misma. Pero si nos movemos al plano cósmico descubriríamos que la problemática principal es la de la imagen versus la realidad, la falsedad contra la verdad. Por todo el universo los seres inteligentes han sido confrontados con una imagen de Dios concebida en la mente de una criatura rebelde. De ahí que la pregunta más importante a nivel cósmico sea la de la naturaleza de la verdad. Para su respuesta nos volvemos a Jesús. El dio una definición totalmente diferente a la que se había emitido anteriormente en el planeta: “Yo soy . . . la verdad” (Juan 14:16), dijo él. Esta aseveración sorprendente nos lleva a hacer varias afirmaciones sobre la verdad.

1. La verdad es trascendente

La realidad suprema está localizada fuera del universo y no dentro de su unidad estructural y funcional, lo cual no significa que seamos incapaces de percibir elementos de la verdad por medio del uso de nuestras habilidades racionales. Por el contrario, podemos obtener cierto conocimiento. Sin embargo, el conocimiento no es algo que creamos sino algo que descubrimos. Tal conocimiento es fragmentado y a fin de que sea verdaderamente significativo, debe ser ubicado dentro del marco de referencia provisto por la verdad suprema.  Tal perspectiva nos es inaccesible pues requeriría el que trascendamos el universo, algo simplemente imposible. Sin embargo, la verdad descendió hasta nosotros, entró en nuestro mundo en la forma de una persona y nos dijo: “Yo soy la verdad. Yo soy el único que puede integrar todas las cosas en una unidad de significado porque por medio de mí todas las cosas fueron creadas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles. Yo soy antes que todas las cosas y en mí todas las cosas existen” (Colosenses 1:16, 17).

Esta declaración de Jesús fue un golpe poderoso contra lo que los griegos llamaban autárkeia o autosuficiencia. Ellos concebían la verdad como la expresión de la esencia eterna, incambiable e inamovible de las cosas y que los seres humanos podrían descubrirla por medio del análisis racional. La verdad suprema estaba ubicada en el mundo immaterial de las ideas, el cual consistía en abstracciones racionales formuladas por la mente humana. En contraposición a esto Jesús proclamó que la verdad está más allá del alcance de la mente humana autónoma pues nos llega en una revelación. Al afirmar: “Yo soy la verdad”, Jesús rechazó cualquier intento de definir el origen, la naturaleza y el destino de la raza humana desde una perspectiva naturalista.

Además, él reclamaba el derecho a la verdad absoluta. El no dijo: “Yo soy una dimensión de la verdad, un aspecto de la verdad, un elemento de la verdad”. El que hablaba era el Eterno “Yo Soy”, Dios en forma humana. Es en él que todo conocimiento encuentra su centro y significado.  La Biblia asevera que la verdad o la sabiduría se obtienen solamente si uno está dispuesto a reconocer que “el temor de Dios es el principio de la sabiduría” (Proverbios 1:7). La Biblia rechaza la autárkeia como vehículo de la verdad. A la persona inmatura, tentada a ser autónoma, le llega el consejo: “Confía en el Señor de todo tu corazón y no te apoyes en tu prudencia” (Proverbios 3:15). Esto resulta ser difícil para la persona autárkes.

2. La verdad es una Persona

Decir que la verdad suprema está localizada más allá de la esfera de acción humana es establecer algo que no es popular o fácil de aceptar. La naturaleza trascendental de la verdad le pone límites a nuestro orgullo y tiende a hacernos sentir incómodos. Pero quizás más inquietante para la lógica humana es la aseveración de Jesús de que la verdad está en él, la verdad es una Persona. La filosofía procura la verdad en términos de abstracciones, identificando la esencia detrás de nuestras experiencias sensoriales. Pero Jesús ataca tal noción al decir que la verdad no es un cuerpo de conceptos abstractos o universales que podemos utilizar para comprender los fenómenos que observamos. El sugiere que todo lo que vino a la existencia fue el resultado de la actividad creadora de una Persona de la cual todas las demás personas derivan su existencia. Lo que mantiene al universo unido es una Persona —no una ley, no un principio, no una simple fuerza impersonal.

La verdad entendida como Persona significa que es racional e inteligible. Su comprensión no exige un rechazo de las habilidades racionales. Por el contrario, es a través de nuestro raciocinio que podemos tener contacto con la verdad. Esto es posible porque Jesús, la Verdad, se hizo accesible a nosotros. Es, pues, necesario que desarrollemos al máximo nuestras capacidades racionales dentro de la esfera de la verdad que nos proveyera Aquel que dijo:“Yo soy la verdad”.

La verdad como persona significa también que el universo no opera en forma mecánica controlado por fuerzas impersonales. Ciertamente hay leyes que gobiernan todos los fenómenos, visibles e invisibles. Pero esas leyes son la expresión de la voluntad y el poder de la Persona que es la verdad y que preserva unido el universo. “Oh Señor, tu eres único; tú hiciste el cielo, y el cielo de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que contiene, los mares y todo lo que hay en ellos. Tú das vida a todas las cosas” (Nehemías 9:6). El verbo traducido “dar vida” signifca “mantener con vida”. Es la Vida la que preserva la vida. La vida inteligente es preservada por el poder y la fuente misma de vida inteligente. La realidad suprema se interesa por lo que existe; únicamente las personas se preocupan.

La verdad como persona revela la naturaleza de la realidad suprema: Dios es verdad. Esta verdad se humilló a sí misma en forma misteriosa y entró en nuestro mundo en la forma de un ser humano (ver Filipenses 2:5-11). La realidad suprema no es ya más exclusivamente trascendente porque estuvo y está ahora entre nosotros. Juan dice que lo vimos “lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14). La Verdad, pues, se expresa a sí misma en humildad, asumiendo la forma del necesitado y sencillo, avergonzando nuestro orgullo y autosuficiencia.

La naturaleza de la verdad no se reveló solamente en la encarnación sino también en la cruz. La Verdad murió a fin de preservar vivo el fenómeno, el mundo creado. ¡El que mantiene el universo unido murió y sin embargo el universo no se desintegró y murió con él! Una vez más sucedió lo inesperado y se reveló que la Verdad puede sacrificarse a sí misma por la criatura y continuar al mismo tiempo manteniendo el universo unido. La verdad como Persona revela además que en el mismo centro del ser divino sólo encontramos amor (ver 1 Juan 4:8). En la cruz la falsedad fue desenmascarada: la imagen creada por Satanás acerca de Dios y su amor demostró ser falsa. La verdad derrotó la mentira satánica.

3. La verdad debe ser apropiada

Cuando Jesús dijo: “Yo soy la verdad”, él esperaba una respuesta. Siendo que él es la verdad no debemos relacionarnos con él en términos de la objetividad científica e impersonal, sino en una relación de persona a persona, de “Yo-Tú”. Entendemos a las personas al relacionarnos con ellas, al envolvernos en sus vidas, al participar con ellas en la experiencia de estar vivos, en la koinonía. Podemos tener compañerismo con la Verdad porque es una persona. En él está localizado el origen, blanco, y naturaleza de nuestra existencia y de la del mundo entero. Es en él que puede encontrarse una cosmovisión correcta pues él es quien le da cohesividad y significado al universo.
Lo que se necesita es una disposición a entregarle nuestra autárkeia. En esto consiste esencialmente la libertad: “Conoceréis la verdad y la verdad os libertará” (Juan 8:32). Somos esclavos del pecado que se manifiesta a sí mismo en el clamor por autosuficiencia. La mentira consiste en creer que podemos encontrar nuestro propio camino en el universo, que podemos descubrir significado permanente para nuestras vidas únicamente por medio de la búsqueda científica, tecnológica o filosófica. La sumisión a la verdad nos libera de la estrechez de nuestra autosuficiencia y nos integra al compañerismo con Aquel que dijo: “Yo soy la verdad”.

La verdad se aprehende no solamente por medio de un encuentro personal con el Señor sino también por medio de su Palabra. La verdad puede ser conceptualizada, codificada, incorporada en palabras. Dios usa el lenguaje humano, a pesar de sus limitaciones, como un vehículo válido para comunicar la verdad. Esto sucedió bajo la revelación e inspiración de Dios. Pablo dice: “Toda Escritura es inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2º Timoteo 3: 16-17).

