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Principles of Positive Discipline

Policy makers, educators, child rights activists, and researchers from 21 different countries including the United States, England, France, Israel, Ethiopia, Australia, and New Zealand, recently gathered in Dallas for “The Global Summit on Ending Corporal Punishment and Promoting Positive Discipline”.

Dr. George Holden of Southern Methodist University organized this conference, the first ever to bring together internationally recognized experts from diverse fields to promote awareness of child rights, the negative consequence of using corporal punishment (e.g., spanking and other forms of physical discipline), and ways of encouraging positive discipline in homes and schools.
Dr. Elizabeth Gershoff, Co-Chair of the Summit’s Organizing Committee and a professor at The University of Texas at Austin, summarized the results of many studies examining the negative effects of corporal punishment of children. She asserts “until researchers, clinicians, and parents can definitively demonstrate the presence of positive effects of corporal punishment, including effectiveness in halting future misbehavior, not just the absence of negative effects, we as psychologists cannot responsibly recommend its use”. Careful review of the research literature provides a clear picture: there are no positive effects of such punishment, only negative effects.
Gershoff acknowledges that discipline is one of the most challenging tasks of being a parent. Given that very few parents receive formal training on how to discipline their children effectively, they primarily learn “on the job” or default to using the strategies their parents used. Gershoff laments, “this unfortunately means we sometimes use discipline methods that are familiar but not effective”, such as corporal punishment. This brings us to the important question of what constitutes effective, positive discipline that can teach children acceptable behavior.
Drawing on the research literature as well as years working with children, Gershoff outlines four main principles of effective positive discipline.
1. Guide, not punish. Punishment can teach children what not to do, but it is even more important for parents to teach their children what to do.
2. Focus on the positives. Building a strong relationship with your child is the cornerstone of effective discipline.
3. Be prepared. Let your child know what type of behavior you expect in different situations.
4. Be consistent. Children appreciate consistency – create fair consequences, share these with your child, and implement when needed.

Violencia Doméstica

La violencia contra la mujer en el círculo del hogar se practica en forma generalizada, sin importar el grupo étnico o racial ni la condición económica o social. Debemos resaltar el hecho lamentable de que los hispanos hemos heredado en nuestros países de orígen este horrible rasgo de “machismo latino”, y somos quizás los Número Uno en maltratar a nuestras mujeres. Lo que sucede es que la mujer hispana está acostumbrada a soportar sumisa este tipo de abusos, y por ello aún no se echa de ver en la luz pública esta realidad vergonzosa. Como sea, este problema ha conducido a la búsqueda de razones que, a través del estudio y el análisis, puedan echar luz y proporcionar esperanza a las mujeres víctimas de éste problema.

Se han hallado explicaciones sicológicas como el masoquismo de la mujer que decide permanecer al lado del hombre que la maltrata porque pareciera disfrutarlo inconscientemente; culturales, porque así lo aprendimos en casa de nuestros padres, donde la mujer es la sirvienta y el hombre el patrón; sociales, porque simplemente imitamos a nuestro padre que golpeaba a todos los miembros de la familia, y muy especialmente a la esposa, como muestra de que él es el número uno dentro del poder jerárquico familiar; y hasta religiosas, donde el hombre debe mantener su papel histórico de patriarca y la mujer de subordinada.

Lo cierto es que, no importa qué justificación querramos darle a este fenómeno, la realidad es muy cruda y sencilla: el hombre le pega a la mujer porque ella no tiene fuerza para defenderse. ¿O acaso ha sabido usted de algún caso en que sea la mujer la que abusa físicamente del hombre? Es cierto que hay mujeres que no se dejan, y si su esposo las golpea, ellas le devuelven el doble. ¿Pero ha sabido usted de algún hombre que – pobrecito – sea una víctima constante del abuso físico de su esposa? Pues en realidad sí, ha habido casos, pero comparativamente, son mínimos y muy aislados. No importa cuán feo suene, no importa cuánto quiera el hombre justificarse y disculparse, no importa cuánto quiera el hombre echarle la culpa de sus abusos a su esposa, lo cierto es que el hombre le pega a su mujer porque es un enfermizo abusador, y un cobarde. ¿Cuántos hombres conoce usted que le cuentan a sus familiares, o a sus amigos, o a sus vecinos, que le dan una paliza a sus esposas todas las semanas? Por supuesto, ni uno.

