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¿Están aún vigentes los Diez Mandamientos?

Todo el sistema legal de los países de occidente, y de hecho de la mayor parte del mundo, están basados en el derecho romano. Este, por su parte, fue estructurado sobre la plataforma del derecho judaico, y muy específicamente los Diez Mandamientos y las leyes civiles entregadas por Dios a Moisés hace 3500 años. Sin embargo, la pregunta es: “¿Está la Ley de Dios aún en vigencia?”

La respuesta es clara y fácil de comprender:

El 95% de los hispanos en todo el continente americano y en los Estados Unidos, somos cristianos y creemos en Dios y en Jesucristo su Hijo, y aceptamos y reconocemos la Biblia como su Santa Palabra inspirada, y como la fuente máxima de toda autoridad, aún por encima de cualquier autoridad humana.

Estando todos de acuerdo en esto, daremos respuesta a la pregunta de este artículo: “¿Están aún vigentes los Diez Mandamientos?”, y lo haremos empleando la Biblia y sólo la Biblia, y así tendremos la seguridad de encontrar una respuesta verdadera, de origen divino, y no basada en filosofías ni tradiciones de hombres. Esta será sin duda será una lectura altamente reveladora e inspiradora, y quiero invitarte a que la inicies con una breve oración en que le pidas a Dios que abra tu entendimiento, y te de el discernimiento para comprender lo que hoy Dios te va a mostrar:

LA LEY DE DIOS FUE DADA PARA TODA LA HUMANIDAD HACE 6000 AÑOS

Lo primero que debemos dejar sentado es que la Ley de Dios existe desde que existe el mundo. El primer mandamiento dado por Dios al hombre, se lo entregó en el sexto día de la creación, cuando Eva le fué dada a Adan como esposa, y así quedó establecida la institución y santidad del matrimonio. El séptimo mandamiento, “No cometerás adulterio”, fué tácitamente instituído con el mismo primer matrimonio de este mundo. Y con este acto Dios completó su obra creadora, en seis días.

Al día siguiente, el séptimo día de la creación, Dios ya no creó nada material, sino que consumó su creación mediante un séptimo día, un período de tiempo que separó aparte como especial y santo para celebrar y conmemorar la creación de este mundo y todo lo que hay en él. Y de esta manera, el séptimo día forma parte esencial de la primera semana, donde sella el ciclo completo de su creación. Dice la Biblia: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” (Génesis 2:1-3).

En este acto y con estas palabras, Dios le entregó al hombre el que luego sería el cuarto de los Diez Mandamientos, el referente al día de reposo. Y con este mandamiento quedó también establecido que Dios bendijo, santificó y apartó este séptimo día de sábado para la adoración.

Tiempo después, con la muerte de Abel a manos de su hermano Caín -los dos primeros hijos de Adan y Eva-, la condenación de Dios sobre Caín muestra que ya existía una clara conciencia de que el mandamiento que decía “No Matarás”, tenía completa vigencia y era conocido por todos.

Así, Dios entregó a Adan y a su mujer, los padres de la raza humana, todos sus Diez Mandamientos. De hecho, la des-
trucción del mundo por el diluvio 1656 años después de la creación (2344 a.C.), demuestra que habían leyes que regían la conducta humana, y por su desmedida transgresión Dios dispuso acabar con todo ser viviente, con la excepción de Noé y su familia.

LA LEY DE DIOS NO FUE DADA SOLAMENTE A LOS JUDÍOS

Dos milenios más tarde aparece Abraham, y en 1804 a.C., Dios declara que “oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5). En este pasaje la Biblia deja definitivamente confirmado que los Diez Mandamientos, al igual que otras leyes y ordenanzas dadas por Dios, habían sido dados y estaban vigentes para toda la raza humana, 200 años antes de que existiera el primer judío. Es muy importante aclarar esto, porque algunos creen que los Diez Mandamientos, que en el 1445 a.C. fueron dados a Moisés por escrito, eran sólo para los judíos. Esto no es cierto en ninguna manera. Abraham guardaba ya los Mandamientos mucho antes de que su viznieto Judá (literalmente el primer judío) hubiera siquiera nacido. Nótese que los judíos son los descendientes de Judá y sus hermanos. Entonces es más que evidente que la Ley de Dios no fué dada a un pueblo en particular, sino a toda la humanidad.

Y esto tiene mucho sentido, porque la Biblia habla innumerables veces de un juicio en que será definido el destino eterno de cada ser humano que haya pasado por este mundo, y de la única forma que este juicio pueda llevarse a cabo, es si hay una ley. Si no hubiera una ley uniforme y pareja para todos los seres humanos, no habría forma de juzgar de manera equitativa quien se salva y quien no. Santiago, medio hermano y uno de los apóstoles principales de Jesús, confirma el principio de que la Ley de Dios será la medida universal para el juicio, declarando a todo creyente de la Biblia: “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

Por otro lado, tanto el apóstol Pablo como Juan, declaran que el pecado sólo puede ser dentificado y definido por la Ley:

“Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

“Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).

Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1º de Juan 3:4).

Es decir, la Ley de Dios define y traza la línea separatoria el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno y lo que no lo es.

Los Diez Mandamientos fueron dados a Moisés, en forma escrita, en el monte Sinaí. Hasta este momento el co-
nocimiento de las leyes divinas era transmitido de generación en generación de manera verbal. Similar a como ocurre hoy en día. Todos sabemos -por ejemplo- que robar no es permitido. Nadie nos dió una hoja de papel que nos enseñara esto, ni nos lo enseñaron en una clase formal de moral en la escuela. Todos lo aprendimos de nuestros padres, y estos a su vez de los suyos, generación tras generación. Asimismo ocurrió por siglos desde la fundación del mundo. Pero llegó un momento cuando Dios decide entregar a la raza humana su Ley por escrito, para que nadie tenga la más mínima duda de cuáles son las 10 leyes fundamentales que habrían de regir la conducta humana.

Los Diez Mandamientos se conforman de cuatro leyes elementales que marcan la relación del hombre con Dios, y seis leyes que marcan la relación del hombre con su prójimo. Si toda la humanidad respetara estos Diez Mandamientos, estas diez normas perfectas de conducta, hoy viviríamos en un mundo de paz, armonía y seguridad. Lee y analiza en la página anterior los Diez Mandamientos de Dios, y entenderás que nada escapa a su alcance.

LA ESCRITURA DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS
DIRECTAMENTE POR LA MANO DE DIOS

Es interesante notar que toda la Biblia fue inspirada por Dios. Esto lo establece el apóstol San Pablo cuando declara que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2º de Timoteo 3:16). Esta declaración confirma que la Biblia entera es la Palabra de Dios comunicada al ser humano a través de profetas y otros escritores, todos comisionados e inspirados por él para traernos un mensaje de esperanza y un perfecto plan de salvación, con la promesa de vida eterna para todos aquellos que acepten a Cristo y le obedezcan.

Sin embargo, hay una porción, un solo pasaje en toda la Biblia, que fue escrito directamente por Dios, con su propia mano. Es decir, en éste pasaje no existe la intervención del ser humano. Fué escrito exactamente como fué concebido en la mente de Dios, y usando exactamente las palabras que él deseaba usar; estos son los Diez Mandamientos. Dice la Biblia: ” Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Exodo 31:18).

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La Biblia reitera: “Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas” (Exodo 32:16).

Dios podría haber dictado con precisión sus palabras a Moisés, pero no lo hizo. Prefirió escribir sus Mandamientos él mismo. Con este acto Dios deseaba dejar muy en claro el carácter altamente sagrado de su Santa Ley. Aquí es bien cierto el dicho usado en español, inglés, y muchos otros idiomas, de que cuando algo “no está escrito en piedra”, es porque queremos referirnos a algo que puede cambiarse, ya que simplemente está escrito en papel. Pero la ley de Dios no fué escrita en los pergaminos de papiro de aquella época, ni en papel; fué literalmente escrita en piedra, y por la misma mano de Dios, como constancia de su carácter sagrado y permanente, que no podría ser tocada ni alterada jamás.

La Biblia es muy categórica y clara en este sentido. A lo largo de todos los libros de las Sagradas Escrituras, escritor tras escritor, todos repiten consistentemente que la ley de Dios, sus Diez Mandamientos, son eternos, permanentes para toda la humanidad hasta el fin del mundo. Veamos algunos pocos ejemplos de estos pasajes de la Biblia:

“Las obras de sus manos son verdad y juicio; fieles son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre, hechos en verdad y en rectitud” (Salmo 111:7, 8).

“Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido” (Salmo 119:152).

“Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla” (Isaías 42:21).

Jesús mismo condena enfáticamente a aquellos que pisotean sus Mandamientos y hacen a un lado su Ley para reemplazarla con tradiciones de hombres, cuando dice: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:

Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:7-9). El principio establecido aquí por el Hijo de Dios es claro:

Aquellos que se acercan a él honrando sus propias tradiciones en desobediencia a la Ley establecida por Dios, en vano lo hacen; su adoración no es aceptada, Dios es deshonrado, y son literalmente rechazados por él.

Los Diez Mandamientos no son las “10 Buenas Ideas”, ni las “10 Recomendaciones”, ni las “10 Sugerencias”. Son diez órdenes muy claras y precisas dadas directamente por el Dios y Creador del universo.

Los diez mandamientos que aparecen en muchos libros religiosos de estudio, nada tienen que ver con los verdaderos Diez Mandamientos de la Biblia. Están completamente cambiados por seres humanos inescrupulosos que poco entienden la santidad del Dios del universo. Es por ello que es importante que leamos los Diez Mandamientos por nosotros mismos, directamente de nuestra propia Biblia, en el libro de Exodo, capítulo 20. En la página anterior te los presento, tomados directamente de la traducción de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina (1569 – 1960) la versión más popular usada por la cristiandad. Los mismos puedes hallarlos en cualquier otra versión de la Biblia de tu preferencia que tengas en casa. La gran mayoría de las Biblias son traducidas directamente de los originales en hebreo, arameo y griego, y aunque pueden usar distintas expresiones idiomáticas, su traducción y significado es siempre el mismo.