La verdad determina no sólo nuestro entendimiento de la realidad y nuestra comprensión del mundo que nos rodea sino también la forma en que vivimos. Cualquier compartamentalización de la verdad en términos de ética y religión, ciencia y fe, es un rechazo del hecho de que la verdad es una Persona y que él integra todo conocimiento en una sola unidad de significado. Debemos vivir de acuerdo con la verdad (ver 1 Juan 1:6). Debemos exhibir la verdad en nuestro lenguaje y en nuestra conducta.

Conclusión

La historia del pensamiento humano indica que somos por naturaleza buscadores. Exploramos la vastedad del universo, las profundidades de los océanos. Procuramos penetrar el microcosmos. Exploramos todas las esferas de conocimiento. Sin embargo, nuestra búsqueda por la verdad suprema y absoluta ha concluido. Sí, todavía se nos reta a buscar una comprensión más profunda de la verdad, a explorar su riqueza y la complejidad de sus formas; pero la búsqueda por su misma esencia ha terminado. Concluyó porque vino a nosotros y nos dijo: “Yo soy la verdad”. Tal aseveración establece límites a nuestra autosuficiencia porque la verdad es transcendental, es una revelación y es personal. Podemos apropiarnos de esa verdad por medio del compañerismo con él y al seguirle con humilde obediencia.

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Si deseas conocer más del plan de Jesús para tu vida, te invito a estudiar de la Biblia en tu casa. Llámame al 281.791.7531

¿Quién está en tu barca?

BARCA EN MEDIO DE LA TEMPESTAD 600 pxls

La Biblia nos narra una extraordinaria experiencia de la vida de Jesús, (en el libro de San Marcos 4:35-14) la cual contiene un poderoso mensaje para ti y para mi hoy.

Cierto atardecer, después de muchas actividades durante el día enseñando las preciosas verdades del evangelio, sanando enfermos y atendiendo las necesidades de la gente, Jesús se hallaba agotado. El Salvador del mundo había alcanzado un punto en que necesitaba unas horas de privacidad, de soledad y de descanso. Fue así que les pidió a sus discípulos que le alistaran una barca, en el gran lago de Genezaret.

Esta hermosa reserva de agua de 13 millas de largo por 8 de ancho es tan grande que también se la conoce como el Mar de Galilea. Todavía hoy continúa siendo el lago más importante de Israel. Mucho de la vida y ministerio de Jesús había transcurrido alrededor de sus riberas. De hecho, allí conoció a varios de sus discípulos, quienes eran pescadores de profesión.

Este día, Jesús decidió navegar con sus discípulos a la ribera oriental, donde esperaba poder descansar. Sin embargo, puesto que su mensaje de salvación lo habían convertido en una verdadera celebridad, todo el mundo quería acercarse a él, escucharlo y ver sus milagros, no pudiendo evitar que mucha gente lo siguiera en otras barcas. En cuanto su embarcación se puso en camino, ya caído el sol, Jesús se recostó en un rincón en su popa, y en pocos momentos quedó profundamente dormido.

El bote avanzaba lentamente su recorrido de varias millas, a velocidad de sus remeros, cuando repentinamente comenzó a soplar un viento característico de este lago – según comentan los habitantes del lugar -. Es muy común que soplen vientos provenientes del cercano Mar Mediterráneo, y que terminen desencadenándose en fuertes tempestades sobre el Mar de Galilea. Esta fue una de esas ocasiones.

El cielo comenzó a cubrirse de espesas nubes, las cuales acentuaron la oscuridad de la noche, mientras el viento agitaba cada vez más las aguas y la embarcación. Los discípulos comenzaron a usar toda su experiencia en tratar de mantener la barca en rumbo, pero el viento arreciaba más y más y la pequeña nave era ahora sacudida violentamente por las olas. Sólo un relámpago aquí y allá, que anunciaba la lluvia que se avecinaba, les permitía esporádicamente iluminar la escena.

El agua había comenzado a anegar la barca como producto de las fuertes oleadas, y los discípulos ya estaban entrando en un estado de angustia que al rato se convirtió en terror, ante la expectativa de que no lograrían sobrevivir.
Mientras tanto, exhausto, Jesús continuaba profundamente dormido. Comenzaron a gritarle, y finalmente lograron despertarle, clamando que los ayudara, o perecerían.

Inmediatamente, Jesús se incorporó, y con toda su autoridad extendió su brazo y clamó a gran voz: “Calla, enmudece”. En un instante, la tormenta cedió, cesaron el viento y los relámpagos, y una calma sorprendente cayó sobre las aguas del lago, dominando la escena. Las densas nubes desaparecieron rápidamente y el firmamento estrellado brillaba ahora sobre sus cabezas. Los discípulos, al igual que las muchas otras personas en las demás barcas, quedaron atónitos, y se decían entre sí: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?”

Esta barca es una elucuente representación de tu vida, y la mía. Todos tenemos nuestra barca. Allí llevamos, en este viaje por la vida, a nuestra familia, nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestras ocupaciones, nuestras finanzas, nuestras amistades, nuestro carácter, nuestra salud, y todo lo que conforma nuestra existencia. Todos debemos enfrentar en nuestra vida momentos de tormenta, momentos en que todo se obscurece, momentos en que nuestra barca comienza a sacudirse y pareciera que no hay esperanza, que en cualquier momento va a hundirse.

Tal vez sea tu matrimonio que no está funcionando, o tal vez sea un hijo en malos pasos, o quizás un problema de salud, tuyo o de algún familiar, o la pérdida de un ser amado, o ese negocio que no logras que salga adelante, o un mal hábito del que no logras desprenderte, o cualquier otra cosa que perturba tu paz. Y no es de sorprender que en ocasiones, hasta nos asalten dos o tres tempestades al mismo tiempo, o una detrás de la otra, y sentimos que el mundo se derrumba delante de nuestros ojos. Parece como que no hay luz, que todo es tinieblas, viento y relámpagos, asaltando nuestra vida y llevándonos hasta el mismo borde de la catástrofe y la desesperanza.

A veces llegamos a un punto donde ya no hay nada. Donde lo único que quisiéramos es morir, y ya no tener que continuar lidiando con nuestra terrible realidad.

La pregunta es: ¿Está Jesús en tu barca? ¿Está tu barca dirigida por el po-der de Dios? ¿O eres tú solo, tratando de resolver todos tus dramas con tus propias fuerzas, al igual que los discípulos tratando de rescatar inútilmente su nave, por su propio esfuerzo?

Cuando pones tu vida en las manos de Jesús, cuando le clamas a él: “Señor, sálvame, que yo no puedo salvar mi barca de que se hunda”, entonces, al igual
que lo hizo aquella noche, él va a levantarse y extender su brazo poderoso y tomar partido en tu situación, cualquiera que sea.

La Biblia asegura: “He aquí que yo soy Yahweh, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27). Y Cristo mismo dijo: “Porque nada hay imposible para Dios.” (S. Lucas 1:37) y repite: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.” (S. Lucas 18:27). Con solo ver la historia en el Mar de Galilea, podemos creer que esto es verdad.

Cuando todo parezca negro y sin esperanza, o mejor aun, antes de llegar a ese punto, vuelve tus ojos a Aquel que todo lo puede, para quien nada es demasiado enredado o difícil. Entonces descubrirás que en realidad Jesús siempre estuvo contigo en tu barca, en silencio, sólo esperando el momento en que reconozcas que tu solo no puedes, y le llames.
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Si tienes una necesidad o un pedido especial de oración, o si deseas estudiar la Biblia en tu hogar, o simplemente necesitas alguien con quien hablar, por favor no dudes en llamarme al 281.791.7531. Mi nombre es Martín.

Cuando Dios Llora

En unos meses Alicia iba a cumplir 16 años, cuando sus padres notaron algunos ganglios en su cuello.
– Te sientes bien, Alicia
– Sí, ¿por qué?
– ¿Qué son esos ganglios?
– No sé.