Esto prueba solamente una cosa: lo que hacen no está bien, y ellos lo saben muy bien, y saben tambien que no importa cuánto los provoque su esposa, no tienen justificación para pegarle, y mucho menos para hacerlo regularmente. Saben muy bien que nadie aprobaría su conducta, por ello deben mantenerlo en secreto, y así hasta amenzan a su esposa y a sus hijos para que también lo mantengan en oculto. Un hombre puede llegar a tener muchos defectos vergonzosos, pero nada es tan despreciable como valerse de la fuerza física para someter a una mujer, o maltratar a niños o ancianos indefensos. Aunque hayan muchas explicaciones que parecieran querer desvirtuar esto, lo cierto es que en los Estados Unidos un hombre que termina en corte por violencia doméstica, en el 99% de los casos no es enviado a ver a un sicólogo, ni a un hospital siquiátrico; sencillamente lo ponen en un programa de “anger management” (control del enojo) de apoyo para personas con este problema durante un año o más y ya estuvo. Solo si el caso incluye abuso o heridas severas, puede tener que pasar algún tiempo encerrado en la cárcel.

Todos acordamos en que el abuso a una mujer no es bueno, ni es legal. ¿Por qué, entonces, tantas mujeres permanecen calladas y soportan esta situación? En muchos países latinos el abuso a las esposas es considerado una cuestión familiar, privada, donde las cosas deben arreglarse privadamente, y por ello el hombre puede salirse con la suya y cometer cuanto atropello quiera. Pero en este país, desde la década de los 70 ha sido reconocido como delito el maltrato de la mujer, aún dentro del seno del hogar, y cada vez es menos tolerado. Sin embargo, muchísimas mujeres, particularmente las hispanas, por su trasfondo cultural, continúan soportando el maltrato. Permítame mencionar algunas de las razones para este fenómeno de tolerar el abuso:

1- Miedo a lo que pueda pasar
La mujer está tan aterrada de su esposo que teme hacer nada en lo absoluto. Tiene miedo a las represalias que este pueda infligirle a ella o sus hijos.

2- Dependencia económica y emocional
“¿Que haré si lo dejo?” -“Aquí no tengo familia adonde acogerme” -“No sabría donde ir” -“¿A dónde voy a ir a parar con mis hijos?”

3- Complejo de inferioridad
La mujer se cree inferior al hombre, y por lo tanto debe soportar lo que él quiera hacer con ella.

4- Justificación
La mujer justifica y disculpa a su esposo, y así minimiza su culpa. Cree que va a cambiar, y quiere darle otra oportunidad, creando un círculo vicioso que nunca termina y cada vez se agrava más.

5- Aislamiento
Ella cree que es la única que sufre esta violencia, y se siente sola y desamparada: “Nadie tiene mi problema, nadie me va a creer o a entender.”

6- Falta de conocimiento de sus opciones
La mujer quiere romper con el yugo de un hombre abusador, pero quizás no sabe inglés, o no tiene idea de quién la podría ayudar, no sabe a quién acudir. Desconoce sus derechos en este país y por lo mismo no se atreve a ir con las autoridades pues teme que por ser ilegal la puedan deportar (en realidad una mujer víctima de violencia doméstica recibe amparo inmediato y tiene la oportunidad de legalizar su situación migratoria como víctima de un crímen). No se atrve a ir con un familiar o vecino, por temor a que le digan a su esposo y las cosas sean peores aún.

Por su parte, el hombre violento y abusador tiene los siguientes rasgos: 

1- Manifiesta celos enfermizos El hombre abusador justifica su sentido de inferioridad y celos diciendo que son producto de su amor profundo por su esposa.

2- Siempre se justifica Siempre le echará la culpa a su esposa, aludiedo que ella es la que por una razón u otra lo empuja a reaccionar de manera violenta. El es más bien la víctima de su esposa y las circunstancias, nunca el victimizador.

3- Tiene expectativas irreales Espera que su esposa sea una perfecta ama de casa, madre, amante y amiga.

4- Aísla a su víctima El hombre abusador no quiere que se sepa lo que está haciendo en su hogar, y para ello procurará ahuyentar a las personas allegadas a su esposa, especialmente cuando él no está presente, para controlar la situación y vigilar lo que ella pueda decir.

5- Es cruel Manifiesta una conducta despiadada con todos aquellos inferiores a él en la casa, incluyendo niños y animales. 5- Abusa verbalmente No tiene nigún respeto por su esposa. No sólo la maltrata físicamente, sino que además le grita, insulta y abusa por todos los medios.

6- Es amenazador Aterroriza a su esposa con amenazas. Rompe y tira objetos, al punto de que ella vive aterrorizada por su propia vida y la de sus hijos. El daño colateral sobre sus hijos Cuando un hombre es violento con su esposa, generalmente lo será también con sus hijos pequeños indefensos. Sin embargo, es posible que en algunos casos no sea así. No obstante, ni por un instante crea que aunque solamente la mujer sea la víctima directa de golpes y abusos, sus hijos salen iilesos. De inguna manera.