¿FUÉ ABROGADA (QUITADA) LA LEY DE DIOS CUANDO JESÚS MURIÓ?

Hay quienes sostienen que la ley de Dios dejó de tener vigencia cuando Cristo murió en la cruz. Esta es una falsa enseñanza, ya que Jesús jamás, durante sus treinta y tres años y medio de vida, dijo absolutamente nada con relación a abandonar o cambiar su Ley. Muy por el contrario, el Hijo de Dios dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (S. Mateo 5:17-19).

Veamos asimismo la respuesta que Jesús le dió a un jóven rico cuando éste se acercó a preguntarle qué hacer para alcanzar la vida eterna: “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” (Mateo 10:17-19). Jesús en una breve respuesta lo dirige a los Mandamientos, citando algunos de ellos como ejemplo.

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Todos los discípulos de Jesús continuaron guardando fielmente los Diez Mandamientos décadas después de la muerte de su Maestro.

Las únicas leyes que sí fueron abolidas con su muerte, fueron las leyes ceremoniales que simbilizaban la muerte en la cruz, explicadas por Pablo de manera especial en su libro de Gálatas. Muerto Cristo, las ceremonias dejaron de tener vigencia. Pero no así los Diez Mandamientos, que son la Ley moral, muy distinta a las leyes ceremoniales.

El apóstol Juan, décadas después de la muerte de Cristo, dijo: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1º Juan 2:3, 4).

En esta misma epístola el discípulo de Jesús dice que agradan a Dios quienes guardan sus Mandamientos, y pueden esperar que sus oraciones sean contestadas: “Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1° de Juan 3:21, 22). Y luego añade: “Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1º Juan 3:24).

Cuando escribió el libro del Apocalipsis hacia el año 96 d.C., o sea 65 años después de la muerte de Jesús, nuevamente el apóstol Juan deja claramente establecido que la ley de Dios no sólo estaba muy vigente en sus días, sino que además mostró en las profecías del fin del mundo que le reveló Jesús, que dicha ley estaría en vigencia hasta nuestros mismos días, precisamente antes del regreso de Cristo. Considera estos dos pasajes:

“Entonces el dragón (Satanás) se llenó de ira contra la mujer (la iglesia de Dios); y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17). Nota que Juan los define como “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Los judíos hasta hoy niegan la divinidad de Jesús. Este mensaje no es para los judíos, sino para los cristianos que creemos en Cristo, la descendencia de la iglesia fundada por Jesús y sus apóstoles, aquellos que viven en los días finales de la historia de este mundo.

Y luego vuelve a repetir el mismo concepto: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12). Si la ley de Dios fuera sólo para los judíos, Juan no la amarraría con la fe de Jesús.

¿DEBO RESPETAR TODOS LOS DIEZ MANDAMIENTOS?
¿HACE DIFERENCIA PARA DIOS SI FALLO EN APENAS UNO?

Dios requiere obediencia absoluta. El no acepta cosas a medias. “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley” (Santiago 2:10, 11).

¿EN QUÉ ME BENEFICIA SER OBEDIENTE A LOS DIEZ MANDAMIENTOS?

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165).

“¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo” (Salmo 119:97, 98).

“De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119:104).

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rec-
tamente. Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos. Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino. Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará; te preservará la inteligencia, para librarte del mal camino, de los hombres que hablan perversidades” (Proverbios 2:1-12).

CONCLUSIÓN

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:13, 14).

Quiero finalizar esta valiosísima reflexión destacando que en la Ley de Dios se refleja el inmenso amor que él tiene por nosotros. En sus Diez Mandamientos encontramos una fórmula perfecta para nuestra felicidad y la de nuestros semejantes. Imagina un mundo sin robos, sin mentiras, sin crímenes, sin codiciar las cosas de los demás, sin engaños en el hogar y el matrimonio. Un mundo donde respetamos a Dios en primer lugar, y luego a nuestros semejantes. Un mundo donde cada semana dedicáramos un día a Dios, a descansar y desconectarnos del trabajo y ansiedad de toda la semana, y a compartirlo enteramente con Dios. Este estilo de vida es el que Dios siempre anheló para nosotros, y para ello dispuso diez profundas leyes que trazarían la diferencia entre lo bueno y lo malo, entre la bendición y la maldición, entre la felicidad y la desgracia.

Cierro repitiendo la pregunta: “¿Está la Ley de Dios aún en vigencia?”. La respuesta es clara, categórica e indiscutible: “Absolutamente sí.”

 

ACERCA DEL AUTOR:  Disfruto mi trabajo de ya 33 años, y el privilegio que Dios me ha dado de poder publicar LUXCIOR manteniendo la integridad de principios cristianos. Sin embargo, servir a Dios y el estudio de la Biblia ha sido mi mayor pasión por más de 40 años. Hoy, mi mayor satisfacción es poder compartir con otros lo que Dios me ha enseñado. Y esto lo hago tanto ante audiencias de cientos de personas como en la privacidad de un hogar con una sola persona o familia. Si sientes el deseo de comprender el plan maestro de Jesús para este mundo, la indiscutible realidad de su pronto regreso, y de manera especial su plan para tu vida, no dudes en llamarme al 281.791.7531.

EL FIN DEL MUNDO EN LA BIBLIA

Todos sabemos que algo formidable y de dimensiones cataclísmicas está a punto de suceder. Esto es innegable. Solamente un necio podría no darse cuenta. Lo que no sabemos es exactamente qué será, ni cómo sucederá, pero sí sabemos que será muy pronto. De ello no hay duda.

Prueba de esta ansiedad universal se refleja hasta en Hollywood, donde los productores cinematográficos se alimentan de este presagio popular creando películas como 2012, The Day After Tomorrow, Volcano, Tsunami y muchas más, que presagian alguna forma de destrucción total.

Cristo anunció durante su ida en la Tierra, que volvería a restablecer la condición original del mundo como era antes de la caída y la entrada del mal. Esta promesa se repite cientos de veces por toda la Biblia, y ha sido por 2000 años, y hoy mucho más que nunca antes, la gran esperanza de todos los cristianos y católicos de todas partes del mundo. Para que este grandioso acontecimiento no nos tome por sorpresa, Jesús, como veremos en este breve estudio, nos dio claras señales de los acontecimientos que marcarían la última etapa de la historia de este mundo, justo antes de su regreso.

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Considera solamente estas palabras de Jesús, extraídas de S. Mateo 24:

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?
Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino (lo cual ya sucedió en la 1º y 2º guerra mundial y en una cantidad de otros confrontamientos); y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares (lo cual está sucediendo cada vez con mayor frecuencia).

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”

Todas estas cosas ya se han cumplido o están en pleno cumplimiento en nuestros días. Solamente considera los últimos cinco años: Una ola interminable de ataques y violencia, el temor generalizado mundial hacia el terrorismo, la anarquía en Venezuela, Korea del Norte, Rusia, Honduras, África y muchas otras partes del mundo, la crisis en Israel, Palestina, Irán, Afganistán y el resto de los países musulmanes, la corrupción en todos los países del mundo, el extremo cambio climático, los cada vez más frecuentes y devastadores terremotos, tsunamis, incendios, huracanes, tornados, inundaciones y deslaves por todas partes, la proliferación de las enfermedades y el hambre, la legalización de la marihuana, la degeneración humana vista en el enriquecimiento ilícito, el robo, el secuestro, el adulterio, el fraude, el engaño y la mentira, el abuso y atropello de los pobres, la increíble y creciente ola de violencia hasta en las iglesias y las escuelas, la degradación moral por todas partes, la frialdad e indiferencia por el dolor ajeno, el maltrato terrible de los animales, son sólo algunos de los muchísimos azotes con que el mundo sucumbe rápidamente bajo nuestros pies, y que apresura su inevitable caída.

Ya no hay garantías. Ninguno de nosotros puede hoy decir con absoluta certeza que estará aquí mañana. Miles de personas por todo el mundo que diariamente salen a la calle y se despiden esperando regresar con bien a sus seres queridos, ueren en un ataque terrorista o caen víctimas de un asalto, una catástrofe o un accidente totalmente inesperado. Y todos cometemos el error fatal de creer que siempre las cosas le sucederán a otro, no a mi. Todos los miles que mueren a diario creyeron que hoy sería un día más, que estaban seguros, que a ellos nada les podía suceder. Y al final del día, ya no están más con nosotros.

Toda esta ola de desastres naturales, destrucción y caos, ocasionados por el mismo hombre, claramente señalan al gran acontecimiento de la segunda venida de Cristo anunciado en la Biblia. Ni por un instante creamos en la ilusión de que Dios va a pasar por alto e ignorar por mucho más la manera como la humanidad pisotea sus leyes y abusa de su creación. Dios va a actuar como lo hizo con el diluvio hace 4500 años, y esta vez, según lo firmemente predicho por Cristo y profetizado y repetido cientos de veces por toda la Bi-blia, su intervención será pavorosa y definitiva.

Todo cristiano serio que ama su vida y la de sus seres queridos, debiera de ser un ferviente estudioso de estas profecías, que en su isericordia Dios nos ha enviado de manera que estemos reparados y el fin no nos tome por sorpresa.

Ni por un momento creamos a los falsos líderes religiosos, pastores y profetas mentirosos que engañan a miles haciéndoles creer que las cosas van a mejorar, que todo va a estar bien. Esto es un gran engaño. Una mentira fatal.

Dice Dios en su palabra: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.” – Jeremías 23:16, 17.

Cristo va a regresar a poner fin a los impíos que pisotean sus leyes y acaban con la creación de Dios, y a recoger a aquellos que pacientemente y contra la corriente del mundo, le honran manteniéndose fieles y obedientes a sus Diez Mandamientos y a su voluntad expresada en la Biblia.