El doctor tampoco lo sabía, por lo cual ordenó algunos exámenes. El mal que afligía a Alicia era una enfermedad seria que se conoce con el nombre de “linfoma”. Mientras escribo estas líneas, Alicia está sufriendo terriblemente debido a la quimioterapia. Hace apenas cuatro semanas se sentía perfectamente bien, pero el tratamiento casi le quita la vida. Los médicos esperan que esta terapia destruya las células cancerosas. Pero, ¿cuál es la causa por la cual Alicia está sufriendo de esta manera? ¿Por qué sufre la gente inocente? La mayoría de nosotros podría aceptar que el sufrimiento cayera solamente sobre los malvados, pero ¿por qué razón tiene que sufrir la gente buena?

Es la voluntad de Dios

¿Deberían Alicia y sus padres darles la razón a los que sugieren que su linfoma es un reflejo de la voluntad de Dios? Al atribuir a la voluntad de Dios el origen de una enfermedad mortal, estarían indicando el beneplácito de Dios por el deterioro de la salud física. En otras palabras, decir que “es la voluntad de Dios”, es simplemente otra forma de aceptar que “Dios lo quiere así”. De acuerdo con la Biblia en Hebreos 10:7, Jesús se refirió al propósito de su encarnación de la siguiente forma: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Jesús vino para hacer la voluntad de Dios -o lo que él deseaba que hiciese-. ¿Y qué hizo Jesús? ¿Contagió a alguien de lepra, afligió a alguien con la ceguera o causó la sordera de alguna persona? ¡No! Muy por el contrario, él sanó a leprosos, abrió los ojos de los ciegos y curó a los sordos.

Cierto sábado, estando en la sinagoga, Jesús se encontró con una mujer inválida en la sinagoga. Durante 18 años esta mujer había sido humillada por causa de su invalidez. Jesús interrumpió su sermón, y mirándola con misericordia, preguntó: “Y a esta hija de Abrahán, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura…?” (Lucas 13:16). Has notado a quién culpó Jesús por la situación de esta mujer? Fue Satanás quien la había dejado inválida por 18 años.

Pero Jesús vino para mostrarnos la voluntad de Dios. Y, como consecuencia, curó a la mujer. Ciertamente podemos asegurarle a Alicia y a sus padres que Dios es la fuente de toda cosa buena, y que, definitivamente, él no es la fuente de ninguna acción maligna ni de ninguna enfermedad. ¿Cómo podríamos llegar a detestar el mal y deterioro que vemos en nuestro planeta, si seguimos considerando que la causa de todo esto es el mismo Dios Creador?
Dios castiga a los que ama

Algunos cristianos, que sin duda son sinceros, les dicen a personas como Alicia: “Tu eres muy especial para Dios. Dios nunca dedica sus esfuerzos en un material sin valor. Lo que sucede es que Dios quiere perfeccionarte. Cuando tu Padre Celestial haya completado su trabajo, tú serás como el oro refinado en el fuego”.

Eliú, amigo del famoso personaje bíblico Job, conocido por los grandes sufrimientos y la enfermedad que lo llevaron a desear la muerte, dijo más o menos lo mismo. De acuerdo con Eliú, Dios envía sufrimientos no como castigo (como insistieron los amigos de Job, Elifaz, Bildad y Zofar), sino como una disciplina. (Ver Job 33:15-22, 29, 30). ¿Qué piensas acerca de este concepto?

Los padres de Alicia habían notado algunas imperfecciones en ella y como buenos padres la habían disciplinado para que ella creciera honrando el nombre de la familia y fuera de beneficio a la sociedad. ¿Es esto lo que está haciendo Dios con Alicia? Supongamos por un momento que el linfoma ha llegado a perfeccionar el alma de Alicia. ¿Es este un medio apropiado para obtener el efecto deseado? El cuerpo debe ser mantenido en una condición saludable a fin de que el alma pueda disfrutar de salud. Si éste es el caso, ¿cómo puede el linfoma de Alicia causarle perfección a su alma? Un cuerpo enfermo no proporciona una vía hacia el perfecionamiento del carácter. Y si el linfoma de Alicia le fue dado como una forma de disciplina divina, entonces, ¿por qué debe ella someterse a la quimioterapia, con el fin de erradicarlo?

De ser así, entonces los padres de Alicia no debieran de interferir con el castigo inspirado en el amor que Dios quiere impartir a la vida de su hija. Ellos no deberían contrariar los propósitos de Dios. Si verdaderamente los desastres, las enfermedades y la muerte son para perfeccionarnos, todo cristiano ferviente debiera de asistir a Dios en su tarea de perfeccionamiento causando pena, ¡en lugar de aliviarlo! Entonces ya no debiéramos de orar por los enfermos y los que sufren. ¿Te resulta esto lógico? ¿Amará Alicia más profundamente a esta clase de Dios? Ciertamente, esto suena como que se trata de la clase de Dios en el cual Satanás quisiera que creyéramos. Después de todo, ¿qué mejor manera de distorsionar nuestro concepto de Dios que presentarlo como un padre abusivo?

Atrapados en el gran experimento

Hasta ahora, el sufrimiento de Alicia causado por la quimioterapia ha eclipsado el sufrimiento causado por el linfoma mismo. No obstante, su dolor y sufrimiento son terriblemente reales, tan reales que últimamente la han tenido que mantener bajo la influencia de sedantes. Todo esto parece tan sin sentido, tan absurdo. Pero frente a esta enfermedad, los defensores de Dios han propuesto la metáfora de un experimento cósmico entre el bien y el mal, como medio de explicar algo que no tiene sentido, como la enfermedad de un niño, o la muerte de un ser querido.
Alicia sabe que Dios no creó el mal; él creó sólo lo bueno. Lucifer, también conocido como el diablo, y Satanás (traducción del hebreo “adversario”) inventó el mal.

Ella entiende que dentro del concepto del gran conflicto cósmico, Dios podría haber destruido a Lucifer a la primera señal de deslealtad, pero entonces el universo hubiera servido a Dios por temor, no por amor. Así, él permitió que Satanás se embarcara en el gran experimento del mal para que quedara comprobado ante todo el universo que el mal no es bueno. Alicia cree que cuando el universo entero y todo el mundo se convenza de que Dios está en lo cierto y que Satanás está errado, entonces Dios va a terminar con este experimento.

Mientras tanto ella y millones de otros se sobreponen con mucho esfuerzo a una existencia de gran tortura en este mundo -tal como la experimentada por muchas ratas blancas de laboratorio-. Lo que está sucediendo en el interior de este laboratorio del mal no es placentero, pero todo esto contribuye en el logro de un beneficio mayor. Alicia lo reconoce, ¿pero te puedes imaginar cómo le suena ahora todo esto a ella? Probablemente algo así como: Dios empezó un procedimiento para probarse a sí mismo. Satanás ha dicho que Dios es egoísta, que Dios es arbitrario, que Dios es exigente, que Dios no es verdaderamente bueno. Así que Dios le está dando a Satanás la oportunidad de probar su acusación. La verdadera naturaleza de Satanás se está revelando. Lo vemos en los desastres, los crímenes, las enfermedades y en las muertes a nuestro alrededor.

Claramente, el tema de la gran

controversia tiene un poder educativo tremendo. De todas las explicaciones de la existencia del sufrimiento, ésta es probablemente la más razonable. Pero no debemos permitir que nos satisfaga.
Si aceptamos el tema de la gran controversia como una de las mejores explicaciones del mal que ha infestado nuestro planeta, no debemos aceptar el sufrimiento de Alicia como un argumento válido por el simple hecho de estar apoyando una causa noble, a saber, la vindicación del carácter de Dios.

Además ¿cuánto más sufrimiento se necesitará para comprobarles a los seres inteligentes y perfectos del universo que Dios está en lo justo y que Satanás está equivocado? ¿No suena esto más como un autoservicio que Dios se hace al permitir que se perpetúen todas las atrocidades de este mundo, en billones de sus criaturas durante miles de años, solamente para probar el punto de que él tiene razón y que Satanás está equivocado? ¿Qué clase de Dios puede permitir lo que ha sucedido en las últimas 24 horas -sin mencionar los seis mil años pasados desde la creación de Adan- simplemente para demostrar que él, y no algún otro, está en lo correcto?