Usted no puede ni comenzar a imaginar el tremendo daño que es para ellos simplemente observar o escuchar como su padre golpea y maltrata a su madre. Su pequeña mente inocente está siendo desequilibrada y trastornada, y los frutos de esto no tardarán en verse en adolescentes rebeldes, con tendencias criminales y hacia las drogas, con sentimientos de culpabilidad e inferioridad, y con la marcada tendencia a repetir lo mismo que aprendieron en casa, ahora en sus propios hogares. Es una verdadera tragedia ver como los actos violentos de un hombre pueden acarrear consecuencias devastadoras no solo en su esposa, sino en sus propios hijos y las familias de éstos por generaciones.

Qué Hacer

No hay duda que tanto el abusador como la abusada necesitan ayuda experta, pero siendo que la mujer es ampliamente la más perjudicada en una situación de violencia doméstica, ella es quien con más urgencia debe actuar, por su bienestar físico, mental y emocional, y por el de sus hijos – si los tiene -. Ante esta situación de temor, confusión y agobio, la mujer debe tomar la determinación de tener compasión consigo misma y con sus hijos y acudir a una tercera persona de confianza o a un profesional. Nunca acuda a un matrimonio amigo de su esposo que en su interés de querer ayudarla puedan ir a él y así hacerle saber que usted está ventilando su problema. Recobre el control de su vida. Infórmese. Hay agencias especializadas en tratar con mujeres con problemas idénticos al suyo.

Estas agencias tienen personas que hablan Español, latinas iguales que usted. Estas agencias no tienen nigún interés en su estado migratorio; son patrocinadas por fondos especiales y no le cobrarán un centavo por su asistencia. La ley federal de los Estados Unidos no solamente proteje a una mujer o niños maltratados, sino que adicionalmente ofrece programas de ajuste migratorio, al ser víctima de un crímen. Adicionalmente, le proporcionarán alojamiento gratuito a usted y a sus hijos en un lugar donde su esposo no pueda hallarla, y proveerán para todas sus necesidades y las de sus hijos mientras usted vuelve a recobrar su estima propia y el control de su vida.

O si usted lo prefiere, hasta pueden reubicarla en otra ciudad o estado donde él ya no pueda volver a encontrarla. La decisión será suya. Estas agencias pueden también ayudar a su esposo para que siga un tratamiento profesional que resuelva su problema de agresividad. Encubrir su problema puede llevarlo a hacerle daño, si no a usted, a otra persona, y eventualmente causar lesiones severas e irreversibles, tanto físicas como sicológicas, y que hasta podrían terminar en la muerte. Tenga también presente que si usted sabe de una persona que está siendo abusada – puede ser un hijo o hija, un anciano, una hermana, un pariente o vecina, o quien sea, – cuando esto salga a la luz, usted puede ser acusada con el cargo criminal de encubrimiento. Con encubrir a un abusador usted no le hace ningún favor a nadie; por el contrario, todos – incluyedo usted misma – pueden salir perjudicados.
Una palabra final: No someta su seguridad – ni menos la de sus niños -, ni su sentido de justicia, a su deseo de perdonar a su esposo. El hecho de que él le pida perdón de ninguna manera garantiza que ha resuelto su problema ni ha cambiado.

Grábese esto en su cabeza: Cuando un hombre abusador pide perdón, el genuino arrepentimiento siempre conlleva dolor por el mal que ha causado, acompañado por un cambio, o por lo menos una clara muestra de que se quiere realizar un cambio (como ir a un especialista o tomar un programa de auto-control), y no repetir el abuso. El hecho de que el acto se sigue repitiendo vez tras vez es la prueba fehaciente de que su “arrepentimiento” no es genuino, sino más bien producto de la emoción de un momento o del miedo a las consecuencias. Por amor a sí misma, por su dignidad, por su respeto propio, y por el amor e interés en el bienestar de sus hijos (ellos son siempre gravemente lesionados emocionalmente con sólo observar el maltrato hacia usted), por favor no siga esperando.

Las cosas NO van a cambiar. Si usted tiene problemas de violencia doméstica, o si sabe de alguien víctima de violencia doméstica, llame a la Linea de Violencia Domestica 713-528-2121, donde le brindarán orientación inmediatamente.

Si su vida o la vida de otra persona se encuentra en peligro, llame inmediatamente al 9-1-1.