“La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de tumulto, y no de alegría, sobre los montes. Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones. Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que castiga.” – Ezequiel 7:7-9

“Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce. Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero. Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los montes se disolverán por la sangre de ellos. Y todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como un libro; y caerá todo su ejército, como se cae la hoja de la parra, y como se cae la de la higuera.” – Isaías 34:1-4

Es el deseo de Dios que tú y yo no seamos sorprendidos el día en que él regresará a justar cuentas con este mundo por su maldad. Dice su maravillosa Palabra: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis” – Ezequiel 18:32. Es el deseo profundo del corazón de Dios que todos seamos salvos, que todos estemos preparados para sobrevivir con nuestros seres queridos el día en que Cristo regrese.

La promesa y esperanza para los que escuchen a la advertencia y se salven es clara. Dijo el Señor Jesús: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” – S. Juan 14:1-3

Aunque no sabemos exactamente ni el día ni la hora (nadie lo sabe, según nos advirtió Jesús en S. Marcos 13:32, 33), Cristo nos dio claras señales que nos indican que el fin de este mundo está a las puertas. No verlo es ingenuo e irresponsable.

Hoy quiero hacerte una muy seria y solemne invitación a que tengas un encuentro personal con Dios; a que lo conozcas, y pongas tu vida en armonía con él, de acuerdo con las justas y hermosas enseñanzas de la Biblia. Sólo así podrás encontrar seguridad, paz y una vida mucho mejor aquí y ahora, y la certeza de la vida eterna. Es tu responsabilidad, por ti mismo y por tu familia, que busques a Jesús.

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Reflexiones más allá del más allá

Hechos:
VELOCIDAD DE ROTACIÓN
DE LA TIERRA SOBRE SU EJE 1,041 mph (1.675 km/h)
VELOCIDAD DE TRASLACIÓN DE
LA TIERRA ALREDEDOR DEL SOL 67,108 mph (108.000 km/h)
VELOCIDAD DE TRASLACIÓN
DEL SISTEMA SOLAR 568,000 mph (914.107 km/h)

Si el movimiento de rotación de la tierra fuera sólo un poco más rápido de 1,041 mph (1.609 km/h), la fuerza de gravedad sería tan intensa que no podríamos sostenernos en pie, ni caminar, la sangre caería a nuestros pies, nuestro cerebro, corazón y demás órganos colapsarían y la vida sería literalmente imposible. Y esto es tan cierto para al ser humano como para los animales y la vegetación. La vida como la conocemos, literalmente no existiría.
Si por el contrario, el movimiento rotatorio fuera más lento, y la gravedad fuera, – por ejemplo – comparable con la de la luna, deberíamos estar atados al suelo o vestir calzados con suela de plomo para no salir disparados al dar un paso, exactamente como ocurre a los astronautas al caminar por el suelo lunar. Los océanos no podrían mantenerse en sus cauces con el desastre natural que ello conllevaría.

Si estuviéramos sólo unos pocos miles de millas más cerca del sol, la temperatura nos abrasaría y no podría existir ninguna forma de vida, exactamente como tal vez lo viste en la película Riddick con Vin Diesel. Si por el contrario, estuviéramos sólo 8,000 millas (12.874 km) más lejos del sol (menos del equivalente al pequeño diámetro de nuestro planeta de 7,917 millas), el mundo entero estaría varias veces más congelado que los polos.
Sumada a la velocidad de rotación, la tierra se desplaza alrededor del sol a una velocidad de casi 67,000 mph (108.000 km/h). Adicionalmente, se calcula que el sistema solar se desplaza alrededor de la Vía Láctea a la velocidad de 568,000 mph (914.107 km/h). Y se sabe que la Vía Láctea, a su vez, se mueve a una velocidad que es imposible de calcular, alrededor de algo aún mucho mayor.

A pesar de estas velocidades incomprensibles para la imaginación humana, y que en otras condiciones desintegrarían cualquier forma de materia, curiosamente puedes dejar caer una pluma o una hoja de papel, y esta suavemente se desplaza hasta el suelo. O un paracaidista puede lanzarse desde 14,000 pies de altura, y aterrizar con toda precisión sobre un círculo de un metro de diámetro. Es fascinante notar que esta gigantesca nave espacial, con una forma totalmente anti-aerodinámica (aunque en el vacío del espacio la aerodinámica no sirve de nada) y no-convencional, puede transportar más de siete mil millones de astronautas, inmensas masas de agua y trillones de animales, sin ninguna protección más que una precisa combinación de nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, ozono y vapor de agua, todo lo cual nos permite verla de un hermoso color azul durante el día, y transparente durante la noche, para que podamos apreciar las maravillas del uinverso.

Podría pasar horas escribiendo en cientos de hojas las extraordinarias maravillas que hacen de este mundo un lugar perfecto para la vida y rebosante de cosas extraordinarias, pero no creo que sea necesario. Imagino que con lo poco dicho hasta aquí, estarás de acuerdo conmigo en que nada de todo esto es producto de una gran casualidad.  Creer que toda esta grandeza, medida perfección y belleza es el resultado de un proceso casual y evolutivo, es una notable muestra de falta de discernimiento. Es más, se requiere muchísima más fe para creer en un programa evolutivo que pueda haber producido un mundo como este, que para aceptar la realidad de que hemos sido creados por un poderoso Creador. Es obvio y mucho más que razonable reconocer que sólo una inteligencia altamente superior, y un poder inimaginable, pudo haber creado y sostiene estas cosas, no sólo aquí en la tierra, sino en todo el vasto universo. Adicionalmente, no puedo dejar de agregar que este ser superior Creador tiene muy buen gusto. Nota como la inmensa mayoría de los animales, las platas y las flores, son hermosos, en sus diferentes áreas, a todos nuestros sentidos. Y los pocos que no lo son, es la consecuencia del estado degenerativo de los elementos de la naturaleza por el abuso humano. La razón de ello es otro tema, por cierto igualmente fascinante, que hoy ni el tiempo ni el espacio me permiten abordar.

Pero lo cierto y el punto en cuestión, es que todo en este mundo se encuentra en un perfecto equilibrio, tanto en las distancias y velocidades, como en el ámbito físico y químico. Dios tiene absolutamente TODO bajo el más completo control. Dios ha establecido leyes que no pueden ser quebrantadas, todas pensadas en armonía con su extraordinario plan en la creación, para la felicidad del hombre, y la tuya.

Muchos creen que debido a esta grandeza, Dios no puede tomar interés en tí, o en mi. Pero es exactamente todo lo contrario. Es precisamente por esa misma magnificencia y poder inexplicables, provenientes de una mente superior e infinita que todo lo penetra, que todo lo ve, que todo lo sabe, que él muestra un interés supremo en ti. Dice Jesús que Dios tiene contados hasta los cabellos de tu cabeza. ¡¿Puedes creer semejante cosa?! ¡Pues ni lo dudes! Y si él toma interés en cosas en las que ni tu mismo te interesas en tu propio cuerpo, ¿no crees que también tomará interés en tu vida, en tus problemas, en tus desafíos?

El puede resolverlo todo. “He aquí que yo soy Yaweh, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” – asegura la Biblia en Jeremías 32:27. “El cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito.” – Salmo 147:4, 5.  Cuando tu entiendes esto, Dios cobra una nueva dimensión en tu vida, y ahora todo lo que antes parecía imposible, deja de serlo. Si bien es cierto que Dios se manifiesta muy claramente en toda la naturaleza, él mismo ha provisto la Biblia como la plena revelación de su divinidad, y de su interés en relacionarse contigo. Te animo a que lo busques allí. Te garantizo, tu vida no será la misma.

Tengo en casa una pintura de Vitaly Myagkov, en la que plasma una extraordinaria visión que un astronauta ruso -y ateo- tuvo de Dios mientras flotaba fuera de su nave en el espacio. Tu no ocupas salir al espacio para tener un encuentro con Dios (aunque sin duda te daría una nueva perspectiva de su grandeza).

La VERDAD es una Persona

Por Angel Manuel Rodriguez.

– Imágenes, imágenes y más imágenes. Se observan en todo lugar. Las encontramos en multiplicidad de formas. Hubo un tiempo cuando eran esculpidas en piedras. Actualmente, la tecnología nos ha provisto de diferentes instrumentos para crearlas y darles vida. Ellas se mueven, hablan, gritan, vuelan, comen, cantan y se regocijan. Las industrias de la cinematografía, la televisión y las computadoras se nutren de nuestra obsesión por las imágenes.Pero quizás el hecho más sorprendente en la historia de las imágenes sea el que finalmente podemos relacionarnos con ellas en formas que anteriormente ni imaginamos. Somos capaces de crearlas, modificarlas, comunicarnos con ellas y de destruirlas. Las imágenes modernas son tan vívidas que nos referimos a ellas como “virtualmente reales”.

Así pues, pareciera que al ser humano le resultara más fácil manejar las imágenes que la realidad misma. Pero si nos movemos al plano cósmico descubriríamos que la problemática principal es la de la imagen versus la realidad, la falsedad contra la verdad. Por todo el universo los seres inteligentes han sido confrontados con una imagen de Dios concebida en la mente de una criatura rebelde. De ahí que la pregunta más importante a nivel cósmico sea la de la naturaleza de la verdad. Para su respuesta nos volvemos a Jesús. El dio una definición totalmente diferente a la que se había emitido anteriormente en el planeta: “Yo soy . . . la verdad” (Juan 14:16), dijo él. Esta aseveración sorprendente nos lleva a hacer varias afirmaciones sobre la verdad.

1. La verdad es trascendente

La realidad suprema está localizada fuera del universo y no dentro de su unidad estructural y funcional, lo cual no significa que seamos incapaces de percibir elementos de la verdad por medio del uso de nuestras habilidades racionales. Por el contrario, podemos obtener cierto conocimiento. Sin embargo, el conocimiento no es algo que creamos sino algo que descubrimos. Tal conocimiento es fragmentado y a fin de que sea verdaderamente significativo, debe ser ubicado dentro del marco de referencia provisto por la verdad suprema.  Tal perspectiva nos es inaccesible pues requeriría el que trascendamos el universo, algo simplemente imposible. Sin embargo, la verdad descendió hasta nosotros, entró en nuestro mundo en la forma de una persona y nos dijo: “Yo soy la verdad. Yo soy el único que puede integrar todas las cosas en una unidad de significado porque por medio de mí todas las cosas fueron creadas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles. Yo soy antes que todas las cosas y en mí todas las cosas existen” (Colosenses 1:16, 17).