Al recurrir a las imágenes del gran conflicto para vindicar a Dios en el caso de enfermedades tales como la de Alicia, no podemos simplemente pasar por alto estos sufrimientos con sólo unas cuantas figuras locuaces del lenguaje. Si lo hacemos, estamos chapoteando superficialmente con métodos diabólicos, haciendo el trabajo del maligno.

Hay más

Frecuentemente se ofrecen otras posibles explicaciones a los que sufren. Y como en el caso de estas pocas que hemos explorado brevemente, aquellas también tienen sus imperfecciones, especialmente al aplicarlas a casos individuales. La existencia de desastres, enfermedades, dolor y muerte, permanece siendo un absurdo.

Al considerar la imperfección de tales respuestas, probablemente es mejor no buscar una explicación.

Entonces, ¿dónde realmente está la causa fundamental del origen del mal? Hemos explorado algunas de las explicaciones que se han ofrecido para explicar la vil presencia del mal. Cada una tiene sus méritos, pero cada una también tiene sus serias deficiencias. ¿Cómo podemos evitar caer en el error cuando intentamos defender a Dios en casos de desastres, enfermedad y muerte?  Primero, cuando explicamos el propósito del sufrimiento y la relación de Dios con éste, debemos permanecer sensibles al enigma del mal. Al elaborar teorías para explicar el sufrimiento, el proceso en sí tiende a crear un estado de apatía en los mismos que las desarrollan. No se debe permitir que los argumentos defensivos en favor de Dios que tratan de explicar la existencia del mal adormezcan nuestra sensibilidad moral. El mal, dondequiera que surja, nos debe hacer enojar. El sufrimiento dondequiera que aparezca, debe evocar nuestras más tiernas emociones.

Segundo, para mantener nuestra sensibilidad moral al tiempo que defendemos a Dios y su relación con el mal, debemos implementar constantemente dos criterios. Primero, simpatizar siempre con los que sufren. Debemos tratar de ponernos en su lugar. Debemos sufrir con ellos. No es fácil proyectarse en la situación de otro, pero si no lo intentamos, nos volveremos insensibles, y tarde o temprano, la insensibilidad se transforma en frialdad, y con el tiempo la frialdad se convierte en crueldad. Segundo, siempre debemos considerar nuestras teorías con mente crítica. No debemos enamorarnos tanto de nuestra teología teórica que perdamos de vista sus debilidades inherentes.

Tercero, debemos recordar que Dios no necesita de nuestros insignificantes intentos para defenderlo. Los cristianos frecuentemente se recuerdan a sí mismos que Dios no necesita de su dinero -sin embargo, los mismos insisten en la importancia de una mayordomía fiel-. De la misma manera, necesitamos reconocer que Dios no necesita de los seres humanos para racionalizar su relación con el universo.

Cuarto, necesitamos reconocer que la existencia del sufrimiento es tan inexplicable como la existencia del mal. La mayoría de los cristianos creen que los desastres, las enfermedades y la muerte siguen en alguna forma natural las huellas del pecado (la Biblia enseña que el “pecado” es la transgrtesión de la Ley de Dios, los Diez Mandamientos). No es fácil detectar una relación de causa-efecto en forma directa entre la ingestión de un bocado de fruta en el Edén y los eventos funestos que a diario echan a perder la existencia de nuestro planeta azul. Pero, si hay una conexión -como lo afirma nuestra tradición-, entonces la respuesta a la pregunta del por qué existe el pecado, debe arrojar luz para contestar la pregunta sobre la razón del sufrimiento.

El problema es que el pecado no tiene una explicación lógica. Sencillamente, éste no tiene sentido. Por eso la Escritura lo llama un misterio -el misterio de la iniquidad (2 Tesalonicenses 2:7)-. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado. Verdaderamente, el mal físico que nos rodea es tan extravagante como el mal moral que está devastando nuestro planeta. Querámoslo o no, nuestro planeta ha llegado a ser un teatro de lo absurdo. Si somos genuinamente honestos con nosotros mismos, con otros y con las Escrituras, debemos admitir que nuestras explicaciones son deficientes en cuanto a convicción y persuasión. El mal es un enigma que desafía toda explicación.

Cuando Dios llora

Alicia se encuentra todavía confinada en el hospital. Su fiebre se intensifica. Su infección es imposible de controlar. La quimioterapia todavía la mantiene balanceándose al borde de la vida.
¿Pero qué pasa con el Dios de la Biblia? ¿Dónde está él en este momento de trágico sufrimiento? ¿Qué está haciendo? Se nos proporciona una pista en la experiencia de María y Marta cuando murió su hermano Lázaro. ¿Dónde estaba Jesús? Lo encontramos frente a la tumba de Lázaro. Y “Jesús lloró” (Juan 11:35). A la entrada de la tumba de Lázaro, Dios -en la persona de Jesús- se unió a María y Marta en su dolor para llorar con ellas.

Encontramos la misma situación en el Antiguo Testamento: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:6). Isaías relata que “en toda angustia de ellos él fue angustiado” (Isaías 63:9). Jeremías relata la misma respuesta de parte de Dios: “Por tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre todo Moab haré clamor, y sobre los hombres de Kir-hares gemiré. Con llanto de Jezer lloraré por ti” (Jeremías 48:31,32).

Nuestra condición de hallarnos en medio de la adversidad no sólo conmueve a Dios, sino que también nos anima para descargar “toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Y Pablo es enfático al decir: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38, 39).

La enfermedad de Alicia no implica que Dios la haya abandonado. En su dolor ella no debe preocuparse de que Dios no la quiera. Cuando Alicia sufre, Dios mismo derrama lágrimas. Esto es alentador, pero, ¿es todo lo que Dios hace? ¿Es él un Dios compasivo pero impotente, que retuerce sus manos en frustración mientras llora con conmiseración? ¡No! Volvamos al caso de María, Marta y Lázaro… “Quitad la piedra”, dijo Jesús (Juan 11:39). Después de una breve oración, Jesús, el Dios encarnado, ordenó: “Lázaro, ven fuera” (versículo 43). Y “el que había muerto salió” (versículo 44). Dios hizo más que derramar lágrimas. El venció la muerte y trajo alivio al dolor.

Nuestras aflicciones conmueven a Dios, lo conmueven emocionalmente pero también lo impelen a mostranos su propósito. No siempre podemos ver la evidencia de su poder en el momento del desastre, la enfermedad y la muerte. En su lugar meramente presentimos sus lágrimas. No obstante, el Nuevo Testamento pone en claro el propósito de Dios. Finalmente Dios hará nuevas todas las cosas. (Apocalipsis 21:5). Un día, “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas pasaron” (versículo 4). Me gusta imaginar que cuando Dios enjugue las lágrimas de nuestros ojos, una vez más frotará suavemente también los suyos. Entonces el Dios que lloró, arrojará su divino pañuelo para siempre.

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LA VIDA – Entendiendo realidades

En medio del loco derrotero de esta vida houstoniana, corriendo de un lado para el otro, robándole cada minuto a cada hora, y aun así pareciera ser que las veinticinco horas del día -sí, dije 25- no nos alcanzan. El engaño de las riquezas y la tecnología, que se suponía que nos permitirían optimizar nuestro tiempo y dedicar más espacio a los que amamos, nos entrampa con muchas más ocupaciones que las que teníamos antes.

Ni un momento para detenernos a reflexionar, a observar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi propósito en esta vida? ¿Qué impacto verdaderamente positivo -más allá de mi aporte económico- he tenido en mí mismo y en los que amo? ¿Qué he hecho en estos últimos quince, veinte, treinta años, además de sacrificar mi vida por un negocio o un empleo que en realidad me ha dado tantas preocupaciones como ganancias?

¿Qué has hecho tú por ti mismo, por tu íntimo desarrollo, fuera de comprar ropa, joyas y relojes cada vez más costosos, y que ni por un instante cambian la realidad que ves cada mañana cuando te encuentras frente a tu verdadero “yo” -aquel que nadie más conoce, posiblemente ni aún tu pareja- cuando te miras al espejo antes de vestirte y maquillarte, para recordarte cuán rápida e inexorablemente corres hacia el fin de tu camino?

No te sientas del todo mal. Todos pasamos por el mismo dilema, aunque como dice el dicho, “mal de muchos es consuelo de tontos”. Tarde o temprano -algunos demasiado tarde o quizás nunca-, todos nos hacemos estas preguntas. El problema no es si nos cuestionamos o no. El problema son las respuestas. Generalmente nunca llegan, porque preferimos evadirlas, o estamos tan ocupados atendiendo lo “urgente”, que dejamos a un lado lo “importante”. “Mañana”, pero mañana nunca llega, y así se nos pasan de largo los valiosísimos momentos, los meses, los años, hasta llegar a descubrir que ya es casi demasiado tarde para hacer algo significativo.

¿Es realmente esto lo que esperábamos que sería nuestro paso por este mundo? Francamente… ¿es este el cumplimiento de tus grandes sueños? Olvídate de tu cuenta bancaria, de tus autos y de tus casas y negocios, que al fin y al cabo bien sabes que nada te llevarás contigo. ¿Es esto lo que imaginaste que sería tu vida?

Con frecuencia, respetuosamente pienso en Carlos Slim, quien con toda su riqueza y poder no pudo hacer nada para evitar que se le fuera de las manos la esposa amada, y que con ella se iba su vida misma. ¡Qué no hubiera dado él, hasta su fortuna misma, por retenerla a su lado!

Este no era el plan que Dios tenía para nosotros. En lo absoluto no lo era. La idea era vivir para siempre -si es que eres capaz de concebir algo semejante-, y vivir en abundancia; eso es lo que él tenía en mente para nosotros.

Siempre ha sido mi fascinación el estudio de la mente Divina por medio de la Biblia, porque solamente en ella he podido hallar respuestas reales y lógicas. No la lectura casual y desinteresada, sino el estudio profundo que pueda ofrecerme el conocimiento del Dios creador y sustentador que en ella se manifiesta. Y lo primero que entendí es que este libro no es un libro más. La Biblia, por su mismo origen, guarda en sí misma una fuerza sobrenatural, una sabiduría que trasciende ampliamente la humanidad y un poder capaz de lograr lo que creías imposible. Este extraordinario libro encierra los secretos que generaciones de científicos y genios del pensar humano se desvelaron toda una vida por descubrir, y nunca hallaron, a pesar de tenerlos tan al alcance.

Dice el mismo Dios de sí mismo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8, 9). Y sin embargo, a pesar de esa gran distancia en el nivel de pensamientos, Dios baja a nuestra altura y nos habla en un idioma que podemos entender.

La Biblia guarda los secretos más extraordinarios jamás revelados al hombre, y tiene la respuesta a todas las preguntas más relevantes que jamás puedas hacerte acerca de la vida, y también la muerte, el tiempo y la eternidad, el pasado, el presente y el futuro del mundo y del universo, el bien y el mal, la creación del hombre y de todas las cosas, el matrimonio y la familia, la felicidad, la vida en otros mundos, el infierno, la vanidad de las riquezas, y cientos de temas más de tremenda importancia.

Y al descubrir estas maravillosas verdades, entendemos al mismo tiempo la mente de su Autor divino, y terminamos descubriendo que Dios es un ser amante y maravilloso, profundamente interesado en ti, en tu vida, en tu bienestar y en tu futuro.

Entender la Biblia y conocer a Dios no está reservado a un grupo selecto de sabios, sacerdotes y teólogos. Es mi pasión el ahondar en el conocimiento de Dios a través de su Palabra, y quiero ponerme a tu disposición para compartir este conocimiento contigo. Siéntete libre de llamarme o enviarme un email. Va a ser un placer escuchar de ti: publisher@houstonlatinos.com – 713.758.0550.

 

Reflexión

El notable incremento en los terremotos y desastres naturales conforman claras señales enviadas por Dios de la aproximación del gran terremoto que marcará la apertura del 7º sello de Apocalípsis capítulo 8.

Que nadie crea ni por un instante que estas cosas son resultado de los caprichos de la naturaleza. Dios se vale de instrumentos naturales para hacerle saber al hombre que su tiempo se está acabando rápidamente. Y esto es enfáticamente presentado en los libros proféticos de la Biblia.

Es un hecho claramente reconocido que Dios va abriendo el entendimiento de sus hijos a las Escrituras según el momento histórico por el que pasa la humanidad, basado en su necesidad de entender ciertos pasajes de la Biblia.

Por ejemplo, el libro de Daniel es cerrado y sellado, y por ello el angel le dice” “Anda Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. Aun y con todo el tremendo conocimiento que Daniel tenía de Dios y de sus misterios, él no podía entenderlo todo, porque Dios lo había velado. Ciertas cosas que él vio en visión no eran verdad “presente” para su tiempo, y por lo mismo, no las podía entender. Por ello encontramos a Daniel en varias ocasiones pidiéndole al angel que le explicara estas cosas que él no podía entender (ver Daniel 12:4 y 8 al 10).

Lo mismo es verdad para la iglesia durante todos los tiempos. En los días de Jesús, aunque había mucho mayor conocimiento que en tiempos de Daniel 600 años antes, todavía mucho de la Escritura no era comprendido. Igualmente es esto cierto en el nivel de conocimiento en 1790, comparado con el conocimiento en 1840, apenas 50 años más tarde. Y ni qué decir del conocimiento en 1840 comparado con el de 1920, apenas dos generaciones más adelante.

Hoy, ya en 2014, mucha nueva luz ha sido derramada sobre el pueblo de Dios, y aquellos que toman un interés en entender las Escrituras y las profecías. Hoy, TODOS, tanto ministros como miembros laicos de las iglesias, tenemos la responsabilidad de mantenernos constantes en el estudio y actualización de lo que Dios va revelando a sus hijos. Lo que los ministros aprendieron en la universidad o el seminario hace 10, 20 o 30 años atrás no es suficiente. Esa información es en muchos casos anacrónica y desactualizada.

Están sucediendo acontecimientos muy asombrosos y anormales en el mundo, como terremotos (todas las semanas se registran en lugares extremos y opuestos de la tierra), tsunamis, meteoritos, tornados y huracanes (o tifones), conflictos armados, un papa que renuncia a su cargo y es reemplazado por el primer papa jesuita, americano e Hispano en la historia de la iglesia; degradación moral extrema, asesinatos por doquier, muchachitos casi niños portando armas y matando sin escrúpulos en las escuelas, cambios climatológicos extremos, por mencionar sólo un puñado de cosas que hemos visto tan solo en 2013, son cosas que claramente y a gritos nos muestran que algo grande y catastrófico está a punto de suceder. Todo el mundo está entendiendo esta realidad.

El espantoso y devastador tifón en las islas Filipinas debiera de dar de por sí solo una fuerte señal de alarma de que algo de magnitudes catastróficas mundiales está por acontecer.

Las profecías de Daniel 12 y Apocalípsis (muy especialmente del capítulo 8 en adelante), deben ser estudiadas y entendidas por cada uno de nosotros. De no ser así, vamos a ser sorprendidos como lo fueron los judíos en Jerusalén en el año 70, cuando por no poner atención a las palabras de Jesús, fueron muertos horriblemente, y lo peor de todo, posiblemente en su gran mayoría sin esperanza de salvación eterna. ¡Qué tragedia! Si tan sólo hubieran puesto atención a las palabras de Cristo y sus advertencias, su destino hubiera sido tan distinto, como lo fue el de aquellos cristianos que sí obedecieron y huyeron de la ciudad cuando vieron las señales anunciadas por el Señor.

Que Dios mantenga en nuestro corazón un profundo deseo de estudiar su Palabra en este momento histórico de profunda reflexión. Si tal es tu deseo y deseas entender el desarrollo profético que está pasando ante nuestros ojos, y que claramente anuncia el regreso inminente del Señor Jesús, te invito a que me llames para compartir contigo o tu iglesia el mensaje solemne de la profecía Bíblica. El libro de Apocalípsis está lleno de verdades tremendamente actuales e importantes para tu futuro y el de tu familia que debes entender hoy. Puedes llamerme al 713 793-6353.

 

El Debate del Siglo XXI

El fascinante poder de las tradiciones humanas:
Análisis de uno de los temas más debatidos del siglo XXI.