Esta declaración de Jesús fue un golpe poderoso contra lo que los griegos llamaban autárkeia o autosuficiencia. Ellos concebían la verdad como la expresión de la esencia eterna, incambiable e inamovible de las cosas y que los seres humanos podrían descubrirla por medio del análisis racional. La verdad suprema estaba ubicada en el mundo immaterial de las ideas, el cual consistía en abstracciones racionales formuladas por la mente humana. En contraposición a esto Jesús proclamó que la verdad está más allá del alcance de la mente humana autónoma pues nos llega en una revelación. Al afirmar: “Yo soy la verdad”, Jesús rechazó cualquier intento de definir el origen, la naturaleza y el destino de la raza humana desde una perspectiva naturalista.

Además, él reclamaba el derecho a la verdad absoluta. El no dijo: “Yo soy una dimensión de la verdad, un aspecto de la verdad, un elemento de la verdad”. El que hablaba era el Eterno “Yo Soy”, Dios en forma humana. Es en él que todo conocimiento encuentra su centro y significado.  La Biblia asevera que la verdad o la sabiduría se obtienen solamente si uno está dispuesto a reconocer que “el temor de Dios es el principio de la sabiduría” (Proverbios 1:7). La Biblia rechaza la autárkeia como vehículo de la verdad. A la persona inmatura, tentada a ser autónoma, le llega el consejo: “Confía en el Señor de todo tu corazón y no te apoyes en tu prudencia” (Proverbios 3:15). Esto resulta ser difícil para la persona autárkes.

2. La verdad es una Persona

Decir que la verdad suprema está localizada más allá de la esfera de acción humana es establecer algo que no es popular o fácil de aceptar. La naturaleza trascendental de la verdad le pone límites a nuestro orgullo y tiende a hacernos sentir incómodos. Pero quizás más inquietante para la lógica humana es la aseveración de Jesús de que la verdad está en él, la verdad es una Persona. La filosofía procura la verdad en términos de abstracciones, identificando la esencia detrás de nuestras experiencias sensoriales. Pero Jesús ataca tal noción al decir que la verdad no es un cuerpo de conceptos abstractos o universales que podemos utilizar para comprender los fenómenos que observamos. El sugiere que todo lo que vino a la existencia fue el resultado de la actividad creadora de una Persona de la cual todas las demás personas derivan su existencia. Lo que mantiene al universo unido es una Persona —no una ley, no un principio, no una simple fuerza impersonal.

La verdad entendida como Persona significa que es racional e inteligible. Su comprensión no exige un rechazo de las habilidades racionales. Por el contrario, es a través de nuestro raciocinio que podemos tener contacto con la verdad. Esto es posible porque Jesús, la Verdad, se hizo accesible a nosotros. Es, pues, necesario que desarrollemos al máximo nuestras capacidades racionales dentro de la esfera de la verdad que nos proveyera Aquel que dijo:“Yo soy la verdad”.

La verdad como persona significa también que el universo no opera en forma mecánica controlado por fuerzas impersonales. Ciertamente hay leyes que gobiernan todos los fenómenos, visibles e invisibles. Pero esas leyes son la expresión de la voluntad y el poder de la Persona que es la verdad y que preserva unido el universo. “Oh Señor, tu eres único; tú hiciste el cielo, y el cielo de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que contiene, los mares y todo lo que hay en ellos. Tú das vida a todas las cosas” (Nehemías 9:6). El verbo traducido “dar vida” signifca “mantener con vida”. Es la Vida la que preserva la vida. La vida inteligente es preservada por el poder y la fuente misma de vida inteligente. La realidad suprema se interesa por lo que existe; únicamente las personas se preocupan.

La verdad como persona revela la naturaleza de la realidad suprema: Dios es verdad. Esta verdad se humilló a sí misma en forma misteriosa y entró en nuestro mundo en la forma de un ser humano (ver Filipenses 2:5-11). La realidad suprema no es ya más exclusivamente trascendente porque estuvo y está ahora entre nosotros. Juan dice que lo vimos “lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14). La Verdad, pues, se expresa a sí misma en humildad, asumiendo la forma del necesitado y sencillo, avergonzando nuestro orgullo y autosuficiencia.

La naturaleza de la verdad no se reveló solamente en la encarnación sino también en la cruz. La Verdad murió a fin de preservar vivo el fenómeno, el mundo creado. ¡El que mantiene el universo unido murió y sin embargo el universo no se desintegró y murió con él! Una vez más sucedió lo inesperado y se reveló que la Verdad puede sacrificarse a sí misma por la criatura y continuar al mismo tiempo manteniendo el universo unido. La verdad como Persona revela además que en el mismo centro del ser divino sólo encontramos amor (ver 1 Juan 4:8). En la cruz la falsedad fue desenmascarada: la imagen creada por Satanás acerca de Dios y su amor demostró ser falsa. La verdad derrotó la mentira satánica.

3. La verdad debe ser apropiada

Cuando Jesús dijo: “Yo soy la verdad”, él esperaba una respuesta. Siendo que él es la verdad no debemos relacionarnos con él en términos de la objetividad científica e impersonal, sino en una relación de persona a persona, de “Yo-Tú”. Entendemos a las personas al relacionarnos con ellas, al envolvernos en sus vidas, al participar con ellas en la experiencia de estar vivos, en la koinonía. Podemos tener compañerismo con la Verdad porque es una persona. En él está localizado el origen, blanco, y naturaleza de nuestra existencia y de la del mundo entero. Es en él que puede encontrarse una cosmovisión correcta pues él es quien le da cohesividad y significado al universo.
Lo que se necesita es una disposición a entregarle nuestra autárkeia. En esto consiste esencialmente la libertad: “Conoceréis la verdad y la verdad os libertará” (Juan 8:32). Somos esclavos del pecado que se manifiesta a sí mismo en el clamor por autosuficiencia. La mentira consiste en creer que podemos encontrar nuestro propio camino en el universo, que podemos descubrir significado permanente para nuestras vidas únicamente por medio de la búsqueda científica, tecnológica o filosófica. La sumisión a la verdad nos libera de la estrechez de nuestra autosuficiencia y nos integra al compañerismo con Aquel que dijo: “Yo soy la verdad”.

La verdad se aprehende no solamente por medio de un encuentro personal con el Señor sino también por medio de su Palabra. La verdad puede ser conceptualizada, codificada, incorporada en palabras. Dios usa el lenguaje humano, a pesar de sus limitaciones, como un vehículo válido para comunicar la verdad. Esto sucedió bajo la revelación e inspiración de Dios. Pablo dice: “Toda Escritura es inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2º Timoteo 3: 16-17).

La verdad determina no sólo nuestro entendimiento de la realidad y nuestra comprensión del mundo que nos rodea sino también la forma en que vivimos. Cualquier compartamentalización de la verdad en términos de ética y religión, ciencia y fe, es un rechazo del hecho de que la verdad es una Persona y que él integra todo conocimiento en una sola unidad de significado. Debemos vivir de acuerdo con la verdad (ver 1 Juan 1:6). Debemos exhibir la verdad en nuestro lenguaje y en nuestra conducta.

Conclusión

La historia del pensamiento humano indica que somos por naturaleza buscadores. Exploramos la vastedad del universo, las profundidades de los océanos. Procuramos penetrar el microcosmos. Exploramos todas las esferas de conocimiento. Sin embargo, nuestra búsqueda por la verdad suprema y absoluta ha concluido. Sí, todavía se nos reta a buscar una comprensión más profunda de la verdad, a explorar su riqueza y la complejidad de sus formas; pero la búsqueda por su misma esencia ha terminado. Concluyó porque vino a nosotros y nos dijo: “Yo soy la verdad”. Tal aseveración establece límites a nuestra autosuficiencia porque la verdad es transcendental, es una revelación y es personal. Podemos apropiarnos de esa verdad por medio del compañerismo con él y al seguirle con humilde obediencia.

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Si deseas conocer más del plan de Jesús para tu vida, te invito a estudiar de la Biblia en tu casa. Llámame al 281.791.7531

¿Quién está en tu barca?

BARCA EN MEDIO DE LA TEMPESTAD 600 pxls

La Biblia nos narra una extraordinaria experiencia de la vida de Jesús, (en el libro de San Marcos 4:35-14) la cual contiene un poderoso mensaje para ti y para mi hoy.

Cierto atardecer, después de muchas actividades durante el día enseñando las preciosas verdades del evangelio, sanando enfermos y atendiendo las necesidades de la gente, Jesús se hallaba agotado. El Salvador del mundo había alcanzado un punto en que necesitaba unas horas de privacidad, de soledad y de descanso. Fue así que les pidió a sus discípulos que le alistaran una barca, en el gran lago de Genezaret.

Esta hermosa reserva de agua de 13 millas de largo por 8 de ancho es tan grande que también se la conoce como el Mar de Galilea. Todavía hoy continúa siendo el lago más importante de Israel. Mucho de la vida y ministerio de Jesús había transcurrido alrededor de sus riberas. De hecho, allí conoció a varios de sus discípulos, quienes eran pescadores de profesión.

Este día, Jesús decidió navegar con sus discípulos a la ribera oriental, donde esperaba poder descansar. Sin embargo, puesto que su mensaje de salvación lo habían convertido en una verdadera celebridad, todo el mundo quería acercarse a él, escucharlo y ver sus milagros, no pudiendo evitar que mucha gente lo siguiera en otras barcas. En cuanto su embarcación se puso en camino, ya caído el sol, Jesús se recostó en un rincón en su popa, y en pocos momentos quedó profundamente dormido.

El bote avanzaba lentamente su recorrido de varias millas, a velocidad de sus remeros, cuando repentinamente comenzó a soplar un viento característico de este lago – según comentan los habitantes del lugar -. Es muy común que soplen vientos provenientes del cercano Mar Mediterráneo, y que terminen desencadenándose en fuertes tempestades sobre el Mar de Galilea. Esta fue una de esas ocasiones.

El cielo comenzó a cubrirse de espesas nubes, las cuales acentuaron la oscuridad de la noche, mientras el viento agitaba cada vez más las aguas y la embarcación. Los discípulos comenzaron a usar toda su experiencia en tratar de mantener la barca en rumbo, pero el viento arreciaba más y más y la pequeña nave era ahora sacudida violentamente por las olas. Sólo un relámpago aquí y allá, que anunciaba la lluvia que se avecinaba, les permitía esporádicamente iluminar la escena.

El agua había comenzado a anegar la barca como producto de las fuertes oleadas, y los discípulos ya estaban entrando en un estado de angustia que al rato se convirtió en terror, ante la expectativa de que no lograrían sobrevivir.
Mientras tanto, exhausto, Jesús continuaba profundamente dormido. Comenzaron a gritarle, y finalmente lograron despertarle, clamando que los ayudara, o perecerían.

Inmediatamente, Jesús se incorporó, y con toda su autoridad extendió su brazo y clamó a gran voz: “Calla, enmudece”. En un instante, la tormenta cedió, cesaron el viento y los relámpagos, y una calma sorprendente cayó sobre las aguas del lago, dominando la escena. Las densas nubes desaparecieron rápidamente y el firmamento estrellado brillaba ahora sobre sus cabezas. Los discípulos, al igual que las muchas otras personas en las demás barcas, quedaron atónitos, y se decían entre sí: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?”

Esta barca es una elucuente representación de tu vida, y la mía. Todos tenemos nuestra barca. Allí llevamos, en este viaje por la vida, a nuestra familia, nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestras ocupaciones, nuestras finanzas, nuestras amistades, nuestro carácter, nuestra salud, y todo lo que conforma nuestra existencia. Todos debemos enfrentar en nuestra vida momentos de tormenta, momentos en que todo se obscurece, momentos en que nuestra barca comienza a sacudirse y pareciera que no hay esperanza, que en cualquier momento va a hundirse.

Tal vez sea tu matrimonio que no está funcionando, o tal vez sea un hijo en malos pasos, o quizás un problema de salud, tuyo o de algún familiar, o la pérdida de un ser amado, o ese negocio que no logras que salga adelante, o un mal hábito del que no logras desprenderte, o cualquier otra cosa que perturba tu paz. Y no es de sorprender que en ocasiones, hasta nos asalten dos o tres tempestades al mismo tiempo, o una detrás de la otra, y sentimos que el mundo se derrumba delante de nuestros ojos. Parece como que no hay luz, que todo es tinieblas, viento y relámpagos, asaltando nuestra vida y llevándonos hasta el mismo borde de la catástrofe y la desesperanza.

A veces llegamos a un punto donde ya no hay nada. Donde lo único que quisiéramos es morir, y ya no tener que continuar lidiando con nuestra terrible realidad.

La pregunta es: ¿Está Jesús en tu barca? ¿Está tu barca dirigida por el po-der de Dios? ¿O eres tú solo, tratando de resolver todos tus dramas con tus propias fuerzas, al igual que los discípulos tratando de rescatar inútilmente su nave, por su propio esfuerzo?

Cuando pones tu vida en las manos de Jesús, cuando le clamas a él: “Señor, sálvame, que yo no puedo salvar mi barca de que se hunda”, entonces, al igual
que lo hizo aquella noche, él va a levantarse y extender su brazo poderoso y tomar partido en tu situación, cualquiera que sea.

La Biblia asegura: “He aquí que yo soy Yahweh, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (Jeremías 32:27). Y Cristo mismo dijo: “Porque nada hay imposible para Dios.” (S. Lucas 1:37) y repite: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.” (S. Lucas 18:27). Con solo ver la historia en el Mar de Galilea, podemos creer que esto es verdad.

Cuando todo parezca negro y sin esperanza, o mejor aun, antes de llegar a ese punto, vuelve tus ojos a Aquel que todo lo puede, para quien nada es demasiado enredado o difícil. Entonces descubrirás que en realidad Jesús siempre estuvo contigo en tu barca, en silencio, sólo esperando el momento en que reconozcas que tu solo no puedes, y le llames.
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Si tienes una necesidad o un pedido especial de oración, o si deseas estudiar la Biblia en tu hogar, o simplemente necesitas alguien con quien hablar, por favor no dudes en llamarme al 281.791.7531. Mi nombre es Martín.

Cuando Dios Llora

En unos meses Alicia iba a cumplir 16 años, cuando sus padres notaron algunos ganglios en su cuello.
– Te sientes bien, Alicia
– Sí, ¿por qué?
– ¿Qué son esos ganglios?
– No sé.

El doctor tampoco lo sabía, por lo cual ordenó algunos exámenes. El mal que afligía a Alicia era una enfermedad seria que se conoce con el nombre de “linfoma”. Mientras escribo estas líneas, Alicia está sufriendo terriblemente debido a la quimioterapia. Hace apenas cuatro semanas se sentía perfectamente bien, pero el tratamiento casi le quita la vida. Los médicos esperan que esta terapia destruya las células cancerosas. Pero, ¿cuál es la causa por la cual Alicia está sufriendo de esta manera? ¿Por qué sufre la gente inocente? La mayoría de nosotros podría aceptar que el sufrimiento cayera solamente sobre los malvados, pero ¿por qué razón tiene que sufrir la gente buena?

Es la voluntad de Dios

¿Deberían Alicia y sus padres darles la razón a los que sugieren que su linfoma es un reflejo de la voluntad de Dios? Al atribuir a la voluntad de Dios el origen de una enfermedad mortal, estarían indicando el beneplácito de Dios por el deterioro de la salud física. En otras palabras, decir que “es la voluntad de Dios”, es simplemente otra forma de aceptar que “Dios lo quiere así”. De acuerdo con la Biblia en Hebreos 10:7, Jesús se refirió al propósito de su encarnación de la siguiente forma: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Jesús vino para hacer la voluntad de Dios -o lo que él deseaba que hiciese-. ¿Y qué hizo Jesús? ¿Contagió a alguien de lepra, afligió a alguien con la ceguera o causó la sordera de alguna persona? ¡No! Muy por el contrario, él sanó a leprosos, abrió los ojos de los ciegos y curó a los sordos.

Cierto sábado, estando en la sinagoga, Jesús se encontró con una mujer inválida en la sinagoga. Durante 18 años esta mujer había sido humillada por causa de su invalidez. Jesús interrumpió su sermón, y mirándola con misericordia, preguntó: “Y a esta hija de Abrahán, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura…?” (Lucas 13:16). Has notado a quién culpó Jesús por la situación de esta mujer? Fue Satanás quien la había dejado inválida por 18 años.

Pero Jesús vino para mostrarnos la voluntad de Dios. Y, como consecuencia, curó a la mujer. Ciertamente podemos asegurarle a Alicia y a sus padres que Dios es la fuente de toda cosa buena, y que, definitivamente, él no es la fuente de ninguna acción maligna ni de ninguna enfermedad. ¿Cómo podríamos llegar a detestar el mal y deterioro que vemos en nuestro planeta, si seguimos considerando que la causa de todo esto es el mismo Dios Creador?
Dios castiga a los que ama

Algunos cristianos, que sin duda son sinceros, les dicen a personas como Alicia: “Tu eres muy especial para Dios. Dios nunca dedica sus esfuerzos en un material sin valor. Lo que sucede es que Dios quiere perfeccionarte. Cuando tu Padre Celestial haya completado su trabajo, tú serás como el oro refinado en el fuego”.

Eliú, amigo del famoso personaje bíblico Job, conocido por los grandes sufrimientos y la enfermedad que lo llevaron a desear la muerte, dijo más o menos lo mismo. De acuerdo con Eliú, Dios envía sufrimientos no como castigo (como insistieron los amigos de Job, Elifaz, Bildad y Zofar), sino como una disciplina. (Ver Job 33:15-22, 29, 30). ¿Qué piensas acerca de este concepto?

Los padres de Alicia habían notado algunas imperfecciones en ella y como buenos padres la habían disciplinado para que ella creciera honrando el nombre de la familia y fuera de beneficio a la sociedad. ¿Es esto lo que está haciendo Dios con Alicia? Supongamos por un momento que el linfoma ha llegado a perfeccionar el alma de Alicia. ¿Es este un medio apropiado para obtener el efecto deseado? El cuerpo debe ser mantenido en una condición saludable a fin de que el alma pueda disfrutar de salud. Si éste es el caso, ¿cómo puede el linfoma de Alicia causarle perfección a su alma? Un cuerpo enfermo no proporciona una vía hacia el perfecionamiento del carácter. Y si el linfoma de Alicia le fue dado como una forma de disciplina divina, entonces, ¿por qué debe ella someterse a la quimioterapia, con el fin de erradicarlo?

De ser así, entonces los padres de Alicia no debieran de interferir con el castigo inspirado en el amor que Dios quiere impartir a la vida de su hija. Ellos no deberían contrariar los propósitos de Dios. Si verdaderamente los desastres, las enfermedades y la muerte son para perfeccionarnos, todo cristiano ferviente debiera de asistir a Dios en su tarea de perfeccionamiento causando pena, ¡en lugar de aliviarlo! Entonces ya no debiéramos de orar por los enfermos y los que sufren. ¿Te resulta esto lógico? ¿Amará Alicia más profundamente a esta clase de Dios? Ciertamente, esto suena como que se trata de la clase de Dios en el cual Satanás quisiera que creyéramos. Después de todo, ¿qué mejor manera de distorsionar nuestro concepto de Dios que presentarlo como un padre abusivo?

Atrapados en el gran experimento

Hasta ahora, el sufrimiento de Alicia causado por la quimioterapia ha eclipsado el sufrimiento causado por el linfoma mismo. No obstante, su dolor y sufrimiento son terriblemente reales, tan reales que últimamente la han tenido que mantener bajo la influencia de sedantes. Todo esto parece tan sin sentido, tan absurdo. Pero frente a esta enfermedad, los defensores de Dios han propuesto la metáfora de un experimento cósmico entre el bien y el mal, como medio de explicar algo que no tiene sentido, como la enfermedad de un niño, o la muerte de un ser querido.
Alicia sabe que Dios no creó el mal; él creó sólo lo bueno. Lucifer, también conocido como el diablo, y Satanás (traducción del hebreo “adversario”) inventó el mal.