Por Martin Gondra

Increíblemente, y como es normal en el ser humano, hacemos infinidad de cosas sin detenernos a analizar qué es lo que estamos haciendo, ni por qué lo estamos haciendo. Simplemente lo hacemos porque así lo aprendimos. A menudo desde niños –cuando uno no tiene el derecho ni la capacidad para cuestionar nada-, vemos que nuestros padres y abuelos lo hacían, y la tradición se refuerza aun más cuando vemos a todos a nuestro alrededor caer en el mismo círculo vicioso y hacer todos por igual una misma cosa, sin que nadie se detenga a pensar en ello.

Y es allí, cuando tomamos un momento para analizar y comenzamos a preguntarnos las cosas, que extraordinarias revelaciones comienzan a aparecer delante de nuestros ojos.

Sin duda una de las más fascinantes es ¿De dónde salió esta semana de siete días? ¿Por qué siete días y no cinco, seis o diez?

Todos los períodos de tiempo aceptados y usados por el hombre de manera universal y cotidiana están basados en explicaciones lógicas y científicas de la astronomía: El día de 24 horas es el tiempo que la tierra demora en dar un giro o rotación completa sobre su propio eje meridiano. En realidad, demora exactamente 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. El mes es el tiempo aproximado que la luna demora en dar una vuelta alrededor de la tierra. El año, por su lado, es el tiempo que la tierra demora en dar una vuelta completa – o traslación – alrededor del sol. Este fenómeno astronómico demora exactamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45.25 segundos. Es por ello que cada cuatro años debemos agregar un día al mes de febrero (normalmente de 28 días), para compensar por el exceso de casi 24 horas exactas que se acumula cada 4 años (5 h, 48 m, 45.25 s X 4).

La semana, curiosamente, no tiene ninguna explicación astronómica. ¿De dónde entonces salió el ciclo semanal? ¿Por qué una semana de 7 días? ¿Por qué no de 5, 6, 10 o de 12 días?

Dios mismo fue quien decidió que la semana fuese de 7 días, cuando al crear el mundo y todo lo que hay en él en 7 días, allí mismo estableció el ciclo semanal, tal y como está claramente registrado en la Biblia: ”Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” – Génesis 2:1-3

Desde hace aproximadamente 6000 años que existe el registro de la creación del mundo, y hasta la fecha, la semana ha permanecido intacta. Ni una sola vez este ciclo de siete días ha sido quebrantado.

Los historiadores han intentado rastrear los orígenes de la semana y han alcanzado llegar hasta tiempos inmemorables como las antiguas civilizaciones babilónica, india, persa y romana, entre otras, pero obviamente llegan hasta donde los simbolismos de la escritura comenzaron a existir. Estos registros muestran que el ciclo semanal de siete días no es necesariamente hebreo. Y en realidad no es de extrañarse que existan registros de la semana en culturas tan distintas y tan antiguas, porque en última instancia toda la raza humana desciende de la misma primera pareja de seres humanos, creados en la misma primera semana, y la costumbre de reconocer los siete días de la semana se pasó y propagó por toda la faz de la tierra de generación en generación y de raza en raza, hasta nuestros días.

Es muy interesante notar como lenguas antiquísimas, como por ejemplo la griega, aún hoy en día siguen llamando a los días con el número de su orden, con la excepción del primer día o “kyriakí“, y el sábado o “sávato“, mientras que a los demás días llaman por su número, comenzando por el lunes o “segundo día”. El viernes se llama “paraskeví“, o “día de preparación”, que es el día que desde la antigüedad se emplea para hacer los preparativos para guardar y honrar el séptimo día del “sávato“.

En Brasil y Portugal, con el portugués, al igual que en otros idiomas, ocurre lo mismo. El domingo es “domingo”, pero el lunes es “segunda-feira”, el martes “terca-feira” y así hasta el viernes o “sexta-feira”, para terminar con el séptimo día o “sábado”. En árabe también se numeran los días de 1º a 6º, excepto el sábado. Y por supuesto los hebreos, que han preservado el orden bíblico escrito desde 1500 años antes de Cristo, numeran los 6 días (1º, 2º, 3º, etc.) y terminan con el séptimo día o “shábat” (sábado).

Tanto fue la intención de Dios de presenvar el séptimo día de la semana como un día especial, santo, dedicado para un uso sagrado, que lo incluyó como parte de los Diez Mandamientos. Este es otro punto donde la tradición nos lleva a hacer cosas como honrar eo domingo que no aparece en ninguna parte de las Sagradas Escrituras como santo, haciendo a un lado el sábado del 4º mandamiento, que dice así:

“Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es sábado para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día sábado y lo santificó.” – Exodo 20:8 y Deuteronomio 5:12-15

Está claramente establecido que la semana de 7 días existe desde que existe el mundo, y Dios la ha preservado intacta por todas las edades. Y no es de sorprender que así sea, porque ”Dios bendijo al séptimo día y lo santificó” (Génesis 2:3), y de la única forma que el séptimo día podría preservarse bendecido y santo por los siglos es que el resto de la semana se mantuviera intacto.

Es por ello que la Biblia afirma en Isaías 66:22, 23, hablando de la eternidad cuando Dios establezca su nuevo reino, que ”como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.” Si Dios planea preservar la santidad del sábado por la eternidad, entonces obviamente no puede ser interrumpido en ningún momento.

La Ley de Dios es eterna, y el sábado de la semana de siete días de su Cuarto Mandamiento, también lo es, y seguirá siendo guardado y honrado por las edades sin fin.

El domingo fue introducido a la cristiandad por el emperador romano, Constantino el Grande, el 7 marzo del año 321, y luego corroborado en el Concilio de Nicea en el 325, y posteriormente en el Concilio de Laodicea.

El Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, artículo: ‘Domingo’, dice: “El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observancia del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del sábado judaico.

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Emperador Constantino “El Grande”, quien cambió la santidad del día de reposo del sábado del cuarto mandamiento (vea Exodo 20:8 y Deuteronomio 5) al “Día del Sol” (Sun Day) pagano de Roma en el año 321. Este cambio fue adoptado por el papado y siglos más tarde heredado por todas las iglesias protestantes.  Esta tradición se conserva hasta la fecha por la vasta mayoría del mundo cristiano.

 

La enemistad generalizada en Europa y Asia contra el judaísmo facilitó que la cristiandad ya paganizada aceptara sin objeciones este cambio a fin de no ser confundidos con los judíos y los cristianos provenientes del judaísmo al guardar el mismo día de reposo. Recordemos que los cristianos salieron con Cristo y los apóstoles de los judíos, y por lo tanto tenían casi exactamente las mismas tradiciones y costumbres nacionales, por lo que era difícil distinguir unos de otros.

Aunque no puede precisarse con exactitud su fecha (se calcula que se llevó a cabo entre el 343 y el 381) el Concilio de Laodicea fué otro fuerte empuje hacia el cambio en el día de reposo; el Canon 29 lee así: “Los cristianos no judaizarán y estarán ociosos el sábado, sino que trabajarán en ese día; pero honrarán especialmente el día del Señor, y, siendo cristianos, no trabajarán, en lo posible, en ese día. Si, de cualquier modo, se los hallare judaizando, serán excluídos (excomulgados) de Cristo.” – Carlos José Hefele, en A History of the Councils of the Church (Una Historia de los Concilios de la Iglesia), tomo 2, ed. Inglesa, 1896, pág. 316.

Curiosamente, en varios idiomas incluyendo el inglés, el domingo continúa llevando hasta la fecha el nombre de “Día del Sol” (Sun-day), tal y como lo honrara el paganismo romano.

Cristo, que muy bien entendía el efecto de la costumbres y tradiciones humanas, dijo: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” – S. Mateo 15:7-9

Para un estudio más profundo acerca del sábado y el domingo, visita www.ElSabado.org.

Si tienes preguntas acerca de este artículo, envía un email a Publisher@LaBibliaEterna.org.

Para conocer acerca de otros estudios de la Biblia, visita www.LaBibliaEterna.org.

 

¿Es la Biblia aún relevante en el siglo XXI?