Ella entiende que dentro del concepto del gran conflicto cósmico, Dios podría haber destruido a Lucifer a la primera señal de deslealtad, pero entonces el universo hubiera servido a Dios por temor, no por amor. Así, él permitió que Satanás se embarcara en el gran experimento del mal para que quedara comprobado ante todo el universo que el mal no es bueno. Alicia cree que cuando el universo entero y todo el mundo se convenza de que Dios está en lo cierto y que Satanás está errado, entonces Dios va a terminar con este experimento.

Mientras tanto ella y millones de otros se sobreponen con mucho esfuerzo a una existencia de gran tortura en este mundo -tal como la experimentada por muchas ratas blancas de laboratorio-. Lo que está sucediendo en el interior de este laboratorio del mal no es placentero, pero todo esto contribuye en el logro de un beneficio mayor. Alicia lo reconoce, ¿pero te puedes imaginar cómo le suena ahora todo esto a ella? Probablemente algo así como: Dios empezó un procedimiento para probarse a sí mismo. Satanás ha dicho que Dios es egoísta, que Dios es arbitrario, que Dios es exigente, que Dios no es verdaderamente bueno. Así que Dios le está dando a Satanás la oportunidad de probar su acusación. La verdadera naturaleza de Satanás se está revelando. Lo vemos en los desastres, los crímenes, las enfermedades y en las muertes a nuestro alrededor.

Claramente, el tema de la gran

controversia tiene un poder educativo tremendo. De todas las explicaciones de la existencia del sufrimiento, ésta es probablemente la más razonable. Pero no debemos permitir que nos satisfaga.
Si aceptamos el tema de la gran controversia como una de las mejores explicaciones del mal que ha infestado nuestro planeta, no debemos aceptar el sufrimiento de Alicia como un argumento válido por el simple hecho de estar apoyando una causa noble, a saber, la vindicación del carácter de Dios.

Además ¿cuánto más sufrimiento se necesitará para comprobarles a los seres inteligentes y perfectos del universo que Dios está en lo justo y que Satanás está equivocado? ¿No suena esto más como un autoservicio que Dios se hace al permitir que se perpetúen todas las atrocidades de este mundo, en billones de sus criaturas durante miles de años, solamente para probar el punto de que él tiene razón y que Satanás está equivocado? ¿Qué clase de Dios puede permitir lo que ha sucedido en las últimas 24 horas -sin mencionar los seis mil años pasados desde la creación de Adan- simplemente para demostrar que él, y no algún otro, está en lo correcto?

Al recurrir a las imágenes del gran conflicto para vindicar a Dios en el caso de enfermedades tales como la de Alicia, no podemos simplemente pasar por alto estos sufrimientos con sólo unas cuantas figuras locuaces del lenguaje. Si lo hacemos, estamos chapoteando superficialmente con métodos diabólicos, haciendo el trabajo del maligno.

Hay más

Frecuentemente se ofrecen otras posibles explicaciones a los que sufren. Y como en el caso de estas pocas que hemos explorado brevemente, aquellas también tienen sus imperfecciones, especialmente al aplicarlas a casos individuales. La existencia de desastres, enfermedades, dolor y muerte, permanece siendo un absurdo.

Al considerar la imperfección de tales respuestas, probablemente es mejor no buscar una explicación.

Entonces, ¿dónde realmente está la causa fundamental del origen del mal? Hemos explorado algunas de las explicaciones que se han ofrecido para explicar la vil presencia del mal. Cada una tiene sus méritos, pero cada una también tiene sus serias deficiencias. ¿Cómo podemos evitar caer en el error cuando intentamos defender a Dios en casos de desastres, enfermedad y muerte?  Primero, cuando explicamos el propósito del sufrimiento y la relación de Dios con éste, debemos permanecer sensibles al enigma del mal. Al elaborar teorías para explicar el sufrimiento, el proceso en sí tiende a crear un estado de apatía en los mismos que las desarrollan. No se debe permitir que los argumentos defensivos en favor de Dios que tratan de explicar la existencia del mal adormezcan nuestra sensibilidad moral. El mal, dondequiera que surja, nos debe hacer enojar. El sufrimiento dondequiera que aparezca, debe evocar nuestras más tiernas emociones.

Segundo, para mantener nuestra sensibilidad moral al tiempo que defendemos a Dios y su relación con el mal, debemos implementar constantemente dos criterios. Primero, simpatizar siempre con los que sufren. Debemos tratar de ponernos en su lugar. Debemos sufrir con ellos. No es fácil proyectarse en la situación de otro, pero si no lo intentamos, nos volveremos insensibles, y tarde o temprano, la insensibilidad se transforma en frialdad, y con el tiempo la frialdad se convierte en crueldad. Segundo, siempre debemos considerar nuestras teorías con mente crítica. No debemos enamorarnos tanto de nuestra teología teórica que perdamos de vista sus debilidades inherentes.

Tercero, debemos recordar que Dios no necesita de nuestros insignificantes intentos para defenderlo. Los cristianos frecuentemente se recuerdan a sí mismos que Dios no necesita de su dinero -sin embargo, los mismos insisten en la importancia de una mayordomía fiel-. De la misma manera, necesitamos reconocer que Dios no necesita de los seres humanos para racionalizar su relación con el universo.

Cuarto, necesitamos reconocer que la existencia del sufrimiento es tan inexplicable como la existencia del mal. La mayoría de los cristianos creen que los desastres, las enfermedades y la muerte siguen en alguna forma natural las huellas del pecado (la Biblia enseña que el “pecado” es la transgrtesión de la Ley de Dios, los Diez Mandamientos). No es fácil detectar una relación de causa-efecto en forma directa entre la ingestión de un bocado de fruta en el Edén y los eventos funestos que a diario echan a perder la existencia de nuestro planeta azul. Pero, si hay una conexión -como lo afirma nuestra tradición-, entonces la respuesta a la pregunta del por qué existe el pecado, debe arrojar luz para contestar la pregunta sobre la razón del sufrimiento.

El problema es que el pecado no tiene una explicación lógica. Sencillamente, éste no tiene sentido. Por eso la Escritura lo llama un misterio -el misterio de la iniquidad (2 Tesalonicenses 2:7)-. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado. Verdaderamente, el mal físico que nos rodea es tan extravagante como el mal moral que está devastando nuestro planeta. Querámoslo o no, nuestro planeta ha llegado a ser un teatro de lo absurdo. Si somos genuinamente honestos con nosotros mismos, con otros y con las Escrituras, debemos admitir que nuestras explicaciones son deficientes en cuanto a convicción y persuasión. El mal es un enigma que desafía toda explicación.

Cuando Dios llora

Alicia se encuentra todavía confinada en el hospital. Su fiebre se intensifica. Su infección es imposible de controlar. La quimioterapia todavía la mantiene balanceándose al borde de la vida.
¿Pero qué pasa con el Dios de la Biblia? ¿Dónde está él en este momento de trágico sufrimiento? ¿Qué está haciendo? Se nos proporciona una pista en la experiencia de María y Marta cuando murió su hermano Lázaro. ¿Dónde estaba Jesús? Lo encontramos frente a la tumba de Lázaro. Y “Jesús lloró” (Juan 11:35). A la entrada de la tumba de Lázaro, Dios -en la persona de Jesús- se unió a María y Marta en su dolor para llorar con ellas.

Encontramos la misma situación en el Antiguo Testamento: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:6). Isaías relata que “en toda angustia de ellos él fue angustiado” (Isaías 63:9). Jeremías relata la misma respuesta de parte de Dios: “Por tanto, yo aullaré sobre Moab; sobre todo Moab haré clamor, y sobre los hombres de Kir-hares gemiré. Con llanto de Jezer lloraré por ti” (Jeremías 48:31,32).

Nuestra condición de hallarnos en medio de la adversidad no sólo conmueve a Dios, sino que también nos anima para descargar “toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Y Pablo es enfático al decir: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38, 39).

La enfermedad de Alicia no implica que Dios la haya abandonado. En su dolor ella no debe preocuparse de que Dios no la quiera. Cuando Alicia sufre, Dios mismo derrama lágrimas. Esto es alentador, pero, ¿es todo lo que Dios hace? ¿Es él un Dios compasivo pero impotente, que retuerce sus manos en frustración mientras llora con conmiseración? ¡No! Volvamos al caso de María, Marta y Lázaro… “Quitad la piedra”, dijo Jesús (Juan 11:39). Después de una breve oración, Jesús, el Dios encarnado, ordenó: “Lázaro, ven fuera” (versículo 43). Y “el que había muerto salió” (versículo 44). Dios hizo más que derramar lágrimas. El venció la muerte y trajo alivio al dolor.

Nuestras aflicciones conmueven a Dios, lo conmueven emocionalmente pero también lo impelen a mostranos su propósito. No siempre podemos ver la evidencia de su poder en el momento del desastre, la enfermedad y la muerte. En su lugar meramente presentimos sus lágrimas. No obstante, el Nuevo Testamento pone en claro el propósito de Dios. Finalmente Dios hará nuevas todas las cosas. (Apocalipsis 21:5). Un día, “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas pasaron” (versículo 4). Me gusta imaginar que cuando Dios enjugue las lágrimas de nuestros ojos, una vez más frotará suavemente también los suyos. Entonces el Dios que lloró, arrojará su divino pañuelo para siempre.

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LA VIDA – Entendiendo realidades

En medio del loco derrotero de esta vida houstoniana, corriendo de un lado para el otro, robándole cada minuto a cada hora, y aun así pareciera ser que las veinticinco horas del día -sí, dije 25- no nos alcanzan. El engaño de las riquezas y la tecnología, que se suponía que nos permitirían optimizar nuestro tiempo y dedicar más espacio a los que amamos, nos entrampa con muchas más ocupaciones que las que teníamos antes.