 

Todos los años se escriben y publican decenas de miles de libros, muchos de los cuales incluso se convierten en “Best-Sellers”. Sin embargo, La Biblia es, aún y muy especialmente en la década de 2010-2020, la única fuente legítima de explicaciones y respuestas válidas a los estremecedores acontencimientos que están sacudiendo al mundo. De hecho, la Biblia misma anunció y predijo con exactitud y detalles escalofrienantes los sucesos que están ocurriendo a nuestro alrededor, y los que se avecinan.

La Biblia dice de sí misma que es “eterna”, y que es inspirada por Dios. Y si bien es cierto que fue escrita por hombres guiados por la mente infinita del Creador –excepto los 10 Mandamientos que fueron escritos personalmente por la misma mano de Dios (Exodo 31:18, 32:16 y 34:1)-, no existe en toda la Biblia un solo concepto, una sola enseñanza, un solo pensamiento, una sola frase, que no lleve el sello de la Divinidad, y esto la convierte en una obra que trasciende el tiempo, las culturas, las nacionalidades y los idiomas.

La Biblia esconde los secretos más extraordinarios jamás revelados al hombre, y tiene la respuesta a todas las preguntas más relevantes que éste pueda hacerse acerca de la vida y la muerte; el orígen del mal y el sufrimiento; el pasado, la realidad presente y el futuro; el bien y el mal; la existencia de un mundo espitirual; el destino del mundo y del universo; el tiempo y la eternidad; la creación del hombre y de todas las cosas; la vida en otros mundos; el matrimonio y el hogar; las relaciones entre las personas; la justicia, la paz, el gozo y la felicidad; la virtud y la debilidad; la salud; los alimentos; la ciencia verdadera; la muerte y el infierno; las riquezas; y cientos de miles de temas más de tremenda relevancia.

Y al descubrir las maravillosas verdades de la Biblia, entendemos al mismo tiempo la mente y el carácter de su Autor divino, y terminamos descubriendo que Dios es un ser maravilloso y profundamente interesado en ti, en tu vida, en tu bienestar, y en tu futuro.

Entender la Biblia no está reservado a un grupo selecto de sabios, sacerdotes y teólogos. Dios reveló los más profundos misterios para beneficio de todos los seres humanos, y todos podemos entenderla. La Biblia dice que “el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no se perderá” (Isaías 35:8). Esto quiere decir que la revelación puede llegar con claridad a cualquier mente que la busque.

Permítenos presentarte un análisis objetivo, profundo y claro de las increíbles revelaciones de la Biblia, sin ninguna tendencia religiosa ni personal. En LaBibliaEterna.org vas a poder encontrar la revelación y respuesta a muchas de tus preguntas, tal y como fueron dada por Dios en la Biblia, sin ninguna opinión subjetiva ni caprichosa. Aquí descubrirás poderosas verdades, las cuales podrás verificar con tu propia Biblia, y sacar tus propias conclusiones.

 

Y si deseas un estudio personal en tu casa con tu familia o amigos, llama al 1-800-326-4998.

La suerte y el Exito

El éxito en la vida, en cualquiera de sus formas, y en cualquiera de las áreas en que podamos concebirlo, es el resultado de nuestro esfuerzo consciente y esmerado. Nadie que se gane el Super Lotto puede decir que ha triunfado ni mucho menos que es una persona de éxito.

El éxito se logra, no se hereda, ni se toma prestado, ni se compra, ni se encuentra en una vuelta afortunada de la vida. El éxito es un estado de auto-satisfacción que se vive al haber alcanzado lo que individualmente para cada uno representa haber tenido éxito. Por ello, repito, el exito lo logra uno con su propio esfuerzo. Una persona que realmente tiene éxito en lo que le importa, generalmente no reconoce haber obtenido todo el éxito que espera o desea tener. Usualmente nos ponemos metas difíciles de alcanzar, y que ponen el éxito casi siempre en una etapa futura y hasta distante.

Sea que hayamos logrado el éxito parcial o totalmente, o que no lo hayamos logrado en lo absoluto todavía, todos seguramente coincidimos en una cosa: “Yo soy responsable de lograr mi propio éxito”. Si yo me cruzo de brazos y me siento a esperar a que algo ocurra con mi vida, así me quedaré, esperando. Cuanto más actúe, cuanto más esfuerzo consciente ponga en lo que deseo lograr con mi vida y hacer de ella, tanto más cerca estaré de alcanzarlo.
Permíteme introducir un nuevo elemento fundamental del éxito: “La Suerte”. Y no me estoy refiriendo a ganarse la lotería. Ya dijimos que ese tipo de suerte de ningun modo nos da la satisfacción de sentirnos realizados. Pero sí es indudable que existe una clase de “suerte” que facilita el camino de algunas – o muchas – personas.

Por ejemplo, si yo me empeño arduamente en realizarme profesionalmente, pero nadie me ofrece una buena oportunidad de desenvolverme, seguiré tan fracasado como si nunca hubiera estudiado nada.
En los países Latinos esta situación de “falta de suerte” (aunque sería más acertado decir “oportunidad”) es muy común, donde encuentras personas que han estudiado una carrera profesional que les demandó años de sacrificios de toda clase, para terminar manejando un taxi del que ni siquiera son dueños.

La “suerte”, o el “destino”, o como tú prefieras llamarlo, nos guste aceptarlo o no, es una realidad que nadie en su sano juicio puede negar o ignorar.

Personalmente, yo prefiero llamarlo por su verdadero nombre (que soberbia la mía de asumir que yo sí sé su verdadero nombre): ”Dios”.

Dios, el Creador del universo, del mundo y del hombre. Dios gobierna en todo el universo; y la tierra, aún con su contaminación por nuestra transgresión a sus leyes, es aún de su propiedad, y está bajo su dominio.
Ningún ser humano, ni grande ni pequeño, ni famoso ni insignificante, ni rico ni pobre, ni fuerte ni débil, ni sano ni enfermo, ni bruto ni inteligente, ni blanco ni amarillo, ni hombre ni mujer, ni católico ni mahometano, escapa a la realidad de que si vive en este mundo, vive bajo el gobierno absoluto de Dios, y, lo crea o no, lo acepte o no, le guste o no, bajo sus reglas y leyes.

Estas reglas y leyes son las que nos acercan o nos alejan de Dios, y el acercarnos o alejarnos de él juega un papel fundamental en alcanzar lo que erróneamente llamamos “Suerte”.

Pero sin embargo, esto no lo es todo ni es así de sencillo. Dios no es un aparato que reacciona según aprietes los botones correctos como en una computadora. Dios no funciona así. Dios tiene personalidad propia, y no importa cuánto te esfuerces por lograr el favor de Dios, él te lo va a proporcionar – de ello no hay duda – pero no necesariamente como tú lo quisieras ni en el momento en que tú lo esperas.

Hay un dicho popular que afirma que Dios dice en la Biblia: “Ayúdate que yo te ayudaré”. Seguramente las has escuchado. Estas palabras no las va a encontrar en ninguna parte de las Sagradas Escrituras, simplemente porque no son ciertas. No importa cuanto “te ayudes”, es decir, cuanto te esfuerces por lograr algo, Dios no necesariamente va a ayudarte por ello. Si contar con la ayuda de Dios dependiera de mis esfuerzos por ayudarme a mí mismo, todos los egoístas del mundo tendrían a Dios de su lado y serían ricos. Esto no es así. No importa cuánto tú madrugues, no por ello Dios te va a bendecir y prosperar en lo que hagas. “A quien madruga Dios lo ayuda” es otro buen disparate popular.

Afortunadamente, la ayuda de Dios no depende de ninguna de estas cosas. De hecho, la Biblia sí dice claramente: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Qué palabras tan tremendas. Aquí el sabio Pablo nos enseña una gran lección: no importa cuánto yo desee el éxito, ni cuánto yo me esfuerce por alcanzarlo; si Dios no me lo quiere dar – al menos del modo que yo lo deseo – definitivamente, no lo voy a conseguir.

Si no me crees, mira a tu alrededor. Hay personas buenas y sabias que parecieran merecer lo mejor, y sin embargo, no lo tienen. Hay, por otro lado, hombres y mujeres malos, avaros y egoístas, que parecieran no merecerse nada bueno, y sin embargo lo tienen todo. Una realidad para muchos con frecuencia desconcertante y aparentemente injusta.

Y también hay otro grupo de personas buenas que alcanzan su realización en la vida como la merecen, y hay personas malas que de una u otra forma son infelices y pagan su propia maldad o torpezas.

Nadie dijo que la vida sería justa, ni simpática. No lo es. Pero tampoco es tan horrible. La vida nos ofrece por si sola toda la evidencia de que Dios creó al hombre para vivir, y para vivir en abundancia. Y si nos creó para vivir, no nos creó entonces para morir.

Esto abre entonces la esperanza de la vida. De hecho, Dios ofrece la vida, esto es, la vida sin fin o “vida eterna” – como la llama la Biblia -, a través de Cristo. Pero esto es otro tema, que tú mismo tienes la responsabilidad y el privilegio de poder estudiar y considerar.

El punto, y lo cierto hoy, es que nosotros no tenemos la capacidad para comprender por qué Dios permite que las cosas ocurran del modo que suceden. Solamente podemos y debemos confiar en que Dios puede ver el fin desde el principio, y por lo tanto tiene el conocimiento y la sabiduría necesarias para decidir cómo manejar este mundo, tu vida y la mía.

Pero regresando a nuestro tema, todo lo dicho añade un elemento muy real y poderoso en el cumplimiento de nuestro destino, y que nada tiene que ver con nosotros mismos, ni con nuestra inteligencia, ni con nuestros estudios, ni con nuestra salud, ni con nuestra fortaleza, ni con nuestros esfuerzos, ni con nuestras oportunidades: “Dios”: nuestra “suerte” y nuestro “destino”.

¿Quiere decir esto que no hay nada que yo pueda hacer por dirigir mi propia vida, por determinar mi propio futuro? De ninguna manera. Tu destino está, finalmente y en última instancia, en tus propias manos.
Pero una cosa que esto sí quiere decir es que si pones tu destino en las manos de Dios, las posibilidades de lograr el éxito en la vida son ampliamente mayores. Tu “suerte” ya no será “azar”, sino “providencia”, una palabra que hace toda la diferencia del mundo. La providencia es mi ‘suerte’ o ‘destino’ manejado magistralmente por Dios, aunque yo no pueda comprenderlo, ni siquiera aún aprobarlo.

Por ello es tan importante que cada mañana, cuando nos disponemos a comenzar nuestro día, recordemos que tan importante como proponernos hacer nuestro mejor y mayor esfuerzo en todo lo que emprendamos, debemos incluír a Dios en nuestros planes. Si descuidamos esto, nuestro éxito será simplemente una cuestión de azar y las “estrellas” como dicen los ignorantes en la televisión y la astrología. Por el contrario, si lo reconocemos cada mañana al mismo tiempo que nos esforzamos por hacer y ser lo mejor que podamos, nuestro destino y nuestra suerte estarán en buenas manos, y cambiarán radicalmente.

¿Y que hubo del éxito?

Dice Dios en su Palabra, la Biblia: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremias 9:23, 24).

¡Qué bueno es saber que el éxito está disponible para todos!

 

Terremoto tras Terremoto

¿Cuál es el mensaje”

Solamente en los últimos 30 días han habido temblores arriba de 6.0 grados en Rusia, Argentina, México, Gustemala, Indonesia, Filipinas, Japón, Nueva Guinea y al oeste de Australia.

Muchos de estos temblores no salen en las noticias sino como un breve comentario, ya que no han causado mayores daños y pocas muertes (65 en China, comparado con los miles que murieron en Haití hace dos años).

LaBibliaEterna.org está suscrita al USGS (USA Geological Survey) – http://earthquake.usgs.gov/regional/neic/) que nos envía detallados emails cuando se produce un terremoto arriba de la escala de 6.0, lo cual nos permite estar muy bien informados acerca del alarmante número de terremotos que está sucediendo por todas partes del planeta y con creciente frecuencia. Todo pareciera estar anunciándonos que en cualquier momento se producirá “el Grande”, del que tanto se ha hablado por años y muy temido -especialmente en California-.

Para aquellos que creemos en la Biblia, estas no son otra cosa sino claras señales enviadas por Dios de la aproximación del Gran Terremoto que marcará la apertura del 7º Sello de Apocalípsis capítulo 8, tan ciertamente como el devastador terremoto de Lisboa fué el anuncio en 1755 de que el 6º sello había sido abierto.

Es un hecho claramente reconocido que Dios va abriendo el entendimiento de los hombres a las Escrituras según el momento histórico por el que pasan, basado en la necesidad de entender ciertos pasajes de la Biblia pertinentes a ese momento. Por ejemplo, el libro de Daniel fué cerrado y sellado por el angel diciéndole” “Anda Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Daniel 12:4, 9). Aun y con todo el profundo conocimiento que Daniel tenía de Dios y de su voluntad, y de los pocos escritos sagrados existentes en su época, él no pudo entender ni aún su propia revelación. Por ello lo encontramos en varias ocasiones pidiéndole al angel que le explicara estas cosas que él no podía entender, y la respuesta era que estas cosas no serían entendidas hasta el tiempo del fin.

Lo mismo es verdad para la iglesia durante todos los tiempos. En los días de Jesús, aunque había mucho mayor conocimiento que 600 años antes, todavía mucho de la Escritura no era aun comprendido, y Cristo, quien conocía muy bien los secretos de Dios, nunca habló de estos misterios, ya que ese no era el momento de revelarlos. Igualmente es esto cierto en el nivel de conocimiento en 1790, comparado con el conocimiento en 1840, apenas 50 años más tarde. Y ni qué decir del conocimiento en 1840 comparado con el de 1920, apenas dos generaciones más adelante.

Hoy, en 2013, mucha nueva luz ha sido arrojada sobre los estudiosos de la Biblia, en cumplimiento a lo que en el plan maestro de Dios debía ser entendido en estos días finales de la hisoria de este mundo. Hoy todos, tanto pastores y sacerdotes como miembros laicos de las iglesias, tenemos la responsabilidad de mantenernos constantes en el estudio y actualización de lo que Dios va revelando a sus hijos. Lo que los pastores aprendieron en el seminario y la universidad hace 10, 20 o 30 años atrás no es suficiente. Esa información en muchos casos es anacrónica y desactualizada.

Están sucediendo acontecimientos muy asombrosos y anormales en el mundo – además de terremotos -, tales como tsunamis, meteoritos, tornados y huracanes, conflictos armados, un papa que renuncia y es reemplazado por el primer papa jesuita en la historia de la iglesia -además de ser americano e hispano-, lo cual es muy significativo. Degradación moral extrema (países por todos lados aprobando como ley el matrominio homosexual), asesinatos por doquier, muchachitos casi niños portando armas y matando sin escrúpulos en las escuelas, cambios climatológicos extremos, por mencionar sólo un puñado de cosas que hemos visto tan solo en los últimos meses, son cosas que claramente y a gritos nos muestran que algo grande y catastrófico está a punto de suceder.

Las profecías de Daniel 12 y Apocalípsis (muy especialmente del capítulo 8 en adelante), deben ser estudiados, y entendidos por cada uno de nosotros. De no ser así, vamos a ser sorprendidos como lo fueron los judíos en Jerusalén en el año 70, cuando por no poner atención a las palabras de Jesús, fueron muertos horriblemente, y lo peor de todo, posiblemente en su gran mayoría sin esperanza de la vida eterna. ¡Qué tragedia! Si tan sólo hubieran puesto atención a las palabras de Jesús y sus advertencias, su destino hubiera sido tan distinto, como lo fue el de aquellos cristianos que sí obedecieron y huyeron de la ciudad cuando vieron las señales anunciadas por el Señor.

Terribles acontecimientos está a punto de suceder en la tierra, en claro cumplimiento de profecías de la Biblia que sabemos que sin falta se van a cumplir.
Que el Señor ponga en nuestro corazón un profundo deseo de estudiar la Biblia y entender las señales y acontecimientos del tiempo presente, antes de que nos caigan por sorpresa.

Los Editores

LaBibliaEterna.org

Para preguntas o solicitar un estudio de las profecías aquí en Houston, por favor llama al 1-800 326-4998, o envíame un email a Contactanos@LaBibliaEterna.org