Ni un momento para detenernos a reflexionar, a observar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi propósito en esta vida? ¿Qué impacto verdaderamente positivo -más allá de mi aporte económico- he tenido en mí mismo y en los que amo? ¿Qué he hecho en estos últimos quince, veinte, treinta años, además de sacrificar mi vida por un negocio o un empleo que en realidad me ha dado tantas preocupaciones como ganancias?

¿Qué has hecho tú por ti mismo, por tu íntimo desarrollo, fuera de comprar ropa, joyas y relojes cada vez más costosos, y que ni por un instante cambian la realidad que ves cada mañana cuando te encuentras frente a tu verdadero “yo” -aquel que nadie más conoce, posiblemente ni aún tu pareja- cuando te miras al espejo antes de vestirte y maquillarte, para recordarte cuán rápida e inexorablemente corres hacia el fin de tu camino?

No te sientas del todo mal. Todos pasamos por el mismo dilema, aunque como dice el dicho, “mal de muchos es consuelo de tontos”. Tarde o temprano -algunos demasiado tarde o quizás nunca-, todos nos hacemos estas preguntas. El problema no es si nos cuestionamos o no. El problema son las respuestas. Generalmente nunca llegan, porque preferimos evadirlas, o estamos tan ocupados atendiendo lo “urgente”, que dejamos a un lado lo “importante”. “Mañana”, pero mañana nunca llega, y así se nos pasan de largo los valiosísimos momentos, los meses, los años, hasta llegar a descubrir que ya es casi demasiado tarde para hacer algo significativo.

¿Es realmente esto lo que esperábamos que sería nuestro paso por este mundo? Francamente… ¿es este el cumplimiento de tus grandes sueños? Olvídate de tu cuenta bancaria, de tus autos y de tus casas y negocios, que al fin y al cabo bien sabes que nada te llevarás contigo. ¿Es esto lo que imaginaste que sería tu vida?

Con frecuencia, respetuosamente pienso en Carlos Slim, quien con toda su riqueza y poder no pudo hacer nada para evitar que se le fuera de las manos la esposa amada, y que con ella se iba su vida misma. ¡Qué no hubiera dado él, hasta su fortuna misma, por retenerla a su lado!

Este no era el plan que Dios tenía para nosotros. En lo absoluto no lo era. La idea era vivir para siempre -si es que eres capaz de concebir algo semejante-, y vivir en abundancia; eso es lo que él tenía en mente para nosotros.

Siempre ha sido mi fascinación el estudio de la mente Divina por medio de la Biblia, porque solamente en ella he podido hallar respuestas reales y lógicas. No la lectura casual y desinteresada, sino el estudio profundo que pueda ofrecerme el conocimiento del Dios creador y sustentador que en ella se manifiesta. Y lo primero que entendí es que este libro no es un libro más. La Biblia, por su mismo origen, guarda en sí misma una fuerza sobrenatural, una sabiduría que trasciende ampliamente la humanidad y un poder capaz de lograr lo que creías imposible. Este extraordinario libro encierra los secretos que generaciones de científicos y genios del pensar humano se desvelaron toda una vida por descubrir, y nunca hallaron, a pesar de tenerlos tan al alcance.

Dice el mismo Dios de sí mismo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8, 9). Y sin embargo, a pesar de esa gran distancia en el nivel de pensamientos, Dios baja a nuestra altura y nos habla en un idioma que podemos entender.

La Biblia guarda los secretos más extraordinarios jamás revelados al hombre, y tiene la respuesta a todas las preguntas más relevantes que jamás puedas hacerte acerca de la vida, y también la muerte, el tiempo y la eternidad, el pasado, el presente y el futuro del mundo y del universo, el bien y el mal, la creación del hombre y de todas las cosas, el matrimonio y la familia, la felicidad, la vida en otros mundos, el infierno, la vanidad de las riquezas, y cientos de temas más de tremenda importancia.

Y al descubrir estas maravillosas verdades, entendemos al mismo tiempo la mente de su Autor divino, y terminamos descubriendo que Dios es un ser amante y maravilloso, profundamente interesado en ti, en tu vida, en tu bienestar y en tu futuro.

Entender la Biblia y conocer a Dios no está reservado a un grupo selecto de sabios, sacerdotes y teólogos. Es mi pasión el ahondar en el conocimiento de Dios a través de su Palabra, y quiero ponerme a tu disposición para compartir este conocimiento contigo. Siéntete libre de llamarme o enviarme un email. Va a ser un placer escuchar de ti: publisher@houstonlatinos.com – 713.758.0550.

 

Reflexión

El notable incremento en los terremotos y desastres naturales conforman claras señales enviadas por Dios de la aproximación del gran terremoto que marcará la apertura del 7º sello de Apocalípsis capítulo 8.

Que nadie crea ni por un instante que estas cosas son resultado de los caprichos de la naturaleza. Dios se vale de instrumentos naturales para hacerle saber al hombre que su tiempo se está acabando rápidamente. Y esto es enfáticamente presentado en los libros proféticos de la Biblia.

Es un hecho claramente reconocido que Dios va abriendo el entendimiento de sus hijos a las Escrituras según el momento histórico por el que pasa la humanidad, basado en su necesidad de entender ciertos pasajes de la Biblia.

Por ejemplo, el libro de Daniel es cerrado y sellado, y por ello el angel le dice” “Anda Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. Aun y con todo el tremendo conocimiento que Daniel tenía de Dios y de sus misterios, él no podía entenderlo todo, porque Dios lo había velado. Ciertas cosas que él vio en visión no eran verdad “presente” para su tiempo, y por lo mismo, no las podía entender. Por ello encontramos a Daniel en varias ocasiones pidiéndole al angel que le explicara estas cosas que él no podía entender (ver Daniel 12:4 y 8 al 10).

Lo mismo es verdad para la iglesia durante todos los tiempos. En los días de Jesús, aunque había mucho mayor conocimiento que en tiempos de Daniel 600 años antes, todavía mucho de la Escritura no era comprendido. Igualmente es esto cierto en el nivel de conocimiento en 1790, comparado con el conocimiento en 1840, apenas 50 años más tarde. Y ni qué decir del conocimiento en 1840 comparado con el de 1920, apenas dos generaciones más adelante.

Hoy, ya en 2014, mucha nueva luz ha sido derramada sobre el pueblo de Dios, y aquellos que toman un interés en entender las Escrituras y las profecías. Hoy, TODOS, tanto ministros como miembros laicos de las iglesias, tenemos la responsabilidad de mantenernos constantes en el estudio y actualización de lo que Dios va revelando a sus hijos. Lo que los ministros aprendieron en la universidad o el seminario hace 10, 20 o 30 años atrás no es suficiente. Esa información es en muchos casos anacrónica y desactualizada.

Están sucediendo acontecimientos muy asombrosos y anormales en el mundo, como terremotos (todas las semanas se registran en lugares extremos y opuestos de la tierra), tsunamis, meteoritos, tornados y huracanes (o tifones), conflictos armados, un papa que renuncia a su cargo y es reemplazado por el primer papa jesuita, americano e Hispano en la historia de la iglesia; degradación moral extrema, asesinatos por doquier, muchachitos casi niños portando armas y matando sin escrúpulos en las escuelas, cambios climatológicos extremos, por mencionar sólo un puñado de cosas que hemos visto tan solo en 2013, son cosas que claramente y a gritos nos muestran que algo grande y catastrófico está a punto de suceder. Todo el mundo está entendiendo esta realidad.

El espantoso y devastador tifón en las islas Filipinas debiera de dar de por sí solo una fuerte señal de alarma de que algo de magnitudes catastróficas mundiales está por acontecer.

Las profecías de Daniel 12 y Apocalípsis (muy especialmente del capítulo 8 en adelante), deben ser estudiadas y entendidas por cada uno de nosotros. De no ser así, vamos a ser sorprendidos como lo fueron los judíos en Jerusalén en el año 70, cuando por no poner atención a las palabras de Jesús, fueron muertos horriblemente, y lo peor de todo, posiblemente en su gran mayoría sin esperanza de salvación eterna. ¡Qué tragedia! Si tan sólo hubieran puesto atención a las palabras de Cristo y sus advertencias, su destino hubiera sido tan distinto, como lo fue el de aquellos cristianos que sí obedecieron y huyeron de la ciudad cuando vieron las señales anunciadas por el Señor.

Que Dios mantenga en nuestro corazón un profundo deseo de estudiar su Palabra en este momento histórico de profunda reflexión. Si tal es tu deseo y deseas entender el desarrollo profético que está pasando ante nuestros ojos, y que claramente anuncia el regreso inminente del Señor Jesús, te invito a que me llames para compartir contigo o tu iglesia el mensaje solemne de la profecía Bíblica. El libro de Apocalípsis está lleno de verdades tremendamente actuales e importantes para tu futuro y el de tu familia que debes entender hoy. Puedes llamerme al 713 793-6353.

 

El Debate del Siglo XXI

El fascinante poder de las tradiciones humanas:
Análisis de uno de los temas más debatidos del siglo XXI.

Por Martin Gondra

Increíblemente, y como es normal en el ser humano, hacemos infinidad de cosas sin detenernos a analizar qué es lo que estamos haciendo, ni por qué lo estamos haciendo. Simplemente lo hacemos porque así lo aprendimos. A menudo desde niños –cuando uno no tiene el derecho ni la capacidad para cuestionar nada-, vemos que nuestros padres y abuelos lo hacían, y la tradición se refuerza aun más cuando vemos a todos a nuestro alrededor caer en el mismo círculo vicioso y hacer todos por igual una misma cosa, sin que nadie se detenga a pensar en ello.

Y es allí, cuando tomamos un momento para analizar y comenzamos a preguntarnos las cosas, que extraordinarias revelaciones comienzan a aparecer delante de nuestros ojos.

Sin duda una de las más fascinantes es ¿De dónde salió esta semana de siete días? ¿Por qué siete días y no cinco, seis o diez?

Todos los períodos de tiempo aceptados y usados por el hombre de manera universal y cotidiana están basados en explicaciones lógicas y científicas de la astronomía: El día de 24 horas es el tiempo que la tierra demora en dar un giro o rotación completa sobre su propio eje meridiano. En realidad, demora exactamente 23 horas, 56 minutos y 4 segundos. El mes es el tiempo aproximado que la luna demora en dar una vuelta alrededor de la tierra. El año, por su lado, es el tiempo que la tierra demora en dar una vuelta completa – o traslación – alrededor del sol. Este fenómeno astronómico demora exactamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45.25 segundos. Es por ello que cada cuatro años debemos agregar un día al mes de febrero (normalmente de 28 días), para compensar por el exceso de casi 24 horas exactas que se acumula cada 4 años (5 h, 48 m, 45.25 s X 4).

La semana, curiosamente, no tiene ninguna explicación astronómica. ¿De dónde entonces salió el ciclo semanal? ¿Por qué una semana de 7 días? ¿Por qué no de 5, 6, 10 o de 12 días?

Dios mismo fue quien decidió que la semana fuese de 7 días, cuando al crear el mundo y todo lo que hay en él en 7 días, allí mismo estableció el ciclo semanal, tal y como está claramente registrado en la Biblia: ”Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” – Génesis 2:1-3

Desde hace aproximadamente 6000 años que existe el registro de la creación del mundo, y hasta la fecha, la semana ha permanecido intacta. Ni una sola vez este ciclo de siete días ha sido quebrantado.

Los historiadores han intentado rastrear los orígenes de la semana y han alcanzado llegar hasta tiempos inmemorables como las antiguas civilizaciones babilónica, india, persa y romana, entre otras, pero obviamente llegan hasta donde los simbolismos de la escritura comenzaron a existir. Estos registros muestran que el ciclo semanal de siete días no es necesariamente hebreo. Y en realidad no es de extrañarse que existan registros de la semana en culturas tan distintas y tan antiguas, porque en última instancia toda la raza humana desciende de la misma primera pareja de seres humanos, creados en la misma primera semana, y la costumbre de reconocer los siete días de la semana se pasó y propagó por toda la faz de la tierra de generación en generación y de raza en raza, hasta nuestros días.

Es muy interesante notar como lenguas antiquísimas, como por ejemplo la griega, aún hoy en día siguen llamando a los días con el número de su orden, con la excepción del primer día o “kyriakí“, y el sábado o “sávato“, mientras que a los demás días llaman por su número, comenzando por el lunes o “segundo día”. El viernes se llama “paraskeví“, o “día de preparación”, que es el día que desde la antigüedad se emplea para hacer los preparativos para guardar y honrar el séptimo día del “sávato“.

En Brasil y Portugal, con el portugués, al igual que en otros idiomas, ocurre lo mismo. El domingo es “domingo”, pero el lunes es “segunda-feira”, el martes “terca-feira” y así hasta el viernes o “sexta-feira”, para terminar con el séptimo día o “sábado”. En árabe también se numeran los días de 1º a 6º, excepto el sábado. Y por supuesto los hebreos, que han preservado el orden bíblico escrito desde 1500 años antes de Cristo, numeran los 6 días (1º, 2º, 3º, etc.) y terminan con el séptimo día o “shábat” (sábado).

Tanto fue la intención de Dios de presenvar el séptimo día de la semana como un día especial, santo, dedicado para un uso sagrado, que lo incluyó como parte de los Diez Mandamientos. Este es otro punto donde la tradición nos lleva a hacer cosas como honrar eo domingo que no aparece en ninguna parte de las Sagradas Escrituras como santo, haciendo a un lado el sábado del 4º mandamiento, que dice así:

“Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es sábado para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día sábado y lo santificó.” – Exodo 20:8 y Deuteronomio 5:12-15

Está claramente establecido que la semana de 7 días existe desde que existe el mundo, y Dios la ha preservado intacta por todas las edades. Y no es de sorprender que así sea, porque ”Dios bendijo al séptimo día y lo santificó” (Génesis 2:3), y de la única forma que el séptimo día podría preservarse bendecido y santo por los siglos es que el resto de la semana se mantuviera intacto.

Es por ello que la Biblia afirma en Isaías 66:22, 23, hablando de la eternidad cuando Dios establezca su nuevo reino, que ”como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.” Si Dios planea preservar la santidad del sábado por la eternidad, entonces obviamente no puede ser interrumpido en ningún momento.

La Ley de Dios es eterna, y el sábado de la semana de siete días de su Cuarto Mandamiento, también lo es, y seguirá siendo guardado y honrado por las edades sin fin.

El domingo fue introducido a la cristiandad por el emperador romano, Constantino el Grande, el 7 marzo del año 321, y luego corroborado en el Concilio de Nicea en el 325, y posteriormente en el Concilio de Laodicea.

El Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, artículo: ‘Domingo’, dice: “El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observancia del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior del año 425 prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del sábado judaico.

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Emperador Constantino “El Grande”, quien cambió la santidad del día de reposo del sábado del cuarto mandamiento (vea Exodo 20:8 y Deuteronomio 5) al “Día del Sol” (Sun Day) pagano de Roma en el año 321. Este cambio fue adoptado por el papado y siglos más tarde heredado por todas las iglesias protestantes.  Esta tradición se conserva hasta la fecha por la vasta mayoría del mundo cristiano.

 

La enemistad generalizada en Europa y Asia contra el judaísmo facilitó que la cristiandad ya paganizada aceptara sin objeciones este cambio a fin de no ser confundidos con los judíos y los cristianos provenientes del judaísmo al guardar el mismo día de reposo. Recordemos que los cristianos salieron con Cristo y los apóstoles de los judíos, y por lo tanto tenían casi exactamente las mismas tradiciones y costumbres nacionales, por lo que era difícil distinguir unos de otros.

Aunque no puede precisarse con exactitud su fecha (se calcula que se llevó a cabo entre el 343 y el 381) el Concilio de Laodicea fué otro fuerte empuje hacia el cambio en el día de reposo; el Canon 29 lee así: “Los cristianos no judaizarán y estarán ociosos el sábado, sino que trabajarán en ese día; pero honrarán especialmente el día del Señor, y, siendo cristianos, no trabajarán, en lo posible, en ese día. Si, de cualquier modo, se los hallare judaizando, serán excluídos (excomulgados) de Cristo.” – Carlos José Hefele, en A History of the Councils of the Church (Una Historia de los Concilios de la Iglesia), tomo 2, ed. Inglesa, 1896, pág. 316.

Curiosamente, en varios idiomas incluyendo el inglés, el domingo continúa llevando hasta la fecha el nombre de “Día del Sol” (Sun-day), tal y como lo honrara el paganismo romano.

Cristo, que muy bien entendía el efecto de la costumbres y tradiciones humanas, dijo: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” – S. Mateo 15:7-9

Para un estudio más profundo acerca del sábado y el domingo, visita www.ElSabado.org.

Si tienes preguntas acerca de este artículo, envía un email a Publisher@LaBibliaEterna.org.

Para conocer acerca de otros estudios de la Biblia, visita www.LaBibliaEterna.org.

 

¿Es la Biblia aún relevante en el siglo XXI?

 

Todos los años se escriben y publican decenas de miles de libros, muchos de los cuales incluso se convierten en “Best-Sellers”. Sin embargo, La Biblia es, aún y muy especialmente en la década de 2010-2020, la única fuente legítima de explicaciones y respuestas válidas a los estremecedores acontencimientos que están sacudiendo al mundo. De hecho, la Biblia misma anunció y predijo con exactitud y detalles escalofrienantes los sucesos que están ocurriendo a nuestro alrededor, y los que se avecinan.

La Biblia dice de sí misma que es “eterna”, y que es inspirada por Dios. Y si bien es cierto que fue escrita por hombres guiados por la mente infinita del Creador –excepto los 10 Mandamientos que fueron escritos personalmente por la misma mano de Dios (Exodo 31:18, 32:16 y 34:1)-, no existe en toda la Biblia un solo concepto, una sola enseñanza, un solo pensamiento, una sola frase, que no lleve el sello de la Divinidad, y esto la convierte en una obra que trasciende el tiempo, las culturas, las nacionalidades y los idiomas.

La Biblia esconde los secretos más extraordinarios jamás revelados al hombre, y tiene la respuesta a todas las preguntas más relevantes que éste pueda hacerse acerca de la vida y la muerte; el orígen del mal y el sufrimiento; el pasado, la realidad presente y el futuro; el bien y el mal; la existencia de un mundo espitirual; el destino del mundo y del universo; el tiempo y la eternidad; la creación del hombre y de todas las cosas; la vida en otros mundos; el matrimonio y el hogar; las relaciones entre las personas; la justicia, la paz, el gozo y la felicidad; la virtud y la debilidad; la salud; los alimentos; la ciencia verdadera; la muerte y el infierno; las riquezas; y cientos de miles de temas más de tremenda relevancia.

Y al descubrir las maravillosas verdades de la Biblia, entendemos al mismo tiempo la mente y el carácter de su Autor divino, y terminamos descubriendo que Dios es un ser maravilloso y profundamente interesado en ti, en tu vida, en tu bienestar, y en tu futuro.

Entender la Biblia no está reservado a un grupo selecto de sabios, sacerdotes y teólogos. Dios reveló los más profundos misterios para beneficio de todos los seres humanos, y todos podemos entenderla. La Biblia dice que “el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no se perderá” (Isaías 35:8). Esto quiere decir que la revelación puede llegar con claridad a cualquier mente que la busque.

Permítenos presentarte un análisis objetivo, profundo y claro de las increíbles revelaciones de la Biblia, sin ninguna tendencia religiosa ni personal. En LaBibliaEterna.org vas a poder encontrar la revelación y respuesta a muchas de tus preguntas, tal y como fueron dada por Dios en la Biblia, sin ninguna opinión subjetiva ni caprichosa. Aquí descubrirás poderosas verdades, las cuales podrás verificar con tu propia Biblia, y sacar tus propias conclusiones.

 

Y si deseas un estudio personal en tu casa con tu familia o amigos, llama al 1-800-326-4998.




















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